Política: Demócratas juegan con el Supremo

El argumento de os demócratas es sencillo, sin lugar a dudas, pero sumamente deshonesto e hipócrita
Política: Demócratas juegan con el Supremo
Foto: EFE

Hillary Clinton y los demócratas quieren convertir en un “issue” de campaña la nominación del Juez Merrick Garland al Tribunal Supremo.  Alegan ellos que es injusto y una falta a su deber constitucional que el Senado republicano se rehúse a considerar y llevar a voto la nominación.  Los votantes, añaden, deben tomar nota del obstruccionismo republicano y devolver control de dicho cuerpo a los demócratas.

Argumento sencillo, sin lugar a dudas, pero sumamente deshonesto e hipócrita.  En primer lugar los demócratas saben que en más de ochenta años no ha habido una nominación y una confirmación de un juez del Tribunal Supremo durante un año de una elección presidencial.  Esto ha sido una práctica bipartidista ampliamente reconocida.

Por otra parte, los propios demócratas en el Senado han argumentado en un pasado reciente que no se debe considerar el nombramiento de un juez al Supremo en año eleccionario.  El entonces senador Joe Biden, ahora vicepresidente de los Estados Unidos, reafirmó esta regla, tanto así que algunos se refieren a ella como “la regla Biden”.

Ante la posibilidad de que el presidente George H.W. Bush nombrara a alguien al Supremo en el 1992, que era año electoral, Biden acudió al pleno del Senado en junio de ese año para alzar la voz de alarma, argumentando que Bush no debiera “nombrar un nominado hasta después de que la elección de noviembre esté completada” y si lo hiciera, “el Comité de lo Jurídico del Senado debería seriamente considerar no programar vistas sobre la nominación hasta después que la temporada de campañas políticas haya pasado.”  Biden reiteró su advertencia en una entrevista con el Washington Post.

Los demócratas, además, mienten sobre el deber constitucional que tiene el Senado en cuanto a los nombramientos del presidente al Tribunal Supremo.  El Articulo 2, Sección 2 de la Constitución  se limita a decir que al Senado le corresponde ofrecer su “consejo y consentimiento” sobre estos.  En ningún lugar dice que el Senado esta obligado a llevar a votación un nombramiento.  En el caso del Juez Garland está cumpliendo plenamente con su deber constitucional al decirle al presidente que este no es el momento para considerar el nombramiento.

Cabe señalar que los demócratas tienen obviamente un interés ulterior en insistir en el nombramiento del Juez Garland.  Y es que con la inesperada muerte del juez conservador Antonin Scalia, Obama pudiera llenar la vacante dejada por este con un juez que le diera a los liberales en el Tribunal la mayoría, garantizando que la izquierda pueda continuar avanzando su agenda radical y anti-constitucional desde el banquillo de los jueces del Tribunal de última instancia del país.

A la hora de votar, dudo que el electorado le vaya a prestar mucha atención al planteamiento de los demócratas sobre el nombramiento del Juez Garland.  El pueblo es listo y sabe que los argumentos de Obama, Hillary y comparsa carecen de honestidad.