Cuatro diferencias fundamentales sobre Siria entre Putin y Obama

Cuatro diferencias fundamentales sobre Siria entre Putin y Obama
Foto: EFE

Muchas cosas separan a Barack Obama y Vladimir Putin. Y el conflicto en Siria es una de ellas.

De la situación en Ucrania a la guerra en Siria, pasando el tema nuclear y las preocupaciones rusas por los planes de expansión de la OTAN, Barack Obama y Vladimir Putin tendrán mucho para discutir durante su encuentro de este lunes en Nueva York.

Pero si un tema está llamado a dominar el primer cara a cara entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia en casi un año es Siria, pues ambos países todavía están a tiempo de evitar una colisión frontal allí. Y, al menos en teoría, incluso de hacer causa común en contra del autodenominado Estado Islámico.

Efectivamente, en las últimas semanas Moscú ha adquirido un rol cada vez más protagónico en el conflicto sirio, hasta el punto que muchos creen que el Kremlin ya le arrebató la iniciativa a una nerviosa Casa Blanca.

Y el mandatario ruso seguramente utilizará su comparecencia ante Naciones Unidas de este lunes para renovar sus llamados para una mayor coordinación entre ambos.

Putin intentará convencer a Obama de hacer causa común en Siria.

“Será el inicio de un esfuerzo genuino por ver si hay forma de no chocar en el terreno. Pero también por tratar de encontrar un camino efectivo para conseguir una Siria unida, secular, estable y en paz”, fue, de hecho, la caracterización que hizo del encuentro el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry.

Pero Obama y Putin tienen visiones muy diferentes sobre las causas del conflicto sirio. Y, consecuentemente, también sobre la mejor forma de enfrentarlo.

BBC Mundo les resume sus cuatro divergencias principales.

1. El rol de Bashar al Assad

La primera de esas diferencias tiene que ver con Bashar al Assad, un aliado histórico de Moscú, a quien Rusia ve como parte de la solución y EEUU como parte del problema.

Washington está convencido de que el autoritarismo del presidente sirio es una de las principales fuentes de inestabilidad en el país, pues les proporciona terreno fértil a los fundamentalistas islámicos.

Para Putin, Bashar al Assad es parte de la solución. Para Obama, es parte del problema.

Y, por ello, Obama –quien ha acusado al Assad de torturar y asesinar a su propia gente– seguramente le insistirá a Putin que una solución a largo plazo pasa por la salida de su aliado.

El mandatario ruso, sin embargo, siempre ha defendido la legitimidad del gobierno de Damasco, al que acostumbra presentar como baluarte de una institucionalidad que debe ser protegida para evitar un vacío que pueda ser llenado por los islamistas radicales.

Por ello muy probablemente le insistirá a Obama que cualquier discusión sobre una transición política en Siria debe esperar a la derrota definitiva del Estado Islámico.

Aunque todo indica que en la actualidad la posibilidad de un período de transición con al Assad en el poder bien podría ser considerada por ambos mandatarios.

2. A quién apoyar militarmente

La diferencia de posiciones sobre al Assad ha llevado a la Rusia de Putin a apoyar directamente a las fuerzas gubernamentales.

Mientras, además de participar en bombardeos contra EI, Washington se ha dedicado a apoyar a los opositores más moderados del gobierno de Damasco.

Una estrategia que, sin embargo, fue criticada e incluso ridiculizada por el mandatario ruso en vísperas de su encuentro con Obama.

Washington apoya a los rebeldes sirios más moderados. Moscú, a las tropas leales a Bashar al Assad.

“El objetivo inicial (de EE.UU.) era entrenar entre 5.000 y 6.000, luego 12.000, pero al final sólo se entrenaron 60 y sólo cuatro o cinco están realmente peleando“, dijo el mandatario ruso en una entrevista con la televisora estadounidense CBS.

“El resto simplemente desertó con sus armas estadounidenses para donde el Estado Islámico”, agregó, según fragmentos de la entrevista que fueron hechos públicos por el Kremlin.

Y Putin también dijo que “apoyar militarmente organizaciones ilegítimas contraviene los principios del derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas”, por lo que su gobierno solamente apoya “entidades gubernamentales legales”.

La Casa Blanca, sin embargo, cree que el apoyo ruso al ejército sirio hará que al Assad se sienta menos presionado para negociar, lo que podría terminar prolongando el conflicto más de lo necesario.

Y tampoco ha dejado de notar que la “entidades gubernamentales legales” apoyadas por Moscú no solo combaten al Estado Islámico, sino también a los rebeldes moderados apadrinados por Washington.

3. Diferentes aliados regionales

Por lo demás, no es únicamente dentro de Siria donde Estados Unidos y Rusia han elegido diferentes aliados.

En su campaña de bombardeos contra Estado Islámico, EE.UU. ha contado desde el inicio con el apoyo de Arabia Saudita, que comparte con la Casa Blanca el objetivo de derrocar a al Assad.

Rusia, por su parte, sorprendió a todos el domingo al anunciar un acuerdo para compartir inteligencia sobre EI con Irak e Irán, un aliado del gobierno de Damasco.

Y dada la rivalidad regional entre iraníes y sauditas, muchos consideran que más que allanar el camino hacia una mayor coordinación, esto se traducirá en la existencia de dos coaliciones rivales.

Este problema se ve además exacerbado por la decisión rusa de incluir en el acuerdo a las fuerzas de seguridad sirias.

Y el mismo también obligará a Washington a preguntarse por su relación –y la de Moscú– con Irak, otro aliado clave en la lucha contra Estado Islámico.

4. Protagonismo incómodo vs. protagonismo buscado

La mayor diferencia entre Putin y Obama con respecto a Siria, sin embargo, probablemente tiene que ver con la forma en que confrontan su protagonismo en el conflicto.

Estados Unidos parece haberse visto arrastrado al mismo un poco contra su voluntad. Y Obama sabe que un mayor involucramiento en la guerra en Siria puede terminar debilitándolo internamente.

Putin, por el contrario, no tiene ese problema: antes bien, la situación fortalece su imagen de líder capaz de devolver a Rusia el protagonismo internacional perdido luego de la caída de la Unión Soviética.

Obama y Putin

Putin quiere utilizar el conflicto en Siria para mejorar su imagen internacional.

Y ese protagonismo puede además darle réditos más allá del plano local, permitiéndole no sólo conservar parte de su influencia en Medio Oriente, sin ayudándole también a reparar una imagen dañada por la intervención rusa en Ucrania y la anexión de Crimea.

Efectivamente, Estados Unidos puede utilizar un aliado efectivo en la lucha contra el Estado Islámico. Y Putin lo sabe.

Y también sabe que la Unión Europea también está urgida de una solución capaz de detener el influjo de refugiados que llegan desde Siria.

“Muy probablemente Putin va a tratar de utilizar la situación para reducir las sanciones contra Rusia luego de lo de Crimea y hacer que Occidente lo acepte de regreso en el club de líderes mundiales”, le dijo a BBC Mundo Mijaíl Izmailov, de BBC Rusia.

No será fácil. Pero es un claro ejemplo de por qué, en lo que respecta a Siria, Vladimir Putin tiene muchas más cosas que ganar, y menos que perder, que Barack Obama.