La política de asustar

Una urgencia en la frontera con México, como el arribo de los menores de edad, siempre es una oportunidad para sacar provecho político explotando el miedo con conjeturas aberrantes que desafían toda lógica.

Ahora es la amenaza de ISIS, tal como hace poco tiempo atrás fue el ébola. En ambos casos, políticos electos sacan partido de acontecimientos ocurridos en África y el Medio Oriente para relacionarlo a a la frontera con México. Ellos señalaron que la vulnerabilidad mostrada con la llegada de los menores permite que a través de ellas el virus y el terrorismo amenacen a los estadounidenses.

En el caso del ébola, quedó expuesta l ignorancia del congresista Phil Gingrey (R-Ga), quien señaló a las autoridades federales sanitarias que hay reportes de menores con “enfermedades mortales” como el ébola. Ni el haber sido médico salvó al legislador de esta tontería que, a diferencia del virus, es más propagable.

Con respecto a ISIS, la ejecución del periodista James Foley colocó cerca de los estadounidenses la crueldad del Ejercito Islámico de Siria e Irak y de su califato.

El gobernador Rick Perry de Texas entonces aprovechó la ocasión para incluir en su discurso —de precandidatura presidencial— la posibilidad real de que ISIS entre por la frontera con México.

Hay una preocupación con las fronteras abiertas con respecto a ISIS, pero son las europeas. La inquietud es el regreso a su países de los combatientes extranjeros, tal como lo señaló el Jefe de la Junta de Comandantes, el general Martin Dempsey.

El peligro es que agentes de ISIS entren a Estados Unidos con pasaporte y visa. Nadie piensa seriamente que una operación terrorista depende del impredecible cruce como trabajadores indocumentados. De la misma manera, es imposible que un portador del ébola —por una cuestión de tiempo— pueda hacer el recorrido fronterizo para entrar a Estados Unidos.

La estrategia política es la de crear temor, de asustar al electorado con una amenaza externa. Luego se ubica este peligro en la frontera mexicana para que pase a ser un problema migratorio, en el cual se mezclan realidad con mentiras, esterotipos con anécdotas y las cifras son una ensalada. Lamentablemente dentro de esa confusión mal intencionada se hunde la reforma migratoria y se avanzan carreras políticas como en el caso Perry.