San Bernardino con secuelas emocionales por masacre
Para deudos y sobrevivientes el proceso de sanación será lento y doloroso, dice terapista
Unas personas oran frente al altar erguido en la entrada del Inland Regional Center, donde ocurrió el tiroteo en San Bernardino el 2 de diciembre. Crédito: Aurelia Ventura | La Opinión
Las lágrimas que derrama Michelle Rodríguez, una telefonista del Sheriff de San Bernardino, al recordar la masacre de 14 personas muestran las secuelas emocionales que padece esa comunidad.
Rodríguez escuchó disparos cuando guiaba a los policías que perseguían a los sospechosos de asesinar a 14 empleados del Inland Regional Center el pasado 2 de diciembre.
“Me aterroricé, nunca pensé que lidiaría con algo así”, relató Rodríguez en una conferencia de prensa en la que agentes y empleados que respondieron al tiroteo masivo reconstruyeron las escenas de terror.
“Cuando entré al edificio me impactó, ver a las víctimas adentro fue muy duro. Sientes tristeza”, contó Brett Murphy, uno de los primeros policías de San Bernardino que llegaron al centro y que a pasar de los gritos, el llanto, las alarmas y la sangre, debieron enfocarse en la búsqueda de los pistoleros.
“Fue abrumador e irreal”, expresó Scott Snyder, un agente de Fontana que también acudió al lugar.

Lenta recuperación
San Bernardino sigue impactado por el asesinato a sangre fría de 14 personas y la sanación emocional, según un especialista, será lenta y dolorosa, sobre todo para los deudos y los sobrevivientes.
“Tienen un proceso largo porque cada vez que vean las noticias van a regresar (al tiroteo)”, dijo el terapista Edgar Villamarín, quien indica que el proceso de aceptación de estas pérdidas iniciará con los sepelios.
“Cuando se va la gente es cuando nos llega el dolor”, contaba hace unos días Sandra Mendoza, la viuda de Juan Espinoza, una de las tres víctimas de origen hispano en dicha masacre.

Su hijo Jonathan, de 13 años, aún no asimila lo ocurrido. “No capta todavía, no entiende. No sé en su mente qué es morir. Para él su papá no va a venir a la casa”, expresó Mendoza.
La próxima semana, cuando empleados del Departamento de Salud Ambiental regresen a sus labores, también les impactará la ausencia de 15 compañeros, incluyendo el sospechoso del tiroteo, Syed Rizwan Farook.
“Estoy preocupada por la seguridad, porque pienso que algo puede pasar en la oficina”, señaló Laura Ortiz, una empleada del condado de San Bernardino.
Villamarín explica que los sobrevivientes atraviesan por una situación difícil. “La mayoría está con una culpa tremenda, pensando ‘yo sobreviví y tú eres el muerto’”, indicó.

Los policías se enfrentan al Desorden de Estrés Post Traumático (PTSD), que padecen los veteranos de guerra. “De un día normal entraron a una zona de guerra, ver sangre, cuerpos, gritería, pólvora”, dijo el terapista. “Esas memorias se repetirán y afectan el dormir, el comer, el estado de ánimo”, agregó.
Jorge Lozano, un detective que dirigió la evacuación en el Inland Regional Center y cuyo heroísmo se viralizó en la Internet, tardó varios días para contar lo ocurrido. “Fue un momento de locura”, dijo.
La reacción de la gente de reportar a la Policía situaciones que parecerían normales en otro momento también es parte de una paranoia que – según expertos – irá perdiendo intensidad con el tiempo.
“El incidente del miércoles ha tenido un tremendo impacto en la ciudad”, expresó el martes el jefe de la Policía de San Bernardino, Jarrod Burguan. “Todos hemos sido afectados”, agregó.