El COVID afecta la edad del cerebro: esto dice una nueva investigación
Un análisis reciente de la Encuesta de Población Actual de EE. UU. mostró que después del inicio de la pandemia de COVID-19, un millón adicional de estadounidenses en edad laboral informaron tener "graves dificultades" para recordar

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Desde los primeros días de la pandemia, la niebla mental se ha destacado como una preocupación significativa entre aquellos que han experimentado COVID-19. Este fenómeno, caracterizado por una disminución en la claridad mental y la capacidad cognitiva, ha sido objeto de numerosos estudios que buscan comprender sus implicaciones a largo plazo.
Cuatro años después del inicio de la pandemia, la evidencia sigue acumulándose sobre los efectos del virus en la salud cerebral. Dos nuevos estudios publicados en el New England Journal of Medicine arrojan luz sobre el profundo costo que la COVID-19 tiene en la salud cognitiva.
El primero de estos estudios evaluó a casi 113,000 personas que habían contraído previamente COVID-19. Los investigadores descubrieron que aquellos que habían sido infectados mostraban déficits significativos en la memoria y en tareas ejecutivas, independientemente de cuándo contrajeron el virus o qué variante estuvo involucrada.
Incluso aquellos con síntomas leves experimentaron una disminución en la función cognitiva, y aquellos con síntomas persistentes o que habían sido hospitalizados en la unidad de cuidados intensivos mostraron pérdidas aún mayores en el coeficiente intelectual.
El segundo estudio, que involucró a más de 100,000 noruegos, documentó una función de memoria inferior hasta 36 meses después de una prueba positiva de COVID-19. Estos hallazgos sugieren que los efectos adversos en la salud cerebral pueden persistir mucho después de que el virus haya sido eliminado del cuerpo.
Problemas cerebrales
Los estudios también revelaron que la COVID-19 puede provocar una variedad de problemas cerebrales, incluidos déficits cognitivos, cambios en la estructura cerebral, inflamación prolongada, daño a la barrera hematoencefálica y la posibilidad de desarrollar demencia de nueva aparición en personas mayores.
Estas investigaciones ofrecen una perspectiva preocupante sobre el impacto a largo plazo del virus en la salud cerebral. Aunque se necesita más investigación para comprender completamente las vías específicas por las cuales el virus afecta el cerebro, está claro que la COVID-19 plantea un riesgo grave para la función cognitiva y la salud cerebral en general.
Los hallazgos de estos estudios tienen importantes implicaciones para la salud pública y la atención médica. En primer lugar, resaltan la importancia de tomar en serio los síntomas cognitivos después de COVID-19 y de proporcionar un seguimiento adecuado y tratamiento para aquellos que experimentan estos efectos adversos. Además, subrayan la necesidad de medidas preventivas para reducir la propagación del virus y proteger la salud cerebral de la población en general.
A medida que continuamos enfrentando los desafíos de la pandemia, es crucial no perder de vista los efectos a largo plazo que el virus puede tener en la salud de las personas. La COVID-19 no solo representa una amenaza para la salud física, sino también para la salud mental y cognitiva, y debemos seguir investigando y abordando estos impactos de manera integral.
Es fundamental que los sistemas de salud y las políticas públicas reconozcan la importancia de abordar los efectos a largo plazo del COVID-19 en la salud cerebral y proporcionen recursos adecuados para la investigación, la prevención y el tratamiento de estas complicaciones. Solo así podremos mitigar el impacto devastador que la pandemia ha tenido y continuará teniendo en la salud de las personas en todo el mundo.
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