Inmigrantes cuentan lo vivido en el 9/11

Trabajadores de un restaurante que se ubicaba en las Torres Gemelas dicen que fue un día aterrador

Rosa Hernández tiene hoy 64 años y recuerda el 9/11 como si hubiera pasado ayer./ cortesía.
Rosa Hernández tiene hoy 64 años y recuerda el 9/11 como si hubiera pasado ayer./ cortesía.
Foto: Cortesía

Con un momento de silencio pero sin poder contener las lágrimas, este jueves diversos extrabajadores de un restaurante en Nueva York destruido durante los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, recordaron en una reunión virtual a los compañeros que perecieron.

Se estima que unos 73 empleados del establecimiento Windows on the World, que se ubicaba en el piso 106, estuvieron entre los miles de fallecidos después que dos aviones estallaran en las Torres Gemelas.

Rosa Hernández, de 64 años, recordó ayer lo mucho que disfrutaba su trabajo y cómo sus compañeros de diferentes nacionalidades se habían vuelto como una familia.

“Llevaba más de dos años trabajando en el departamento de alteraciones de uniformes para los empleados”, contó. “Yo nunca llegaba tarde a mi trabajo”.

La residente del alto Manhattan recordó que su hora de entrada era a las 9:00 a.m.,; no obstante, ese día en particular le pidieron cambiar el horario para entrar a las 11:00 a.m.

“Ya iba camino al trabajo cuando se paró el tren y no sabíamos qué pasaba”, narró Hernández. “Cuando abrieron la puerta había un caos total y todo mundo estaba corriendo”.

La mujer de origen dominicano, quien en ese momento desconocía la magnitud del problema, decidió caminar de regreso a casa ya que no encontró manera de llegar al trabajo. Dijo que de pronto, pasó por un lugar donde tenían la televisión prendida y vio lo que ocurría.

“Cuando yo vi eso me quedé loca, vi que el avión entró y el humerío que sacaba”, dijo Hernández. “Ver a la gente tirándose, eso fue horrible”.

Agregó, que después se enteró por medio de conocidos que un compañero muy querido por ella llamó a sus primos después de la explosión del avión en el edificio. Les dijo a sus familiares que no podía ver nada y en ese momento el edificio se derrumbó.

La dominicana corrió hacia su casa en busca de sus hijos. El pequeño era apenas un adolescente y tras encontrarlo afuera de la casa, cuenta que lo abrazó y se pusieron a llorar.

“Creo que ese no era mi día para morir. Lo sé porque la gerencia en Windows on the World casi nunca cambiaba mi horario de trabajo… Fue el día más triste de mi vida. Recé y recé todo ese día”, dijo Hernández.

Sin poder comunicarse

Abuld Karim Traore trabajaba como cocinero también en el restaurante Windows of the World. El originario de Costa de Marfil, un país de África Occidental, se estableció en Nueva York en 1992 y para 1997, tras un proceso migratorio, lo alcanzó su esposa Hdidjatou Karamoto. El plan era que pronto llegaría su hija de 13 años que se había quedado en su país.

“Fue el mejor momento cuando me reuní con él… Pero mi hija no pudo llegar por el proceso migratorio tardado y desafortunadamente no tuvo la oportunidad de ver de nuevo a su padre”, comentó ayer Karamoto.

Para 2001, la pareja ya tenía dos hijos de 1 y 2 años. La mujer recuerda que su esposo, como todos los días, se fue a las 4:00 a.m., poco después de arreglarse e intercambiar algunas palabras.

“Él estaba muy contento de trabajar ahí”, dijo. “Incluso había sido nominado como el mejor cocinero de Nueva York”.

Lo que desconocía es que ese 11 de septiembre sería el último día que lo vería.

Dijo que alrededor de las 8:30 a.m., mientras alistaba a sus hijos y se preparaba para ir a su clase de inglés, el teléfono sonó.

“Era el sobrino de mi esposo preguntándome si él había ido a trabajar ese día y le dije que si”, recordó Karamoto.

El sobrino prosiguió a explicarle lo que pasaba y le dijo que prendiera el televisor. Cuando así lo hizo solo vio mucho humo salir del edificio y la mente se le nubló.
“Traté de llamarle a su celular pero no me contestó. Mi inglés era muy limitado y no sabía qué hacer”, recordó este jueves Karamoto.

Cuando vio que el segundo avión se estrelló en el otro edificio, su esposo continuó llamándolo pero nunca volvió a escuchar de él.

Comienza el movimiento

Sekou Siby dijo que en 2001 era cocinero en Windows on the World. Al igual que Hernández aseguró que él se sentía muy contento de trabajar en un ambiente que pese a tener empleados de diferentes nacionalidades era como una gran familia.

“Por casi tres años trabajé como cocinero, lavaplatos y sous chef y hacía todo lo necesario en el restaurante”, indicó.

Dijo que ese 11 de septiembre su amigo Moisés Rivas y él cambiaron los horarios de empleo.

“Ese día yo salvé mi vida pero perdí la de mi amigo y cargo esa culpa… Es algo que no se puede describir hasta ahora”, confesó.

Aunque pensó que ya nunca volvería a trabajar en el rubro de los restaurantes porque era algo traumatizante de recordar, también se dio cuenta que muchos de los empleados enfrentaban problemas financieros, falta de seguro de salud y muy pocos habían encontrado otro empleo. La mayoría de ellos no tenían ahorros para sostenerse.

Mientras trabajaba como chofer de taxi se enteró que para el final de 2001, dos tercios de los trabajadores de restaurantes no tenían empleo.

“Fue un momento en que los sobrevivientes de Windows on the World, incluido yo, nos organizamos para buscar a nuestro antiguo empleador”, dijo Siby, quien ahora es el presidente de Restaurants Opportunity Centers (ROC) United.

ROC United de Nueva York nació con la misión de luchar por salarios dignos, mejorar las condiciones de trabajo y una mejor protección laboral para los trabajadores de restaurantes.