La peor pesadilla de una estudiante sin casa: que la grúa se lleve su coche

Kaylah quiere graduarse de la universidad y ser una guía para sus hermanos menores

Kaylah en el colegio Cerritos donde estudia un diplomado de enfermería.

Kaylah en el colegio Cerritos donde estudia un diplomado de enfermería.  Crédito: Luis Mirón | Cortesía

Serie:  ‘Odiseas de estudiantes con vivienda insegura: obtener un título cuando no se tiene casa’

Segundo de seis artículos:

Kaylah Parard, de 25 años, estudia el diplomado universitario básico de enfermería en el Colegio Comunitario de Cerritos en Norwalk, California, y vive actualmente en The Village, el primer fraccionamiento del estado designado para estudiantes carentes de vivienda.

The Village es una residencia ubicada fuera del campus que fue creada por la Cerritos College y Jóvenes, Inc., una organización sin ánimo de lucro que ayuda a los estudiantes universitarios carentes de vivienda de Los Ángeles.

Los primeros recuerdos de Kaylah son los de entrar y salir del hospital después de que le diagnosticaran cáncer a su hermana menor a los 3 años de edad. Durante las visitas, Kaylah miraba a las enfermeras hacer su trabajo

“Siempre sabía que quería ser enfermera”, dijo. “Me dije a mí misma, “Tan solo tengo que resolver mis dificultades para conseguirlo”.

La mayor dificultad ha sido encontrar vivienda. En 2001, cuando tenía seis años, Kaylah recuerda cómo vivía con su madre soltera y sus dos hermanos en el coche de su mamá en Los Ángeles. La joven recuerda tener frío algunas noches y no tener suficiente espacio para dormir. Con la ayuda de amigos y familia, la mamá de Kaylah al final fue a la universidad y sacó el título de enfermería. Su situación de vivienda se estabilizó, pero con una sola fuente de ingresos la familia tenía dificultades económicas.

Las cosas empeoraron en 2015 cuando Kaylah estudiaba su primer año de universidad. En esa época, Kaylah estudiaba a tiempo completo mientras hacía dos trabajos, cuidaba de sus hermanos, y ayudaba a su mamá a pagar los gastos de la casa. Pero entonces su mamá la echó de casa, oponiéndose por motivos de religión al hecho de que Kaylah se declarara lesbiana.

No había vuelta atrás para Kaylah. Al principio se alojaba con amigos, pero después se fue a vivir a su coche, un Nissan Sentra del 2001. En esa época, tenía una membresía en un gimnasio donde se bañaba. “Es vergonzoso, entrar en un gimnasio cuando no vas a hacer ejercicio. La gente te mira”.

Kaylah dice que tenía sitios favoritos donde iba a comprar sus necesidades. “Me encantaba Dollar Tree y me encantaba la 99 Cent Store”, dijo. “Allí compraba lo que necesitaba”. Durante el día Kaylah iba a clases. Por las noches buscaba un sitio para estacionarse donde no molestara a nadie ni llamara la atención.

La joven hizo esto durante meses en los que recibió multas por mal estacionamiento y aprendió algunas cosas como la regla de estacionamiento por 72 horas en California. La norma dicta que un vehículo no puede estar aparcado en el mismo sitio durante más de tres días.

En el 2018, Kaylah vivió su peor pesadilla: una grúa se llevó su coche. “Vinieron a llevarse mi coche porque no tenía las etiquetas del registro actualizadas; no podía pagarlas”, dijo. Recuerda haberle suplicado a la policía, explicando que su coche era todo lo que tenía. “De alguna forma me hundió porque sabía que no podría recuperarlo”.

Después de que se llevaran el coche, Kaylah lo buscó “como una loca yendo a varias comisarías y llamando a varios números de teléfono”. Después de dos días, lo encontró, pero no pudo pagar las multas. Recogió algunas cosas del coche, pero dejó lo demás. “No le desearía eso ni a mi peor enemigo”, expresó.

Después de eso, se alojó con amigos y de vez en cuando en paradas de autobús. Solo llevaba lo que podía meter en una mochila y lavaba las mismas tres camisas y los mismos pantalones cortos que tenía. No tenía muchos calcetines porque, aunque si pudiera permitirse un paquete de diez, no tenía donde guardarlos. Apenas recientemente se compró unos jeans.

Kaylah tuvo dificultades para encontrar trabajo, puesto que la gente siempre buscaba alguien con experiencia. La joven explicaba su situación, pero nadie la contrataba.

Cuando a la abuela de Kaylah le diagnosticaron cáncer de pulmón, le pidió a su nieta que fuera a vivir con ella para cuidarla. Con el paso de los meses, la salud de su abuela empeoró; en noviembre de 2019, la tuvieron que trasladar a una residencia de mayores de edad. Una vez más Kaylah estaba sola.

La joven estudiante volvió a alojarse con amigos y agradeció que la ayudaran, pero le preocupaba que estuviera aprovechándose de ellos. “Yo sabía cuando me quedaba más tiempo de lo debido”, dijo.

En febrero tuvo un golpe de suerte cuando se encontró con un amigo que trabaja en la oficina de ayuda financiera de Cerritos College y le contó lo del programa de Jóvenes, Inc.

Kaylah hizo seguimiento en seguida, llenando los documentos y recibiendo una fecha de entrada para abril que se cambió al 10 de mayo a causa de la pandemia de COVID-19. Ahora comparte un cuarto libre de renta con una compañera (un cuarto privado cuesta entre $150 y $300). Dice que Jóvenes le está ayudando a encontrar trabajo y recobrar su estabilidad.

El objetivo de Kaylah es conseguir un título universitario para que pueda ser un modelo a seguir para sus hermanos menores.

“Soy la mayor de mis hermanos, así que tengo que darles ejemplo”, finalizó. “No puedo relajarme y dejar que sus vidas fracasen”.

Estos artículos se publicarán en La Opinión del 4 al 9 de enero. También los puedes leer en internet en Laopinion.com y en inglés en elnuevosol.net.

(Traducción Patricia Ramos)

Estephany García

Estephany García es una estudiante de periodismo en CSUN. Le gusta informar sobre la industria del entretenimiento y también disfruta informar sobre su comunidad y los hispanos.

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