Criminales se roban a los migrantes entre sí en EEUU para pedir rescate

Después que un grupo de criminales lleva a los inmigrantes más allá de la frontera, otro grupo se los roba para pedir rescate a sus familias, detalla el Houston Chronicle en un amplio reportaje
Criminales se roban a los migrantes entre sí en EEUU para pedir rescate
Si una banda logra entrar con los migrantes a EEUU, es posible que otros criminales se los roben.
Foto: John Moore / Getty Images

CIUDAD DE MÉXICO.– Bandas criminales de Estados Unidos se roban a los migrantes que en su mayoría huyen de la violencia de sus países en Centroamérica para explotarlos como si fueran una mercancía, así lo revelan documentos de una Corte que son citados por el diario Houston Chronicle.

El periodista Dane Schiller escribe en el diario fronterizo que esta práctica consiste en que una banda le roba a otra rival a los migrantes que ha transportado desde sus países de origen por todo México hasta llegar a la frontera con EEUU, en donde piden rescates a sus familiares, quienes viven en ese país sin documentos, situación que les impide acudir a las autoridades norteamericanas.

“Después de que un grupo se ha tomado la molestia y el costo de poder llevar a los migrantes por todo el camino hasta Houston -más allá de la Patrulla Fronteriza, los ladrones, violadores y otros criminales que buscan aprovecharse de ellos durante sus viajes encubiertos- al final otro grupo rival les roba a los inmigrantes, y exige a sus familias pagar unos pocos miles de dólares más. Sólo que el dinero adicional no es un cargo por el contrabando. Ahora se trata de un rescate.”, detalla el Chronicle.

El reportaje da cuenta del caso de María Pérez quien viajó de contrabando desde su natal Honduras hasta la frontera de Texas y de ahí a la ciudad de Houston, donde el vehículo en el que ella se transportaba fue interceptado por sujetos armados quienes los secuestraron.

“El ataque es un ejemplo de cómo grupos los criminales se roban a los inmigrantes entre sí, como si fueran una carga de drogas, y los venden con fines lucrativos. Las autoridades están enteradas de un promedio de un ataque de este tipo al mes, pero a medida que el mundo de la migración indocumentada se limita a las sombras, las autoridades no saben la frecuencia de estos casos”, dice el texto.

Armando Astogra, un agente especial a cargo de las Investigaciones de Seguridad Nacional en Houston, dijo que “son sólo grupos de matones que tratan de hacer dinero, porque saben que es rentable”.

“Ellos saben que una vez que esas personas están en Houston, pueden extorsionar a sus familias con 2 mil ó 5 mil dólares. Lo hacen porque la mayoría de las veces, los afectados no llaman a la policía”, dijo Astorga al Houston Chronicle.

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Investigadores consultados por el medio dijeron que la mayoría de los depredadores están Estados Unidos sin documentos y en algunas ocasiones están alineados con las pandillas callejeras. Los atracos, menciona el reporte, pueden volverse violentos con intercambios de disparos, así como el abuso posterior de los cautivos.

Se tiene el registro de casos en los que los atacantes intentaron disfrazarse de agentes de Inmigración y Aduanas para hacer una redada. “Vestían falsas camisetas negras con la leyenda “ICE” para tratar de deshacerse de sus rivales, así como para conseguir su cargamento humano”, dice el reportaje.

En el caso de María Pérez, el diario fronterizo detalla que la familia de la hondureña en Houston recibió la llamada telefónica de un contrabandista quien les exigió un rescate de 5 mil 500 dólares. El sujeto dijo a la familia de Pérez que si el monto no era cubierto él volvería a llamar y los haría escuchar como era torturada la mujer de 28 años de edad.

La familia de la joven centroamericana hizo el pago del rescate mediante una cuenta del Capital One Bank usando un número de cuenta proporcionado por los captores de Pérez. Oficiales de EEUU rastrearon esa cuenta hasta dar con una modesta casa de alquiler en Newbrook Drive, en el suroeste de Houston.

Los agentes de seguridad estadounidenses detuvieron a Manuel Eduardo Acosta y Jorge Alberto Portillo Hernández en la casa. Ambos tienen cargos ​​en una corte federal.

Gus Saper, abogado de Acosta, dijo que ni su cliente, ni Portillo están acusados ​​de haber tomado como rehenes a las personas cautivas. Explicó que ambos parecen haber tenido papeles menores como el cuidado de las personas hasta que fueron puestas en libertad.

“Los peces grandes casi nunca son atrapados; es verdad y el gobierno lo sabe […] Con frecuencia son detenidos los chicos que están haciendo la comida para los extranjeros, pero que duermen en el mismo piso con ellos y comen la misma comida”, dijo Saper al Houston Chronicle.

Dijo que sabe de casos en que las personas detenidas en una casa de seguridad eran inmigrantes que trabajan por un rescate que sus familias habían sido incapaces de pagar.

Pérez fue rescatada. Ahora ella y otras dos mujeres, que estaban también en la casa cuando las autoridades llegaron, permanecen en custodia hasta que hayan terminado de dar declaraciones y luego se espera para ser enviados de vuelta a sus países de origen.

Otros inmigrantes que se encontraban en la residencia ya han sido devueltos.

El diario fronterizo también da cuenta de otro caso que apunta hacia el mismo Modus Operandi. La publicación explica que a principios de este año, Samuel Castro Flores fue condenado a cadena perpetua después de que agentes de aduanas, la policía y los alguaciles encontraran unas 25 personas como rehenes en una casa en Amblewood Drive, también en el suroeste de Houston.

“Las víctimas dijeron que habían sido introducidos de contrabando en el país por un grupo, y luego terminaron en las manos de otro. Todos fueron obligados a quitarse la ropa, y obligados a estar en ropa interior a punta de pistola. Las ventanas estaban bloqueadas, por lo que no podían salir hasta que se pagaran los rescates. Los cautivos dormían en el suelo y se vieron obligados a utilizar un balde o bolsas de plástico como inodoros”, detalla el artículo.

Menciona que los primeros oficiales que llegaron a la casa “fueron alcanzados por un hedor que era una combinación de la orina, las heces y los cuerpos humanos sin bañarse”. Otras cuatro personas también fueron enviados a prisión, con penas que van de tres años a 30 años.

“No tenían ropa, ni zapatos, ni dinero, ni teléfono, ni vehículos, ni pasaporte o identificación, volviendo a las víctimas más vulnerables y por lo que era muy difícil para ellos considerar siquiera intentar escapar”, dijo el Fiscal federal adjunto Casey MacDonald, quien procesó el caso, al medio de Houston.

El Houston Chronicle describe que hubo el caso de una familia que hizo al menos 10 pagos por un total de 14 mil dólares y ni aún así pudo conseguir ver a su ser querido en libertad. No está claro a partir de los archivos de la corte lo que sucedió a aquellos inmigrantes que se encontraban en la casa, pero algunos se convirtieron en testigos para el gobierno.

“Muchos de los miembros de la familia que son extorsionados están ilegalmente en EU”, dijo MacDonald. “Los secuestradores lo saben y se aprovechan de eso también. Ellos saben que la mayoría de los miembros de la familia están demasiado asustados para llamar a la policía por el temor a ser deportados a sí mismos. Es como un traficante de drogas siendo despojado de drogas”.

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