De Jesé a Mendieta pasando por Wilander: deportistas con inquietudes musicales

El incendio que asoló el chalet del futbolista del Real Madrid Jesé Rodríguez descubrió una afición del canterano blanco conocida por algunos y que otros deportistas de elite como Gaizka Mendieta, Mats Wilander o Esteban Granero llevan por bandera: la música.
De Jesé a Mendieta pasando por Wilander: deportistas con inquietudes musicales
El delantero del Real Madrid, Jesé Rodríguez, tras marcar un gol en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. EFE/Archivo

Madrid, 28 mar (EFE).- El incendio que asoló el chalet del futbolista del Real Madrid Jesé Rodríguez descubrió una afición del canterano blanco conocida por algunos y que otros deportistas de elite como Gaizka Mendieta, Mats Wilander o Esteban Granero llevan por bandera: la música.

Las llamas que quemaron la casa de Jesé sacaron a la luz las intenciones de la promesa madridista, que se estaba fabricando un estudio de grabación en el sótano. Allí se inició el fuego que afectó a los trabajadores que en esos momentos estaban realizando las preceptivas tareas de insonorización.

Jesé es aficionado al “reggaeton” y forma parte del grupo “Big Flow”, con el que ha llegado a cantar y a grabar un videoclip. Es la pasión de un futbolista que tiene siete meses por delante para ocupar su tiempo con la música. Por eso estaba construyendo un estudio, para saciar su sed artística. Pero no es el único.

Son muchos más deportistas los que tienen una relación estrecha con la música y, alguno de ellos, pueden llegar a ser auténticos melómanos. Es el caso de Gaizka Mendieta, un jugador que deslumbró en el Valencia y que llegó a fichar por el Lazio italiano en la temporada 2001/02 por casi 48 millones de euros.

Detrás de aquel fino centrocampista había un hombre sensible con la música que acapara en su casa miles de vinilos. Mendieta es un amante del rock alternativo y del clásico de los años sesenta y setenta. Grupos como The Doors, Jefferson Airplane o The Rolling Stones están entre sus preferidos de una colección personal de discos impresionante. Ahora, una vez retirado del fútbol, muestra su sabiduría en Inglaterra, donde ejerce como pinchadiscos.

Tampoco se queda atrás el mito del tenis Mats Wilander. El sueco ganó a lo largo de su carrera siete títulos individuales de Grand Slam, pero también tuvo tiempo de cultivar su pasión por el rock. Cambió su raqueta por su guitarra para subirse a los escenarios con el grupo Trey Clark Band, con el que canta y expone al público su gran afición instrumental.

En Internet se puede ver en algún vídeo a Wilander atacando una versión del Knockin’ on Heaven’s Door de Bob Dylan.

Otro que se ha subido a escenarios y que además ha grabado discos es el ídolo francés de la raqueta Yannick Noah, último tenista de su país en ganar un Roland Garros. Lo consiguió en 1983 y, desde entonces, ningún francés lo ha logrado. No pasó inadvertido tras su retirada en 1996. Desde entonces, ha editado nueve discos de “reggae”. Es el Bob Marley del tenis.

Desde Argentina, el mito Guillermo Vilas, campeón de cinco torneos de Grand Slam, también dejó su sello en el mundo de la música y grabó tres discos, “Milunonoventa” (1990), “Dr. Silva” (1992) y “Guillermo Vilas” (1998).

Una mezcla de techno noventero inundó las ondas argentinas en 1990 con su primer álbum. Las críticas “pegaron” fuerte a la obra inaugural de Vilas, que, sin embargo, con letras como la que se puede leer a continuación vendió muchísimo: “Tú eres para mí lo que siempre soñé, tu eres para mí lo que llamo mujer. Caminaba y te vi pasar, me miraste sin poder hablar. En mis ojos yo te quise bien, en los tuyos encontré tu hacer. Desperté y no estabas más, sólo el amanecer”

Volviendo al fútbol, Jesé y Mendieta no son los únicos futbolistas con una relación especial con la música. Un buen ejemplo de ello es Esteban Granero, ex jugador del Real Madrid y ahora en la Real Sociedad, que toca la guitarra y es un fanático de artistas variados como Quique González, Pereza o The Who.

Curiosamente, como él mismo declaró en una entrevista con EFE, tener este tipo de aficiones en un vestuario puede provocar que te consideren un bicho raro: “También me gustan The Beatles, los Stones, Bruce Springsteen, Nirvana… podría decir un millón. Es música que me gusta, pero en el vestuario no me entienden. La pongo y no cala mucho. Pero bueno, es muy personal”, explicó.

Desde el Atlético de Madrid Germán “el Mono” Burgos también tuvo un pasado rockero. Ahora es el segundo entrenador, el brazo derecho de Diego Simeone, pero cuando defendía la portería del conjunto rojiblanco grabó cuatro discos: Jaque al rey (1999), Fasolera de tribunas (2000), Líneas calientes (2002) y Abismos (2005). Su música es como él, inquieta, rabiosa, atractiva. Rock argentino en estado puro.

Casi como una anécdota se puede contar la incursión musical de otros jugadores. Sergio “Kun” Agüero es aficionado a las cumbias y ha llegado a grabar alguna canción. Diego Maradona hizo sus pinitos sin la fortuna que tuvo Andrés Calamaro dedicándole el tema que lleva el apellido del astro argentino.

En el Real Madrid Álvaro Benito ocupó su tiempo en aprender a tocar la guitarra mientras se recuperaba de una grave lesión y su aprendizaje desembocó en el grupo “Pignoise”, de gran éxito en España. Su antecesor fue Julio Iglesias, que una lesión le apartó de la portería madridista para convertirse en uno de los cantantes más famosos del mundo.

También Carlos Tévez se ha atrevido en alguna ocasión con la cumbia villera. Incluso el brasileño Pelé se lanzó a tocar la guitarra en un programa brasileño para mostrar unas dotes ocultas.

El mundo del automovilismo también suma a esta larga lista. El piloto de Fórmula Uno Jaime Alguersuari ocupa su tiempo libre en el arte de pinchar discos. Es DJ “Squire” y tiene un disco en el mercado, “Organic Life”.

La lista es larga y todos han demostrado que el deporte puede ser compatible con la sensibilidad artística. Unos lo hicieron con arte, otros con menos vergüenza pero con mucho atrevimiento. El caso es que Jesé es uno de muchos que disfrutan con la música. Su incendio apagó una pasión que pronto volverá: lo que tarde en construir su deseado estudio de grabación.