Tommy Mesa, chelista de lo antiguo y lo moderno
A sus 35 años se ha consolidado como uno de los músicos clásicos más innovadores de su generación
Tommy Mesa planea editar un álbum con piezas de compositores inmigrantes. Fotos: Francesca Sacco Crédito: Francesca Sacco | Cortesía
A sus 35 años, Tommy Mesa posee una trayectoria impresionante que comenzó cuando ganó en 2016 el primer lugar en la prestigiosa Sphinx Competition, un concurso nacional anual que se celebra en Detroit, Michigan, dedicado a jóvenes intérpretes de instrumentos de cuerda de música clásica de origen afroamericano y latino.
Además de ese logro, Tommy es graduado de la Juilliard School, tiene una maestría por parte de la Northwestern University y obtuvo un doctorado en artes musicales en la Manhattan School of Music. En esta escuela es desde el otoño pasado parte del profesorado de violonchelo.
Sin embargo, nada de esto existiría si no hubiera sido por un afortunado incidente en la vida artística de este violonchelista.
“Cuando estaba en la secundaria elegí la clase equivocada”, dijo. “Quería tocar la trompeta y terminé eligiendo orquesta, pensando que había trompetas en una orquesta, que no había; había solo instrumentos de cuerda”.
Cuando llegó el primer día de clases, Tommy se sorprendió y trató de salirse de la clase, pero ya no había espacio en el otro curso.
“Así que tuve que quedarme en la clase y terminé tocando el chelo por eso”, recordó. “Así que fue un pequeño y divertido accidente”.
Actualmente, Tommy, quien es de padre cubano y madre estadounidense —originaria de Chicago—, se ha consolidado como uno de los artistas más innovadores y cautivadores de su generación.
En temporadas recientes ha sido artista residente de la Orquesta Sinfónica de Tucson y ha debutado con orquestas como la Filarmónica de Calgary, la Orquesta de Cámara de Filadelfia y las orquestas sinfónicas de Ann Arbor, Columbus, Delaware, Greenwich, Quad City y Rogue Valley.
En febrero, Tommy lanzará al mercado “17(67)”, el segundo disco de su carrera y que grabó al lado de la pianista Yoon Lee. El título del álbum tiene dos significados; por una parte, es el año en el que el violoncelo que toca fue construido por Nicolò Gagliano; y por otra, “esta cosa nueva que todos los niños lo están diciendo, el símbolo digital que nadie realmente sabe lo que significa”.
Y es que las piezas que escogió Tommy para esta producción, como él mismo lo explica, tienden puentes entre siglos de expresión musical. Por ejemplo, incluye piezas de los compositores Saint-Saëns, Jocelyn Morlock, Jules Massenet, Ernesto Lecuona, Florence Price y Francisco Braga.
“Es un concepto híbrido”, dijo el músico. “Un poco de antiguo, un poco de nuevo”.
Algunos de los compositores, como Lecuona y Braga, son latinoamericanos, mientras que otra gran parte son mujeres.
“Es un álbum divertido”, dijo. “Creo que es importante que toquemos música por la demografía que tenemos en el mundo […] Y creo que todos nuestros programas deberían tener a compositoras, porque la mitad del mundo son mujeres; está sucediendo cada vez más, y estoy muy contento por eso”.
Luego de este álbum, Tommy planea editar otro que se llamará “American Immigrant”, en el que destacará música de compositores que son primera generación de inmigrantes; van a escribir sobre su historia familiar. Es un proyecto que espera realizar en año y medio o dos.
“Estoy emocionado por eso”, dijo. “Es tan relevante ahora, especialmente que necesitamos destacar estas historias”.
