Continúa la salida de nicaragüenses hacía Estados Unidos

Los jóvenes dicen huir de la represión, amenazas, violencia por las armas, tortura y otras violaciones a los derechos humanos
Continúa la salida de nicaragüenses hacía Estados Unidos
Christian Ruiz Sånchez huyó de su país el 30 de enero de este año. (Aurelia Ventura/ La Opinión)
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Cuando a Christian Ruiz Sánchez, la policía le dio un ultimátum para que abandonara Nicaragua en 24 horas, no lo pensó y escapó hacia los Estados Unidos. Ya había sobrevivido a una balacera que casi le cuesta la vida, y no quería de nuevo ponerse en la cuerda floja.

Christian de 23 años es parte del éxodo de jóvenes nicaragüenses que abandonan su patria para huir de la violencia, las amenazas, torturas y secuestros a los que se exponen cuando alzan sus voces contra el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua.

El muchacho, un estudiante universitario de mercadotécnica y publicidad huyó de su país el 30 de enero de este año. Fue hasta el 25 de marzo después de cruzar en balsa el Río Grande en Texas, que solicitó el asilo político.

“Me tuvieron 26 días en la hielera, en una pequeña celda con el aire acondicionado muy alto y donde estábamos amontonados como unas 120 personas. Nunca nos pudimos asear ni bañar. Los 26 días que estuvimos ahí detenidos solo nos dieron una rodaja de mortadela con pan, mañana, tarde y noche”, recuerda.

Christian Ruiz Sánchez muestra la herida que le dejó un balazo en el pecho que por poco le causa la muerte. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

De la hielera lo llevaron al Centro de Detención Río Grande en Texas. “A los 64 días me hicieron una videoentrevista para probar el miedo creíble. Me preguntaron por qué había salido. Les dije que teníamos un gobierno dictador, donde no hay respeto a los derechos humanos, no hay libertad de expresión y mucha represión”.

Después de tres meses bajo detención migratoria, fue liberado tras el pago de una fianza de 5,000 dólares, que le pagó la organización The Refugee and Immigrant Center to Education and Legal Services (Raíces) con sede en Texas.

El 18 de julio, Christian recuperó su libertad y fue entregado a la pastora Ada Valiente, quien es su patrocinadora en Los Ángeles, y quien le ha dado un techo en su hogar en la ciudad de Claremont.

“Sentí una gran alegría y mucha satisfacción de estar libre, sobre todo porque es el inicio de un nuevo ciclo”, dice el muchacho.

Christian tiene mucha fe en ganar su caso de asilo político porque asegura contar con muchas evidencias. “Aún tengo la bala incrustada en la espalda. Los médicos me han dicho que no pueden sacarla porque se corre el riesgo de causar un daño irreparable a otros órganos”.

Sin embargo, esa bala alojada entre la parte muscular de su espalda, le causa frecuentes dolores.

Christian Ruiz Sánchez cuando fue baleado en Nicaragua. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

Fue durante un plantón el 14 de mayo de 2018 para protestar contra el gobierno de Nicaragua, cuando arribó al lugar un fuerte comando policiaco.

“Llegaron lanzando disparos, yo corrí a refugiarme a la iglesia católica, cuando una bala me alcanzó y me entró por el pecho. Con la adrenalina a todo lo que daba, yo no lo sentí, pero un primo me dijo que me habían disparado y estaba sangrando. En ese momento, sentí que me estaba mareando. No sé cómo, pero mis compañeros me arrastraron hacia la Iglesia, donde la gente estaba refugiándose y metiendo a los heridos”, relata.

Menciona que cuando lo llevaban al hospital, le repetían una y otra vez que no se durmiera. “Yo sentía que no podía respirar, y les rogaba que me pusieran oxígeno”.

Christian pudo salvar su vida gracias a que lo llevaron a un hospital privado en Managua, la capital de Nicaragua, a donde trasladaban a los heridos por las fuerzas policiales del gobierno.

Cuando se recuperó y regresó a su vida habitual, dice que comenzó la persecución y las amenazas fuertes en su contra por parte de la policía y los paramilitares.

Christian Ruiz Sánchez en el hospital después de recibir una bala en el pecho. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

El 25 de mayo de 2018, la casa de su madre fue acordonada por policiacas que gritaban obscenidades.

Pero la gota que derramó el vaso, ocurrió el 28 de enero de 2019, en la casa de su abuelo donde Christian se escondía. Hasta ahí llegó la policía y le dio un día para que se fuera del país sino le esperaba la muerte.

“Me entró miedo y decidí salir”, reconoce.

Libre de la detención migratoria y lejos de su país, Christian anhela conseguir el asilo político y aprender inglés.

“Ahora estoy terminando online el último año de mi carrera en marketing y publicidad”, dice.

Su mayor sueño es convertirse en un embajador por la defensa de los derechos humanos y crear una fundación contra la pobreza.

Christian Ruiz Sanchez, refugiado hondureño. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

Desbandada

Miles de jóvenes nicaragüenses, muchos de ellos universitarios han salido de su país en busca de un lugar seguro, alejado de la violencia.

“Calculamos que en Costa Rica ya casi llegan a 100,000, los refugiados nicaragüenses; y son incontables los que han llegado a Estados unidos”, dice Medardo Mairena, una de los más grandes líderes del Movimiento Campesino de Nicaragua, quien junto con otros dos líderes campesinos Denis Montaño y Lener Fonseca visitan el país.

“Venimos para encontrarnos con nuestros hermanos nicaragüenses que han escapado de Nicaragua y se encuentran aún en los centros de detención migratorios, pero también para reunirnos con aquellos que salieron desde los años 80”, comenta.

Mairena estima que hay más de 6,000 nicaragüenses que vinieron en busca de refugio y llevan meses bajo custodia en los centros de detención de migración de EEUU.

Christian Ruiz Sánchez sueña con obtener el asilo político en los Estados Unidos. (Aurelia Ventura/ La Opinión)

La represión contra los manifestantes y los que se atreven a protestar contra el gobierno de Daniel Ortega, comenzó el año pasado cuando los adultos comenzaron a manifestarse contra los recortes al Seguro Social.

“Los jóvenes salieron en defensa de la jubilación de sus abuelos, padres y tíos. Luego el movimiento campesino salió a defender a los jóvenes con la determinación de ejercer presión para rescatar la democracia de nuestro país”, dice.

Como respuesta oficial, puntualiza que se desató una guerra frontal contra los opositores y vinieron los asesinatos, secuestros, desaparecidos, torturados, persecuciones y amenazas.

“Tenemos una cantidad de jóvenes desaparecidos, otros han quedado inválidos o ciegos. Hay alrededor de 136 presos políticos, 326 que se han registrado muertos y hay más de 700 desaparecidos”, precisa Mairena.

Sus constantes denuncias contra el gobierno de Ortega, llevaron a la cárcel a Mairena. “Me condenaron a 216 años de cárcel, pero hubo una amnistía de presos políticos que me permitió salir en 11 meses. Fue un milagro de Dios”, considera.

Medardo Mairena, uno de los mas grandes lideres del Movimiento Campesino de Nicaragua, quien junto con otros dos lideres campesinos Denis Montaño y Lener Fonseca visitan el país. Los acompaña Christian Ruiz (segundo de izq.) , un joven refugiado.(Aurelia Ventura/ La Opinión)

Mairena, Montaño y Fonseca han llegado a Estados Unidos para hablar con los refugiados nicaragüenses, hacer marchas de protestas contra la represión en su país y para sostener audiencias con organismos internacionales de derechos humanos.

Queremos presionar para que haya cambios en nuestro país y cese la violación de los derechos humanos contra quienes se oponen al gobierno”, dice.

“A mi me han dicho directamente que la Amnistía me sacó de la cárcel, pero no me va a librar del panteón”, anota.

Los líderes del Movimiento Campesino tienen cita el 25 de septiembre para una audiencia con la Comisión de Derechos Humanos en Washington, D.C. pero visitarán también San Francisco, Miami, Atlanta y Arizona.

En el último año, han sido deportados a Nicaragua, alrededor de 410 nicaragüenses que no pudieron probar que eran perseguidos políticos.

Medardo Mairena, Denis Montaño y Lener Fonseca, líderes del Movimiento Campesino visitan Estados Unidos para solidarse con los refugiados detenidos en los centros del Servicio de Migración y Aduana (ICE) y denunciar la violencia en Nicaragua.(Aurelia Ventura/ La Opinión)

“Le estamos pidiendo a las autoridades que no los deporten a Nicaragua sino a un tercer país, porque si los mandan de regreso, caerían de nuevo en las garras de león y serían asesinado o torturados”, expone.

“Entendemos que el gobierno de Estados Unidos quiere investigar a los refugiados, pero también les pedimos que vean las pruebas que ellos traen”, señala.

El líder Lener Fonseca dice que es mucha la represión que impera en Nicaragua contra todos, sin importar si son hombres, mujeres o niños. “Hace poco, la policía agarró a pedradas a un grupo de periodistas y empresarios”, anota.

Y agrega que es muy común que los paramilitares o la policía, pinten las casas de los opositores con las palabras Plomo, una advertencia seria de que, si no callan y continúan con las protestas, van a morir bajo una lluvia de plomo por el impacto de las armas de fuego.

Medardo Mairena, uno de los mas grandes lideres del Movimiento Campesino de Nicaragua, muestra la bandera de su país que fabricó con tela de sábanas y uniformes cuando fue un preso político.(Aurelia Ventura/ La Opinión)

Fonseca completa diciendo que con frecuencia también aparecen sobre todo en la zona norte que colinda con Honduras, cabezas colgadas de los opositores, así como ahorcados y baleados. “Hay mucha persecución contra el Movimiento Campesino. Tenemos que ser estratégicos para evitar la persecución que vivimos a diario”, observa.

Mairena concluye diciendo que sienten un compromiso moral con el pueblo nicaragüense para protegerlos de la violencia. “Venimos a animar a los refugiados y exiliados para decirles que la lucha es también por ellos y que aguanten la detención migratoria”.