Cuál es la mejor rutina alimentaria para acelerar tu metabolismo

El organismo obtiene la energía que necesita de los alimentos, a través del metabolismo. Descubre detalles sobre su funcionamiento y los mejores alimentos para estimularlo

Seguir una dieta estilo mediterráneo se asocia con beneficios para el metabolismo y la pérdida de peso.
Seguir una dieta estilo mediterráneo se asocia con beneficios para el metabolismo y la pérdida de peso.
Foto: shutterstock

Cuando de perder peso se trata el metabolismo es uno de los conceptos más populares e importantes, es por ello que se dice que un metabolismo deficiente es el principal impedimento para para bajar de peso rápida y efectivamente. Sin embargo suele ser un término que se dice un poco al aire, ya que en muchas ocasiones no tenemos idea sobre el funcionamiento del metabolismo  y aquellos aspectos que intervienen en su rapidez o lentitud. 

El metabolismo es el proceso mediante el cual el organismo convierte los alimentos en energía, es mayormente conocido “quemar calorías” y se trata de una de las funciones más fundamentales del cuerpo, ya que esa energía es utilizada para que se lleven a cabo tareas básicas como la respiración, digestión, hacer circular la sangre, pensar, regular la temperatura e inclusive el latido del corazón.

El total de calorías que utiliza el cuerpo en un día es conocido como gasto energético. Las calorías que se suman a este gasto pueden atribuirse a 4 factores:

  • Tasa metabólica basal: Se refiere a la cantidad de calorías que quema el organismo en reposo.
  • Nivel de actividad física: Se refiere a la cantidad de ejercicio intencional que realiza una persona.
  • Termogénesis: Se refiere al ejercicio que realiza una persona sin querer.
  • Efecto térmico de la comida

Cada uno de estos factores representa un porcentaje del gasto total de energía, aunque es un concepto que varía de manera muy particular según cada individuo. Lo cierto es que el cuerpo quema calorías de muchas maneras, en la mayoría de las personas la termogénesis representa alrededor del 10% de su gasto total de energía, mientras que la tasa metabólica en reposo representa alrededor del 60 al 70%. La mayor variabilidad ocurre con los niveles de actividad y puede variar de 100 calorías quemadas en una persona sedentaria a hasta 3,000 calorías o más para un atleta de alto rendimiento. 

¿Qué aspectos afectan para bien o para mal el metabolismo?

Diversos estudios y especialistas en medicina han comprobado que la genética juega el papel más importante en el metabolismo, aunque también existen algunas variaciones. Tal es el caso de la masa muscular que tiene una diferencia del 5% en hombres y mujeres, este es un aspecto que también afecta al metabolismo ya que el músculo quema más calorías que la grasa. Es decir el aumento de la masa muscular a través del ejercicio incrementa el metabolismo, inclusive cuando no se hace actividad física de forma activa.

Lo que es un hecho es que clasificar el metabolismo como rápido o lento es una especie de mito. Lo que determina si se queman más calorías de las que guarda el organismo (en términos de la comida que se consume), es la actividad diaria y es un concepto que va mucho más allá de las sesiones  o clases de ejercicio que realices. Este aspecto se enfoca en la termogénesis no asociada con el ejercicio que incluye todo lo que hacemos en el día desde caminar al trabajo, arreglar el jardín, teclear, leer y hasta comer. 

¿Cuáles la mejor pauta alimenticia para el metabolismo?

Los alimentos que consumimos pueden acelerar o ralentizar el metabolismo y dependiendo de ello puede verse afectada la pérdida de peso. Como se mencionó anteriormente el funcionamiento del metabolismo depende de diversos factores, sin embargo existen algunos alimentos que son de gran ayuda para estimularlo y promover una efectiva quema de calorías. Las porciones también influyen, es por ello que existen alimentos que se destacan por su alto contenido en fibra, proteínas y grasas saludables que son un buen aliado al aumentar la saciedad y evitan que comamos de más.

  • Aguacates y aceite de oliva.
  • Legumbres, de manera especial los frijoles.
  • Proteínas vegetales, como el tempeh, la soja y el tofu.
  • Chiles y pimientos.
  • Cereales de grano entero, como el arroz integral, el maíz y la avena.
  • Proteínas animales, carnes magra, pescado y huevo.
  • Té verde y café. 
  • Frutas y verduras.