La peligrosa falta de regularización de la ayahuasca en México

Desde que famosos como Will Smith, Lindsay Lohan, Megan Fox, Sting y otros Hollywood han contado sus experiencias místicas con la Ayahuasca, muchas empresas han visto en el foco mediático una posibilidad de negocios “alternativos” para la “sanación”

La peligrosa falta de regularización de la ayahuasca en México

Los pueblos originarios quieren que haya una tipificación que separe las medicinas tradicionales de las plantas de poder. Crédito: EITAN ABRAMOVICH | AFP / Getty Images

MÉXICO- El atleta Eduardo Pérez tomó 30 mililitros de ayahuasca y se recostó para sumergirse en sí mismo, quizás para entender los patrones y dinámicas en sus relaciones personales o comprender mejor su propia personalidad; darle una dirección a su vida, tener ideas intelectuales o filosóficas; desintoxicarse o tener la cura que la empresa prometió con la yerba del amazonas.

Fue en una ceremonia que se llevó a cabo en la norteña ciudad de Monclova en octubre pasado. Los interesados se centraron en sus propios males “espirituales”, físicos o sociales, hasta que terminó el ritual y era tiempo de retirarse, alrededor de las 8:30 de la mañana.

Todos se estaban yendo a sus casas cuando una señora gritó: “No se mueve”.

Eduardo Pérez quedó muerto en el lugar. El Ministerio Público llegó poco después de la Cruz Roja Mexicana y determinó que la causa había sido un infarto.

¿Qué lo generó? Algunos de los presentes culparon a la ayahuasca; otros, a la bebida energizante que el muchacho había estado tomando y cuya lata lanzó al aire y casi golpea a otro de los asistentes a la ceremonia organizada por una de las empresas más populares en México sobre el tema: Onanya.

“La ayahuasca no te va a matar nunca, ni los hongos, ni el peyote, ni la marihuana. Nunca ha habido un caso de sobredosis, y las muertes que han sucedido no hay estudios que sustenten que ha sido a través de estas prácticas”, respondió Saúl Armendáriz, el fundador de la empresa, quien ahora está en la mira de la fiscalía local.

Desde que famosos como Will Smith, Lindsay Lohan, Megan Fox, Sting y otros Hollywood han contado sus experiencias místicas con la Ayahuasca, muchas empresas han visto en el foco mediático una posibilidad de negocios “alternativos” para la “sanación”.

Onanya cuenta con más de 35,000 seguidores en Facebook y tiene presencia en ocho estados del país, ofrece paquetes cuyo valor ronda entre los 100 y 150 dólares por sesión en su equivalente en pesos.

Si la ceremonia solo incluye la ayahuasca, son 100 dólares que garantizan “intronspección para combatir el ego”; si incluye kambo, un analgésico natural, se suman otros 25 para “llegar más desintoxicado” y si se quiere una experiencia más profunda, se agrega glándulas de sapo (Bufo Alvaius) y el costo es de 150.

LA LEY A MEDIAS

La proliferación de empresas con este perfil, que se calcula en cientos, según activistas defensores de la medicina tradicional, mantiene en alerta a las autoridades mexicanas.

Aunque la ayahuasca no está prohibida por la junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes ni en ningún convenio internacional (solamente tres países la ha vetado de manera directa (Francia, Italia y Rusia); en México, las fiscalías persiguen en ciertas ocasiones porque una de las sustancias activas –la N,N-dimetiltriptamina o DMT– está incluida en la lista de sustancias psicotrópicas que data de 1971.

Cuando el gobierno mexicano notó el incremento de los rituales con ayahuasca inició una especie de persecución focalizada en algunos médicos tradicionales, cuatro de ellos de Perú, donde los ritos y cantos de ayahuasca son patrimonio cultural de la nación.

A José Campos y Lauro Hinostrosa los detuvo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con aproximadamente tres kilos cada uno y desde entonces ellos liberan juicios por tráfico de DMT aunque la ayahuasca tiene cantidades mínimas de la sustancia.

Esta política, mantiene en alerta a defensores de los derechos de los pueblos originarios por quienes el tema llegó al Senado.

En enero pasado se llevó a cabo el Foro Intercultural de Medicina Enteógena, convocado por la legisladora Alejandra Lagunes quien trabaja en una iniciativa de ley para reclasificar ciertas sustancias, pero el tema no ha avanzado. Ni con ella ni con otras propuestas.

Alvaro Visuet, portavoz de la organización Pacto por Anahuac, lamentó que el gobierno haya incumplido por los tiempos políticos de las campañas la promesa de realizar otro foro en la Secretaría de Salud que encabezaría el subsecretario Hugo López Gatell, para hacer frente a una legislación caduca y ambigua.

“Se estaba importando, pero ya se está produciendo aquí”, destacó.

Los pueblos originarios quieren que haya una tipificación que separe las medicinas tradicionales de las plantas de poder, entre las que se encuentra la ayuahuasca, porque éstas sí generan una distorsión del estado psicomental de las personas; además, consideran que debería haber un consejo para autorizar a las personas que dirigen los rituales.

“Ese tipo de medicina de poder la tienen que hacer los pueblos originarios, quienes conocen el culto desde niños y los preparan para este trabajo, no los neo hippies que se montan en las modas”, destaca Visuet.

“Eso es muy irresponsables y sabemos de muchas muertes por el mal uso de las que no se habla: los que se mueren es porque llegan  borrachos o drogadictos  mezclan la ayahuasca o porque son diabéticos o sufre de la presión y quienes organizan las ceremonias no lo notan, no los previenen”.

La conclusión que tiene la gente de los pueblos originarios es que se han pervertido sus tradiciones. Visuet cita el ejemplo del temazcal: “hay gente que se ha quemado o que se ha intoxicado porque a las hierbas que lleva regularmente (romero, yerbabuena) le han agregado marihuana y eso no ha existido nunca en los pueblos prehispánicos, es insano porque el lugar cerrado de por sí con el vapor genera letargo, ¡imagínate lo que se está haciendo!

En Monclova, donde murió el atleta, por ejemplo,l a secretaría de seguridad reportó que  hay alrededor de 70 quintas que están siendo rentadas para fiestas donde se venden bebidas y otras sustancias “de medicinas ancestrarles” que no están regularizadas y prometen despertares espirituales, aperturas del tercer ojo o expansión de la conciencia y hasta cura de cáncer.

“¿Qué tiene que pasar para que el gobierno le entre al tema?, cuestiona Visuet.

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