Ataque aéreo de EEUU en Siria conlleva el riesgo de una escalada del conflicto

El presidente Trump enfrenta el reto de elaborar una estrategia que “contenga” al régimen sirio sin propiciar una nueva guerra
Ataque aéreo de EEUU en Siria conlleva el riesgo de una escalada del conflicto
Donald Trump con su equipo de Seguridad Nacional en Mar-a-Lago poco después del ataque aéreo a Siria.
Foto: Twitter Sean Spicer @PressSec

WASHINGTON.- En un giro de 180 grados a su promesa electoral de no intervención en Siria, el presidente Donald Trump ordenó un ataque aéreo contra una base militar en ese país, en represalia por su ataque con gas sarín contra civiles. El ataque, sin embargo, conlleva el riesgo de una escalada del conflicto y el envalentonamiento de grupos extremistas.

La lluvia de 59 misiles “Tomahawk” anoche desde aguas del Mediterráneo contra la base aérea siria de Shayrat, en Khan Sheikhun, fue en respuesta al ataque con gas sarín el martes pasado en un territorio bajo control de los rebeldes, que dejó más de 70 civiles muertos, incluyendo 20 niños.

Fue la primera campaña de ataques aéreos de Trump contra el gobierno del presidente sirio, Bashar al Asad, en el marco de una prolongada guerra civil, que en los últimos seis años ha dejado al menos 500,00 muertos y además ha desplazado a unos cinco millones de refugiados.

“Assad sofocó la vida de indefensos hombres, mujeres y niños. Es del interés vital para la seguridad  nacional de EEUU prevenir y disuadir la propagación y uso de armas químicas mortales”, explicó Trump anoche desde su casa de descanso en Mar-a-Lago, Florida.

El ataque, para el cual no consultó ni pidió el permiso del Congreso, es un giro de 180 grados, ya que desde al menos hasta 2013, Trump fue uno de los más férreos críticos de la política exterior del entonces presidente Barack Obama y su manejo de la crisis en Siria.

Trump escribió al menos una veintena de mensajes en Twitter desde 2013 cuestionando la intervención de EEUU en Siria, y también lo hizo en numerosos programas de televisión y durante la contienda presidencial el año pasado.

Es que, ante el dilema de restringir la participación de EEUU en el conflicto sirio y la urgencia de eliminar a grupos extremistas que operan en ese país, principalmente el Estado Islámico (ISIS), Trump ha optado por una operación precisa y de corto plazo.

Ahora, sentado en el Despacho Oval, y con apenas 77 días en el poder, los hechos sobre el terreno lo obligaron a moldear una respuesta que, según expertos, conlleva tanto oportunidades como riesgos.

Dentro y fuera de EEUU, el ataque generó tanto elogios de legisladores y grupos que apoyan el derrocamiento del gobierno sirio, como condenas de grupos opuestos a que este país tenga una participación en la escalada del conflicto.

En las redes sociales, algunos detractores señalaron que, irónicamente, Trump lanzó el ataque aéreo como respuesta al horrendo ataque con gases tóxicos contra civiles, pero su gobierno se niega a aceptar a esos refugiados sirios en casa.

Una bomba de relojería

Lo cierto es que el conflicto en Siria no tiene visos de solución, pero sí tiene numerosos y complejos componentes. Por un lado, Rusia, Irán y el grupo militante libanés “Hizbollah” se han situado del lado del régimen de al Asad y, por otro, EEUU, Turquía y varios países árabes apoyan a los rebeldes que intentan derrocarlo.

Rusia tiene su única base militar internacional en Siria, su único aliado en el Medio Oriente y pieza clave de su estrategia en la región, por lo que el ataque ordenado por Trump viene a añadir tensiones a la relación entre Washington y Moscú. Después de todo, Trump prometió durante la contienda mejorar las relaciones con Rusia, para así fortalecer juntos el combate contra ISIS en Siria.

Así, a nivel político, Trump tiene la delicada tarea de presionar al presidente ruso, Vladimir Putin, para que restrinja las acciones del régimen sirio, y se prevé que el asunto domine el encuentro que tendrá con éste la próxima semana el secretario de Estado, Rex Tillerson.

Pero Putin calificó el ataque como “un acto de agresión contra un Estado soberano”, y su gobierno anunció que a partir de mañana, sábado, cesará las comunicaciones y protocolos militares con EEUU, establecidas dentro de un acuerdo de 2015 para evitar incidentes aéreos entre sus pilotos en Siria.

Si fracasa la cooperación de EEUU y Rusia en Siria, eso sólo dará alas a ISIS, e incrementa el riesgo de que Siria se consolide como un “santuario” de terroristas islámicos, según observadores.

Por ahora la Administración Trump ha dicho que no hay planes de una expansión de sus operaciones en Siria -eso dependerá de la respuesta del gobierno de Damasco-, y que la prioridad es impedir más ataques con armas de destrucción masiva.

“Antes que nada, el presidente (Trump) cree que el gobierno sirio, el régimen de Assad, debe como mínimo acordar que cumplirá con los acuerdos que hicieron (en 2013) de no usar armas químicas”, dijo hoy el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, al explicar la prioridad de la Administración.

¿Opciones limitadas?

Ante el aparente fracaso de la diplomacia, entre las opciones que tiene Trump a mano figuran una intervención militar directa, el establecimiento de  una zona de restricción aérea, y la imposición de nuevas sanciones contra el gobierno sirio.

Sin un verdadero plan de pacificación, el reto inmediato para Estados Unidos es elaborar una estrategia que “contenga” al régimen sirio sin propiciar una nueva guerra en Medio Oriente, algo que Trump prometió en la contienda el año pasado.