La pasión por la cocina lleva a chef a mantener a flote su restaurante durante la pandemia

Inmigrante mexicano naturalizado ciudadano de EE UU narra cómo pasó de lavaplatos a dueño de restaurante y como ha sobrevivido a la crisis de covid

Marco Antonio Rodríguez, un inmigrante de Chiapas, alcanza el sueño americano. (Araceli Martínez/La Opinión)
Marco Antonio Rodríguez, un inmigrante de Chiapas, alcanza el sueño americano. (Araceli Martínez/La Opinión)
Foto: Araceli Martínez / Impremedia

Cuando la pobreza empujó a Marco Antonio Rodríguez a abandonar su pueblo en Chiapas, México para venir a Estados Unidos en busca del sueño americano, no imaginó que un día tendría su propio negocio Gloria’s Cuisine L.A. en el barrio de Highland Park en Los Ángeles.

Pero para lograrlo tuvo que empezar desde abajo, como lavaplatos en un restaurante de comida francesa. Y aunque la pandemia amenazó con poner fin a su más preciado sueño, su pasión y dedicación por la cocina lo han hecho mantenerse a flote en estos tiempos de turbulencia económica.

El sueño de Marco Antonio dio inicio cuando vino a California en 1998.  “Tenía como 20 años cuando llegué y me quedé con un tío en la ciudad de Santa Ana”.

No habían pasado ni tres meses cuando el tío, lo vino a traer al área del parque MacArthur en Los Ángeles y lo dejó con unos familiares.

“Mi primer trabajo fue en la limpieza de un cine”, dice Marco Antonio, quien reconoce que esos primeros días fueron muy difíciles. “Uno llega con muchas ilusiones, pero darme cuenta que no vienes a recoger el dinero como se piensa en México, me hizo sentir muy triste”.

Marco Antonio Rodríguez encontró su pasión al emigrar a EE UU. (Araceli Martínez/La Opinión)

A finales de 1999, Marco Antonio regresó a Chiapas a sepultar a su madre y a su hermano que fallecieron intempestivamente en un trágico accidente.

En el año 2000, consiguió trabajo como lavaplatos en el Café Stella de Silver Lake. No imaginaba que ese humilde empleo le abriría las puertas para un día convertirse en chef y dueño de su propio negocio.

“Lavaba platos y limpiaba la cocina”, recuerda. Y mientras desempeñaba esas tareas, los olores del laurel, el comino y la cebolla le recordaban la cocina de su madre.

“Ahí fue cuando dije, quiero aprender a cocinar”.

Marco Antonio encontró una inspiración y un maestro en Hugus Quintard, el chef francés de Stella. “Un día quiero ser como él, pensé. Admiraba la pasión que ponía al cortar la carne y los filetes de pescado. Era muy respetado en la cocina”.

El chef Hugus era muy estricto y gritón con él, pero al mismo tiempo lo motivaba mucho. “Me pasé 5 años ayudándole en todo lo que me pedía y me convertí en su mano derecha”.

Cuando el chef Hugus dejó Stella, Marco Antonio ya era todo un conocedor de la cocina, y aunque no sabía inglés, se las ingeniaba para hacer nuevas recetas y postres.

“Yo les ponía mi sazón”.

Chilaquiles con huevo y enchiladas. (Araceli Martínez/La Opinión)

De la madre del dueño de Stella, quien se dedica al servicio de catering (preparación de comidas para eventos), con quien trabajó, aprendió los olores. “Me enseñó a nunca usar perfume para trabajar en la cocina, porque eso no te deja percibir los olores de los platillos y hasta si algo se está quemando”.

Conforme los años transcurrían, Marco Antonio fue albergando el sueño de tener su propio negocio.

“Con el apoyo de mi sobrino Alejandro De León comenzamos a preparar y vender postres como cheesecake y flanes”.

Luego salió la oportunidad del traspaso de un restaurante en Highland Park en 2016. 

Ese mismo año dejó el Café Stella y abrió su propio restaurante Gloria’s Cuisine L.A.

“Cuando le dije al dueño que me iba a abrir mi propio negocio, me dijo ‘no es fácil’. No es imposible’, le contesté”.

Y en efecto, los primeros meses no fueron fáciles. “Vendíamos $12, $10, $20 por día”.

Un burrito, creación de Marco Antonio Rodríguez. (Araceli Martínez/La Opinión)
El salmón toast de Marco Antonio Rodríguez. (Araceli Martínez/La Opinión)

Sin embargo, su estilo de comida latina casera basada en las recetas de sus padres, se impuso y le empezó a ir bien. Con lo que no contaba era con la covid-19.

“La pandemia nos agarró sin darnos abasto para atender a los clientes”.

Debido a la orden de cierre de negocios, el Gloria’s Cuisine L.A. cerró entre dos y tres meses. “Los planes de ampliarnos se vinieron abajo. Cuando comenzó covid, vivíamos 10 familias de Gloria’s. Hoy quedamos 6 familias”.

Dice que la pandemia acabó con sus ahorros y tuvieron que ingeniárselas para sobrevivir cuando reabrieron. “No sabe igual la comida para llevar, pero ofrecimos ese servicio, y regalábamos pan y agua con cada compra para animar a los clientes”.

Fue una época muy frustrante, dice, porque ningún banco quiso refinanciar el edificio que alberga a Gloria’s Cuisine L.A. y que había comprado en 2018.

Los waffles de Marco Antonio Rodríguez . (Araceli Martínez/La Opinión)

“Al final, pedí un préstamo a un amigo. Y si no hubiera sido por la ayuda federal y los ahorros, hubiéramos cerrado”.

A partir del 10 de mayo, empezó a verse la luz al final del túnel. “Las ventas comenzaron a levantarse para por lo menos pagar los sueldos”.

Agrega que el miedo a la variante Delta de covid-19 se ha sentido en la última semana, cuando notó de nuevo una baja en el número de clientes.

A pesar de los vaivenes en el consumo, confía que tiene fe en que van a seguir adelante.

En los momentos más duros de la crisis de salud, revela que le pedía a Dios su mano protectora para que su negocio no desapareciera.

“Soy un hombre de fe. Creo que Dios, pero también estoy convencido de que mi madre Gloria y mi hermano Mario se convirtieron en mis ángeles en el cielo y me han ayudado en todo este tiempo”.

A cinco años de abrir Gloria’s Cuisine L.A. y de todos los desafíos impuestos por la pandemia, Marco Antonio dice que no se arrepiente de haberse atrevido a abrir su restaurante y a dejar de ser empleado.

“En verdad vale la pena tener y luchar por tu propio negocio”.

Pancakes con fruta, creación de Marco Antonio Rodríguez. (Araceli Martínez/La Opinión)

Y al hacer un balance de sus más de dos décadas de vivir en California, dice que tiene mucho que agradecerle a este país. “He realizado mis sueños y he tenido oportunidades”.

En noviembre de 2020, juró lealtad a EE UU al naturalizarse ciudadano con la mascarilla puesta para protegerse de un contagio del virus.

“La señora que me hizo el examen para la ciudadanía fue un ángel. Fueron 10 preguntas que me había aprendido al revés y al derecho”.

Y aun recuerda los muchos años que vivió en las sombras tras expirar su visa de turista con la que entró al país. “Se dificultan muchas cosas cuando no tienes un seguro social. Me acuerdo que cuando abrimos el restaurante no pude conseguir un crédito para comprar una máquina para hacer café expreso. No nos quedó otra más que ofrecer café regular y café de olla”.

No imaginaba que el café de olla, llegaría a ser el café más demandado por sus clientes, 80% blancos, 10% latinos, 5% afroamericanos y 5% asiáticos.

Marco Antonio Rodríguez le ha puesto cuerpo y alma a su restaurante Gloria’s Cuisine L.A. (Araceli Martínez/La Opinión)

A Marco Antonio no le queda duda de que la dedicación y el amor por la cocina han sido su motor para luchar por su restaurante.

“Mi meta era que un día me trataran como al chef Hugus, quien fue como un padre para mí”.

Por eso no hay nada que lo haga más feliz que cuando un cliente le dice, ¡qué rica está tu comida!.

Lo más importante que ha aprendido en este país, dice, es nunca olvidar de dónde vienes y mantener la humildad.

Marco Antonio le puso Gloria’s a su restaurante en honor a la memoria de su madre Gloria Hernández. Su padre David Rodríguez aún vive en Chiapas y tiene 76 años.

Gloria’s Cuisine L.A. se localiza en el 231 N Avenue 50, Los Angeles, CA 90042. Debido a la pandemia, solo abren de 8 a.m. a 3 p.m. todos los días.