Patrulla Fronteriza atropella al migrante mexicano Juan Diego y… ¡le rompe la columna!

Un agente de la patrulla fronteriza le fracturó la columna vertebral a Juan Diego Badillo, un migrante mexicano que cruzó a Estados Unidos desde Ciudad Juárez Chihuahua. El gobierno estadounidense apuesta en los últimos años a la persecución física de indocumentados en la región fronteriza.

Juan Diego Badillo en el hospital de Texas
Juan Diego Badillo en el hospital de Texas
Foto: Juan Diego Badillo / Cortesía

A Juan Diego Badillo le fracturó la columna una agente de la patrulla fronteriza. Lo cuenta un día antes  de iniciar la terapia de rehabilitación para salvar su desquebrajado cuerpo y previa advertencia de los médicos: nunca volverá a ser igual.

Esto significa que no podrá cumplir la meta por la que emigró a Estados Unidos a sus 20 años, el pasado mes de marzo: trabajar en la construcción o en la jardinería o en cualquier otro trabajo físico como hacía en el campo del estado de Hidalgo, donde quedaron sus padres, donde tiene dos hermanas.

La tragedia ocurrió en unos minutos. Había cruzado a EEUU desde Ciudad Juárez, brincando el muro junto con otros dos muchachos de su pueblo y todo iba bien en la caminata cuando apareció una camioneta de la Border Patrol. De pronto no vio a sus compañeros. Se habían ocultado entre algunos matorrales y él se echó a correr.

Largas zancadas con toda la fuerza y la velocidad que le era posible, pero el vehículo en que iba el agente de ICE era más rápido. Asustado por la cercanía del vehículo Juan Diego Badillo se enredó con los pies y cayó. Boca abajo. Dio un giro para ver el cielo y levantarse. en esas estaba cuando sintió el golpe en la espalda.

“Fue con la defensa”, recuerda.

El patrullero debió ir a muy alta velocidad porque al impacto tronó todo su cuerpo. Fue tal el dolor que ni siquiera pudo reparar en el rostro del agente, si era rubio o moreno. Si tenia barba o bigote. Alto o bajito. Nada.

Sólo que aperaba en solitario y que hablaba muy bien español. Le dijo: “Esto es era para que te des cuenta de que sí puede haber consecuencias si cruzas ilegal”.

El gobierno de Estados Unidos apuesta en los últimos años a la persecución física de indocumentados en la región fronteriza con más vigilancia. La cantidad de agentes de ICE pasó de ser de alrededor de 4,000 en 1994 a más de 19,000 en el año fiscal 2020 y su presupuesto anual aumentó 10 veces hasta 4.9  mil millones de dólares, la agencia policial más grande del país.

Esta condición les ha permitido fortalecerse en tecnología de todo tipo para detectar con mayor precisión los ingresos de grupos sospechosos a la par de que han mejorado los tipos de vehículos de persecución que utilizan frente al notable aumento de cruce de inmigrantes indocumentados.

En marzo pasado superaron los 172,000 cruces, según cifras oficiales de EEUU. Esto es el mayor nivel mensual en 20 años, al aumentar un 71 % respecto a febrero y cinco veces más que en el mismo mes de 2020.

Juan Diego Badillo recuerda que la persecución en su contra fue en una unidad tipo Hummer y de ésta recibió el golpe. De ello cuenta con los testimonios de sus amigos del pueblo que observaron desde sus escondites.

En algún momento, el agente llamó a una ambulancia para se llevaran al inmigrante al University Hospital, donde le diagnosticaron la fractura en la columna y  en la pierna izquierda. Ahí mismo lo operaron.

Hasta el momento la Patrulla Fronteriza no se ha pronunciado públicamente al respecto de este caso. Sólo envió una carta al Uriel Delgado, socio del despacho Ramírez y Asociados, que tiene el asunto en sus manos.

En la misiva, ICE se comprometió a  “investigar” los hechos y prometió que en breve darían respuesta sobre la responsabilidad de su oficial. Días después, la institución se comunicó nuevamente para informar que habían llegado a la conclusión de que el agente no había actuado con alevosía, premeditación o ventaja.

“El afectado y el testigo dicen que fue intencional y por eso estamos solicitando más información del caso”, cuenta el abogado Uriel Delgado en entrevista con este medio. “Hemos pedido la carpeta de investigación, el expediente completo para revisarlo, ver la versión del agente sobre el incidente, la documentación médica o si ya hubo algún castigo”.

¿Casos frecuentes?

Mientras Juan Diego Badillo estaba en el quirófano sucedían a la par varios asuntos de preocupación a su alrededor. Entre ellos, la presencia de un vigilante de ICE que se paseaba por los pasillos del hospital en espera de que el atropellado saliera vivo y se recuperara para deportarlo. Millas más al norte, Anita Badillo, hermana del herido, se tronaba los dedos en busca de ayuda.

“Me enteré de lo que había pasado a Juan porque me llamaron sus compañeros migrantes del pueblo y luego me llamó él, cuando pudo hablar después de la cirugía”, recuerda Anita.

Preguntando aquí  y allá fue a dar con el despacho Ramírez y Asociados. Abath Ramírez se comunicó el abogado Uribe, especializado en migración, quien empezó a escribir correos a diestra y siniestra hasta las oficinas centrales de ICE para que detuvieran cualquier intento de expulsión del país de Juan Diego Badillo.

Respondió una abogada de la Patrulla Fronteriza para confirmarle que no lo echarían del país, que darían a la víctima un permiso humanitario mientras se determina qué pasó exactamente, si hubo alguna mala conducta por parte del patrullero de ICE.

Diez días después dieron de alta al muchacho con una andadera para que saliera por su propio pie. Pero no podía. Tuvo que viajar en avión una prima desde Youngsville, Carolina del Norte y así  ayudarle al traslado a casa de Juanita donde lo esperaban también la pareja de ella, Roger, y los hijos de 19 y 14 años.

Juan Diego Badillo en su traslado a Carolina del Norte desde Texas.
Juan Diego Badillo en su traslado a Carolina del Norte desde Texas (Foto: cortesía Anita Badillo).

“Cuando llegó no podía caminar, no podía comer ni ir al baño solo. Teníamos que ayudarle”, recuerda Anita, quien ha solventado todos los gastos con sus ahorros de trabajo como limpiadora. Dinero para los traslados, los medicamentos y abogados. “Lo que más me preocupaba es que lo regresaran a México y allá fuera peor: que nadie lo atendiera y además aquí fue donde lo golpearon”

El abogado Delgado dice que es muy difícil determinar cuántos casos de lesionados han ocurrido en los últimos años relacionados a atropellos de la Patrulla Fronteriza porque no hay cifras oficiales al respecto ni federales ni estatales.

Se sabe sólo a través de los reportes extraoficiales. En 2019  una investigación de la organización civil ProPublica y Los Ángeles Times documentó que “mientras las agencias policiales modernas se alejan de las persecuciones a alta velocidad, a menos de que se trate de sospechosos violentos, la Patrulla Fronteriza de EEUU permite a sus agentes una amplia libertad para atrapar a indocumentados”.

Detalló que, a velocidades que los expertos consideran como muy inseguras, los agentes encajonan a los vehículos en movimiento, pinchan las llantas y emplean tácticas destinadas a hacer que los automóviles se salgan de la carretera y, por tanto, cada nueve días estas persecuciones terminaban en un choque.

En cierta ocasión, uno causó un incendio. En otra, quedaron lesionados una docena de transeúntes y seis inmigrantes, entre ellos una niña de seis años que resultó herida y requirió soporte vital.

En tiempos recientes, el 16 de marzo pasado, al menos ocho personas murieron y tres más resultaron heridas a causa de un estrepitoso accidente vehicular que involucró a migrantes indocumentados, según informó el Departamento de Seguridad Pública (DPS) de Texas.

El conductor de una camioneta Dodge era perseguido por oficiales de DPS cuando chocó de frente con una Ford F-150 en la Autopista 277 del condado Val Verde, a unas 30 millas al norte de la ciudad fronteriza de Del Río.

Un mes después de este incidente, el 15 de abril, un hombre murió atropellado en Texas cuando huía de un agente de la Patrulla Fronteriza que había detenido el vehículo en el que viajaba aproximadamente a 40 millas de la frontera entre Estados Unidos y México, cerca de San Manuel.

Cuando un agente ordenó al vehículo que se detuviera varios ocupantes salieron del vehículo y huyeron. Uno de ellos cruzó la calzada y fue atropellado mortalmente por un vehículo civil. Ese mismo día, otro hombre falleció en custodia de la Patrulla Fronteriza cerca de Hebbronville, también en Texas.

A los 15 días, un inmigrante hondureño falleció en un accidente ocurrido cerca de Kingsville cuando un grupo de agentes vigilaban una zona de alta actividad de contrabando de migrantes y descubrieron huellas frescas posiblemente de indocumentados que aun andaban por el área, la cual “estaba cubierta de hierba extremadamente espesa y alta entremezclada con arboledas de vegetación más alta”.

Durante la inspección, hecho tanto en vehículos como a pie, los agentes de la Patrulla Fronteriza dieron con dos grupos de migrantes que se entregaron a las autoridades, mientras que un tercer grupo que estaba escondido en la hierba emergió y alertó a los oficiales que “otro individuo que había sido atropellado por un vehículo”.

Cuando los oficiales ubicaron a dicho individuo éste les informó “que él y otro migrante fueron atropellados por la patrulla de ICE mientras estaban enterrados uno al lado del otro en el césped”, según el comunicado oficial.

A pesar del reconocimiento de algunos casos puntuales, el abogado Uriel Delgado sospecha que puede haber muchos otros que no son reportados. Atropellos o accidentes contra víctimas por parte de la Patrulla Fronteriza  que son devueltos automáticamente a México con el pretexto de que son indocumentadas y así no tomar cartas en el asunto, evitar responsabilidades.

¿Qué sigue?

Juan Diego Badillo llegó a casa de Anita Badillo en condición de bebé: apenas podía moverse agarrado de la mano de alguien, no podía sentarse ni acostarse sin ayuda. Pero con el paso de los días ha mejorado bastante. Actualmente puede muchos movimientos con las manos, pero debe aceptar que no podrá volver a hacer deporte como tanto le gustaba.

Ahora invierte su tiempo en ver basquetbol y futbol en la televisión y en pensar a qué se va a dedicar en un futuro con su falta de condición física para trabajar en lo que pretendía hacer. “Depende de cómo evolucione debo decidir”, advierte.

Porque sus planes dieron un giro de 180 grados. Según los cálculos que hizo en el pueblo, a estas alturas ya debería estar enviando dinero en remesa a sus padres que sobreviven del campo, de la escasa cosecha de maíz y frijol y de bordar.

El pueblo en Hidalgo de donde emigraron Juan Diego y Anita Badillo
El pueblo en Hidalgo de donde emigraron Juan Diego y Anita Badillo (Foto: cortesía Gardenia Mendoza).

Hasta antes de su arribo, Anita era la única que apoyaba con un envío de dinero mensual; en adelante, se complicará esa remesa porque debe cubrir el costo de la batalla legal del hermano de unos 7,000 dólares y su trabajo como limpiadora, si bien le permite manejar sus horarios, no le da un salario suficiente para tanto desembolso. “Es muy compliado”, advierte.

El abogado Delgado logró trasladar el caso a los tribunales de Carolina del Norte, a un juzgado de Charlotte, donde Juan Diego Badillo deberá acudir a dar su declaración. Aún no lo hace porque su condición física se lo impedía pero cuando vaya mejorando con la terapia podrá hacerlo.

El primer paso será solicitar asilo. Actualmente tiene libertad bajo palabra con un permiso humanitario y, además, debe esperar 150 días para que se abra su caso migratorio y así iniciar los trámites.

Otra estrategia es demandar al agente y a la Patrulla Fronteriza por abuso de la fuerza, pero se requiere de otro tipo de abogado especialista para solicitarlo. “El Estado pone todo su aparato para defenderse de esto y se requiere de mucho para enfrentarlo como ocurrió con el caso de George Floyd, el afroamericano que asfixió un agente de Minneapolis ”, dice Delgado.

Como sea, el ideal para esta familia se mexicanos es que ICE responda con una compensación económica por el daño irreversible que provocó a Juan Diego con la fractura de columna y en la pierna izquierda, dos condiciones que le impedirán desarrollarse en el tipo de trabajo que él sabía hacer.

A los 20 años tendrá que reinventarse una vida para reinventarse, saber hacia dónde ir con la discapacidad, dónde puede trabajar, poder ser productivo y ayudar a sus padres.

Por eso  su futuro pende de que el Estado reconozca que uno de sus agentes le rompió mucho más que la columna, quebró las alas a un joven que buscaba el Sueño Americano y sólo tenía su cuerpo, completo,  con toda su fuerza física.

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