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Inmigrante hondureña aceptó una deportación voluntaria tras vivir casi toda su vida en EE.UU.

Desde los 8 años de edad ha vivido en California e incluso estaba próxima a ingresar a la escuela de enfermería

La redadas de ICE se han intensificado con la llegada de Trump a la presidencia.

La redadas de ICE se han intensificado con la llegada de Trump a la presidencia. Crédito: AP

Allison Bustillo-Chinchilla, una joven hondureña de 20 años que vivió la mayor parte de su vida en Estados Unidos, aceptó una deportación voluntaria después de permanecer seis meses bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Su decisión, informada por el medio WFAE, es una espejo de la dura realidad que enfrentan miles de inmigrantes que, pese a haber crecido en territorio estadounidense, se ven obligados a regresar a países que apenas conocen.

Bustillo-Chinchilla, quien soñaba con convertirse en enfermera, renunció a su solicitud de asilo frente a un juez de inmigración y optó por salir sin una orden formal de deportación en su historial. Este mecanismo suele considerarse la alternativa menos perjudicial para quienes no cuentan con los recursos legales necesarios para prolongar su defensa en tribunales.

El caso ocurre en un contexto de estrictas políticas migratorias que, de acuerdo con analistas, han sido presentadas por sectores republicanos como el mayor esfuerzo de deportación masiva en la historia del país.

Más allá del ámbito político, la historia de Allison visibiliza el costo humano de estas medidas contra los inmigrantes, que afectan incluso a jóvenes sin antecedentes penales y con fuertes vínculos en Estados Unidos.

Una vida interrumpida en Carolina del Norte

La joven llegó a Carolina del Norte a los ocho años, donde cursó estudios en Crest High School, Shelby, y posteriormente obtuvo una beca en la Universidad Gardner-Webb. Sin embargo, su vida dio un giro en febrero, cuando agentes federales allanaron la casa de su familia en el este de Charlotte.

Tanto ella como su madre y su hermano fueron detenidos. Aunque sus familiares fueron liberados para hacerse cargo de dos menores, Allison fue trasladada al Centro de Detención Stewart, en Georgia.

Su madre, Keily Chinchilla, señaló a WFAE que las duras condiciones dentro del centro de detención influyeron en la decisión de su hija de aceptar la deportación voluntaria.

Me siento decepcionada. Me siento cansada y es muy difícil porque no podré verla salir del país”, expresó.

Una salida con promesas y limitaciones

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha promovido la aplicación CBP Home como una alternativa para los migrantes que deciden abandonar el país voluntariamente. Según la institución, el programa permite organizar vuelos de regreso con los gastos cubiertos y un estipendio de 1.000 dólares, además de mantener la posibilidad de solicitar el reingreso legal en el futuro.

A pesar de estas promesas, para familias como la de Allison la medida no compensa la separación ni el desarraigo. Lo que se presenta como una salida voluntaria, en muchos casos, resulta ser una decisión forzada por el temor a la detención prolongada y las limitaciones económicas para enfrentar largos procesos legales.

El caso de Bustillo-Chinchilla pone en evidencia la vulnerabilidad de los inmigrantes que, aunque crecieron y estudiaron en Estados Unidos, deben enfrentarse al retorno a un país que sienten ajeno.

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