El coro que canta la lucha de la minería de carbón española

Santa Bárbara Bendita es himno del Coro Minero de Turón y de todos los mineros españoles. Con el progresivo cierre de las minas, el futuro del coro y de las zonas dedicadas a esa explotación es cada vez menos prometedor.
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Comienza como un susurro, luego un murmullo. Los integrantes del Coro Minero de Turón, en Asturias, elevan sus voces como si fueran el eco desterrado que se acerca desde el fondo de una soterrada galería, para convertirse finalmente en una rima potente, en los versos de Santa Bárbara Bendita.

Ese colectivo de voces antiguas pero muy vivas, presentes y sentidas, regala así esa melodía que nadie sabe bien de dónde salió pero casi todos saben -en España al menos- lo que es: el himno histórico de los mineros del carbón y, por extensión, de muchas de las protestas que el país europeo está viviendo desde que entró en la crisis que ha dejado a un 25% de la población activa sin empleo y a familias sin hogar.

La canción dice: “En el pozo María Luisa… murieron cuatro mineros… Traigo la camisa roja… de sangre de un compañero… Traigo la cabeza rota… que me la rompió un costero”.

Esta letra, la más reciente de varias que ha tenido en el tiempo, habla de un accidente que tuvo lugar a fines de la década del 40, pero todas las versiones siempre han tenido referencias a lo duro de la vida minera. (Puede escucharse en el video que acompaña esta nota.)

El vínculo de esta canción con la agitación social tiene una historia larga.

“Se cargó de significado político durante la Guerra Civil española (1936-39), como himno obrero de lucha armada, e incluso himno anarquista de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo)”, cuenta Maria Encina Cortizo Rodríguez, profesora de musicología de la Universidad de Oviedo.

“Cuando yo era un crío ya la conocía, con otra letra y otra armonización, pero ya la sabía, porque la oía cantar a la gente mayor, a mis hermanos, a la gente por la calle”, me cuenta uno de los miembros del coro, Artemio Fernández Álvarez, quien trabajó en la mina como artillero -dinamitando- entre 1963 y 1992.

Él es de los más viejos del conjunto de Turón, en un grupo donde a pocos se le ven cabellos que no sean canos.

Es un reflejo de lo que está ocurriendo con los pueblos mineros, a medida que decae el empleo, los jóvenes parten, y los pueblos se vuelven grises.

En diciembre de 2010 España acordó con la Unión Europea dejar de subsidiar las minas de carbón no rentables en 2018.

El cese de las ayudas es progresivo -el cierre de explotaciones ya había comenzado aún antes- pero ese acuerdo ha acelerado el proceso.

Es posible que para 2018 casi no quede minería de carbón en el país europeo y que -como ya sucede en buena medida- sus centrales térmicas quemen fundamentalmente carbón importado.

Las tensiones frente a la contracción de la minería llegaron a su punto más alto en 2012, cuando el gobierno decidió acelerar los recortes a las ayudas.

Hubo huelgas que se extendieron durante semanas por las cuencas del norte del país, con cortes de caminos y enfrentamientos con la policía en el monte.

Vea: Mineros españoles no dan tregua

Francisco Lombardía formó parte de esas movilizaciones.

Cuenta que salir a manifestarse era como ir al trabajo: partía de casa todos los días con la botella de agua, el bocadillo (sándwich) y el pasamontañas.

Volvía, agotado, por la noche.

En julio de ese año marchó a Madrid, 500 kilómetros de caminata, para ser recibido junto a cientos de otros mineros por miles de personas en la capital española. A esa movilización se la bautizó como la Marcha Negra. Cuando entraron en la ciudad, todos cantaban Santa Bárbara Bendita.

Francisco Lombardía llora cuando recuerda la escena.

“La he cantado muchísimas veces al lado de mis compañeros en diferentes movilizaciones y celebraciones”, dice.

“Es la bandera (de los mineros), es como el horizonte o la palabra mágica que te une. Como un equipo de fútbol tiene su palabra, o los ‘olé de los toreros’, nosotros tenemos, dentro de esa imagen de duros, de gente brava, de vikingos, tenemos nuestro corazón y lo volcamos ahí, esa es nuestra bandera”.

“A mí a ver si me haces creer en Dios a golpes, sin embargo respeto la figura (de Santa Bárbara)”.

María Albina sí es creyente, va a misa todos los domingos. Tiene 76 años. Es nieta, hija y viuda de mineros. Hace 53 años que se mudó desde Asturias a Ciñera, en León, cuando su marido fue a trabajar allí en la mina.

En su departamento, donde hay fotos familiares, una lámpara minera (“era de mi marido”) y un casco blanco que usa para ir a las marchas, tiene un lugar prominente la estampa de Santa Bárbara.

“No se porta bien, nos tiene un poco (abandonados), tiene que portarse mejor la Santa Bárbara”, dice. Cree que su nieto no podrá ya vivir en el pueblo con ella por la falta de trabajo.

De pie, junto a María Albina, está Nuria Díaz; ambas son parte de la organización Mujeres del Carbón, que establecieron esposas, hijas, vecinas de mineros en 2012 para participar de las protestas y, como dicen ellas, mostrar que detrás de los mineros hay familias y comunidades, que no son sólo esas caras ajadas, esas muñecas con marcas negras, como tatuajes, que les deja el carbón en heridas que se suceden año tras año.

Años… Nuria está desempleada desde hace tres; su marido tuvo que irse a trabajar a Galicia.

“Últimamente”, dice, “(Santa Bárbara) nos tiene muy olvidados, por cómo está la situación de la mina en España, por el problema del trabajo e incluso en esta zona los seis mineros que se nos mataron (murieron por un escape de gas a fines de octubre de 2013)”.

Lea: Seis mineros mueren por accidente en España

Y no es por falta de dedicación de parte de los fieles, dice riendo: “Nosotros cada vez que vamos a alguna concentración le cantamos la canción 14 veces. A lo mejor se cansa de que la cantemos tanto”.

Fidel González Martín es el director del coro minero de Turón.

No es minero, pero lo fue su padre, quien no quiso que siguiera sus pasos por lo peligroso del empleo.

“Él siempre me decía ‘tú nunca entrarás en la mina'”.

Tampoco es que hubiera podido hacerlo fácilmente, porque los puestos en los pozos son cada vez más escasos: en algo más de 20 años la minería del carbón española pasó de contar con unos 45.000 trabajadores a poco más de 3.000.

González Martín tiene la mitad de años que varios de los coristas.

“La media de edad es muy alta. Es triste, pero el futuro es corto, porque no hay renovación, no hay jóvenes”.

Para él, si el coro desaparece, la pérdida será grande. “Para mí el coro lo es todo, y para el pueblo de Turón lo es todo. Es la representación artística de la región”.

Es que los más grandes se quedan, porque pueden vivir de las jubilaciones (ellos sí tuvieron empleo), pero los jóvenes deben partir si quieren trabajar.

Es lo que está pasando en muchas de las poblaciones donde había mina y ya no hay y cuya partida queda marcada en la geografía.

Recorrer el valle de Turón es como andar por una especie de museo vivo, a cielo abierto, en el que se ven castilletes, locomotoras y bocaminas en desuso.

Igual en León, desde donde en una curva de un camino se puede ver una gigantesca pila de vagonetas en desuso, oxidadas; cientos y cientos, cuyo probable destino será la chatarra.

El programa Assignment del BBC World Service emite este jueves el documental sobre la minería española A Song For Spanish Miners (en inglés).

Puede escucharse aquí.