Que gana uno en ayudar a otros
¿Qué ganó Tomás? Mi respeto ya lo tenía, pero todos se lo deben. Hay que pasar una reforma migratoria para mostrarlo. Que en paz descanse mi hermano Tomás Mejía
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El mes pasado perdimos a un gran amigo con la muerte de Tomás Mejía, un conserje que fue asesinado por un ladrón aparentemente tratando de quitarle las llaves de los apartamentos donde trabajaba. Supuestamente, el joven invasor tenía problemas de salud mental y adicción. Ya es tiempo de decir… ¿y qué? Lo voy a explicar.
Otro amigo, un prominente abogado en la lucha para una reforma migratoria, dice que no hay héroes en la política. De acuerdo, pero hoy miro hacia la comunidad y si los hay. Tomás fue uno de ellos, pero hay millones más. La semana pasada la presidenta del concilio de Los Ángeles, Nury Martínez, fue criticada por apoyar una nueva ley de acampamentos de los homeless en áreas públicas, o sea, áreas que pertenecen a todo el público.
Nury acoto que muchos inmigrantes llegan a este país sin nada y se parten la madre para salir adelante. Martínez respondió con unas preguntitas sobre si ellos no merecen disfrutar de nuestros parques, bibliotecas, calles y playas. Lo dice porque muchas de las áreas públicas de nuestras comunidades se han convertido en cuarteles para vagabundos. Muchos de ellos, hay que decirlo, enfermos, adictos e indigentes.
Es importante también acotar que cuando muchos latinos y morenos tenían adicción a la cocaína en los años 80’s y 90’s, la clase de niños con privilegio de esas épocas no exigían compasión a como lo piden con la nueva generación de adictos, quienes son hoy mayormente blancos. Mientras, con nuestra gente, exigían encarcelamiento. Pero quién hace cuentas.
La verdad es que el capitalismo americano siempre ha tenido alejados, pero también es verdad que en Los Ángeles históricamente esas personas han sido los latinos y morenos sin oficio o educación profesional. Agréguele sin papeles o con felonías a su record y tenemos dos ciudades, una de los ricos y otra con el resto de nosotros. Pero aquí en nuestro diamante llamado Los Ángeles, el fenómeno de migración por parte de miles de vagabundos y desalojados de la economía ha causado un caos tremendo. Junto con la pandemia y el vicio, Los Ángeles, con nuestro excelente clima, ha llegado a ser la sabana de los alejados del capitalismo. Esto ha tocado nuestro diamante Los Ángeles y arriesgamos volverlo carbón.
Pero Los Ángeles es rico en brillantes todavía más valiosos, las millones de personas trabajadoras que no tienen vicios de drogas ni alcohol y menos enfermos de flojera. Gente que cada día dejan a sus hijos temprano en las escuelas para que alimenten sus sueños y, después poder correr al trabajo para ganarse el pan de cada día para alimentar a los leoncitos, como nos solía decir mi padre. Gente que cada domingo están a tiempo en misas de 7 a 9 de la mañana para nutrir sus espíritus. Esos son los héroes a quienes me refiero y Tomás fue uno de ellos.
Cada día todos manejamos diferentes dificultades. Como electores hemos votando para invertir billones de dólares en impuestos para vivienda y servicios de salud mental, adición y más prestaciones. Y los gobiernos sólo lo usan para beneficiar a sus amigos en la industria de ayuda a los pobres. Si realmente buscamos una solución, sería darnos a todos una nueva economía donde aquellos respeten la ley, trabajen duro y a los homeless en vez de darles un pescado, se les enseñe a pescar. Algo que era un sueño para el activista laboral Mejía.
Perdón, batallé para llegar al título y apunto ¿Que ganó Tomás Mejía al proteger a los inquilinos de su trabajo? Ganó mucho. Tomás ganó ser parte de la solución, de ser parte del club de la buena gente, de ser parte de los protagonistas de cada día. Tomás no fue un héroe de los que vuelan o tienen superfuerza, ni de los que manejan autos a altas velocidades. Tomás Mejía fue un héroe porque dentro de una economía abusiva y una sociedad racista siempre mantuvo su sonrisa, amaba con todo el corazón a su esposa e hijos y no cayó en la tentación. En un momento político donde se busca detener la migración, la Casa Blanca pronto ha olvidado al país que nos cosechó, empacó, transportó, cocinó y nos entregó alimentos durante el COVID-19. Muchos de ellos decidieron no su desempleo como otros.
En fin, ¿qué ganó Tomás? Mi respeto ya lo tenía, pero todos se lo deben. Hay que pasar una reforma migratoria para mostrarlo. Que en paz descanse mi hermano Tomás Mejía.
Javier González es un activista político y organizador laboral desde hace mucho tiempo. Creció en Santa Mónica, donde su familia emigró de Los Altos de Jalisco a principios del siglo XX. Ahora es consultor político y fundador de Tell That Story.