$1.5 millones de dólares recibirá una familia del Condado de Orange que en 2017 recibió los restos de un extraño cuando el hijo estaba vivo

La oficina del forense del Condado de Orange no verificó la identidad de la persona fallecida y entregó el cuerpo a la familia Kerrigan; semanas después apareció el hombre que creían muerto

LONG BEACH, CALIFORNIA - APRIL 07: (EDITOR'S NOTE: Editorial use only.) Ken McKenzie (L) and life partner Troy Garcia, cosmetologist, prepare Terrance Sheppard, who passed away due to COVID-19 complications, for his funeral amid an overflow of the deceased during the pandemic at McKenzie Mortuary Services on April 7, 2021 in Long Beach, California. Sheppard is survived by his husband Mario Frausto. McKenzie opened his mortuary during the AIDS epidemic, while some of his friends were dying of the disease. He openly received the bodies of AIDS victims without charging extra fees or turning away families. He sees parallels between the two epidemics, but notes that the preponderance of LGTBQ victims made the AIDS crisis far less politically urgent. He believes medical advances and social media also hastened the COVID response. He said 'The difference is how quickly we acted on it...and how quickly an antidote was found.' (Photo by Mario Tama/Getty Images)

Los familiares oficiaron una misa y dieron sepultura a un extraño. Crédito: Mario Tama | Getty Images

Un jurado del sur de California decidió otorgar $1.5 millones de dólares a familiares de un hombre que había sido declarado muerto por error por las autoridades y que resultó que una persona extraña fuera enterrada en lugar de un hijo que se encontraba vivo.

El jurado de la Corte Superior determinó que la oficina del forense del Condado de Orange había cometido negligencia y tergiversación intencional al declarar como fallecido a Frankie Kerrigan en 2017.

El forense dijo que Kerrigan, que entonces tenía 57 años, tenía esquizofrenia y con frecuencia vivía en las calles, había muerto en mayo de 2017 frente a un negocio en Fountain Valley.

Un oficial de policía había dicho a los forenses que creía que el cuerpo era el de Kerrigan, tomando como base contactos previos. Un forense lo identificó erróneamente por la foto de licencia para conducir de Kerrigan tomada 11 años atrás.

Las huellas dactilares de la persona fallecida fueron enviadas al FBI y a otras agencias de policía y resultó que pertenecían a otro hombre, John Dean Dickens, de 54 años. Sin embargo, el código de identificación de las huellas no fue verificado debido a la falta de capacitación de un empleado en un nuevo sistema digital, según testificó un forense durante el juicio.

El cuerpo fue entregado a la familia de Kerrigan, que ofició una misa católica y realizó un sepelio con un ataúd abierto.

Dos semanas después de que la familia había sido notificada de la muerte de Kerrigan, un amigo que había sido portador del féretro durante el funeral llamó al padre de Frankie, Francis, para decirle que Kerrigan se había presentado en su casa.

El padre dijo que estuvo invadido por la alegría durante un minuto, pero después pensó que habían enterrado a una persona extraña.

El jurado otorgó $1.1 millones de dólares a Francis Kerrigan y $400,000 dólares a su hija, Carole Meikle.

El representante del Condado de Orange, Norm Watkins, dijo que nunca hubo intención de engañar a la familia y que la entidad decidirá si apela el veredicto del juez.

Dickens, originario de Kansas y que falleció debido a una enfermedad cardiaca, fue exhumado de la tumba de Kerrigan y fue entregado a sus familiares.

Actualmente, Frankie Kerrigan vive en un hotel y no se le había informado sobre el veredicto, según dijo su familia.

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