Una latina abre brecha en la descarga de contenedores
Patricia Monterroso es dueña de una empresa en una industria dominada por los hombres en Los Ángeles
Patricia Monterroso, mujer emprendedora. Crédito: Silvia Brawnt | Cortesía
Patricia Monterroso sale de su casa calzada con tacones altos, pero si en su empresa de servicios de descarga se ocupan manos para ayudar, no duda en ponerse las botas o los zapatos tenis para entrarle al trabajo físico.
“A mis 50 años, me siento orgullosa de poder ponerme a descargar, si falta gente”, dice Patricia, hija de inmigrantes guatemaltecos, nacida en Gardena, California.
Hace cinco años, en plena pandemia de covid-19, perdió el empleo en la industria de descarga y carga de contenedores en la que había trabajo por 26 años.
“Entré a trabajar en las bodegas porque me ofrecían flexibilidad en los horarios, yo era una mamá soltera; y aprendí todos los puntos de la descarga y el almacenaje; luego me ascendieron a la oficina para encargarme de la contratación del personal”.

Cuando su posición de trabajo fue anulada en el 2020, y se vio obligada a analizar su situación laboral, pensó que era la oportunidad de crear su propia empresa a la que llamó Red Notice Solutions.
“Empecé con un equipo de cinco personas entre ellos mi esposo Jorge, mi hijo Daniel, dos sobrinos y su amigo Giovanni”, dice.
El trabajo de su empresa básicamente es ir a las bodegas, descargar contenedores del puerto, separar, seleccionar y almacenar para enviar las mercancías a diferentes empresas.
Y claro que no fue fácil abrir su priopio negocio, y en más de una ocasión, estuvo a punto de tirar la toalla.
“Cuando empecé, duré más de un año y medio sin pagarme. Tenía que extender un dólar en cuatro pedazos. Me ayudó mucho que mi esposo tenía un trabajo, y mientras la empresa se levantaba, conseguí un empleo de medio tiempo. Vivíamos de cheque en cheque”, recuerda.

Empezar de cero fue todo un desafío porque la industria de la descarga de contenedores está dominada por hombres.
“Gracias a Dios, en enero de 2021 me contrató una empresa que me ofreció descargar 20 contenedores a la semana. Al demostrar la capacidad y contratar más personas, en seis meses, nos empezaran a dar 60 contenedores a la semana, descargábamos de 10 a 15 contenedores diarios. Así empecé a crecer”.
Pero para llegar a ese punto, debió tocar 50 puertas y esperar meses por una oportunidad.
“La mejor recomendación es la palabra de la gente a la que has servido con trabajo fuerte y honestidad”, dice.
En el proceso de hacer avanzar su empresa, se encontró con que uno de sus mayores retos era la competencia y cómo ser diferente al resto.
“Hay mucha y como latinos no nos ayudamos y apoyamos; y las políticas de la industria me han costado un poco, pero he vencido los obstáculos con trabajo honesto; y todo lo que he logrado, lo he conseguido con el sudor de mi frente”.
Seis años más tarde, su empresa descarga un promedio de entre 400 a 500 contenedores por semana.
“Tengo a más de 180 personas trabajando para mí”, dice.
Y considera que todos esos años de trabajo y sacrificios en las bodegas, fueron definitivamente un factor clave porque le dieron el conocimiento para operar su propia empresa de descarga.
“Me ayudó para entrenar a mi equipo, que tenía las ganas y el mismo optimismo que yo”.

Desde luego que tuvo muchos temores.
“Es el miedo a no tener éxito cuando te quedas sin ahorros. Mi esposo y yo invertimos todo lo que teníamos, pero me motivó mucho que él creyó en mí, y mi exjefe también me apoyó mucho”.
El motor que la impulsaba a no desistir era el fuerte deseo de dejar a su hijo un legado.
“Esto lo estoy haciendo por mi hijo; y porque tengo que luchar por lo que quiero”, se decía a sí misma.
Su sueño – dice – es llegar a ser parte de un equipo empresarial a nivel nacional.
“Quiero llegar de costa a costa, establecer contratistas por todo Estados Unidos, y hacer este trabajo pesado a través de mis equipos”.

¿Ha valido la pena todo este esfuerzo para tener tu propia empresa?
“Claro que sí, ya me puedo pagar un sueldo, y veo el fruto de mi trabajo; y aprendí que uno mismo, es su propio desafío, porque hay que entender que es muy difícil que una empresa se levante en seis meses. Es poco a poco y hay que tomar decisiones inteligentes para crecer”.
Si hay algo que le llena de orgullo, es proveer un sueldo a la gente que trabaja con ella, y que quieran regresar al día siguiente a seguirla apoyando.
“Mi empresa no sería posible sin las personas que me están apoyando atrás. Yo no soy nadie sin mi equipo que me apoya. Por ellos, yo estoy aquí. Sin ellos, no soy nadie”, dice.
Aunque reconoce que frente al clima antiinmigrante, encontrar personal se ha vuelto complicado, dice que su equipo se las ha ingeniado para sacar el trabajo.
“Los supervisores se han metido a descargar ellos mismos, y nos ayuda mucho trabajar con la flexibilidad que la gente nos brinda. Hemos manejado las piezas como ajedrez para descargar los contenedores”.
A las latinas, les dice que no hay nada que no puedan lograr, y que no hay que tener miedo al fracaso.
“Si fallas, vas a aprender a mejorar las cosas; y si podemos ser mamás, esposas y hacernos cargo de una casa todo al mismo tiempo, también podemos sacar una empresa exitosa”.