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Redada de ICE desata movimiento Lucha Zapoteca, que libera a trabajadores indígenas

Fueron arrestados 14 durante la redada en Ambiance Apparel, tres fueron deportados y el resto lucha por permanecer en el país

Rueda de prensa organizada tras el arresto de 14 indígenas zapotecos en el Distrito de la Moda de L.A.

Rueda de prensa organizada tras el arresto de 14 indígenas zapotecos en el Distrito de la Moda de L.A. Crédito: Lucha Zapoteca | Cortesía

El arresto de 14 trabajadores indígenas mexicanos durante la redada de migración en la tiendab Ambiance Apparel en el Distrito de la Moda de Los Ángeles el verano pasado, dio lugar al inesperado nacimiento del movimiento llamado Lucha Zapoteca que consiguió la liberación de la mayoría, y quienes continúan en la pelea por permanecer en el país al lado de sus familias.

El 6 de junio, en medio de protestas y enfrentamientos, agentes federales del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), el Departamento de Seguridad Nacional y del FBI ejecutaron un operativo sin precedentes en la tienda Ambiance Apparel que dio como saldo el arresto de 40 empleados por aparentemente trabajar con documentos falsos.

De los 40 arrestados, 14 eran indígenas zapotecos de Veracruz, y uno de Oaxaca. Todos eran familiares entre sí, primos y tíos: Tomás, Juan Fernando, José Paulino, Jacob, Miguel, Oscar, Uriel, Lázaro, Felimón, Ismael, Reynaldo, Luiz, Mario y Jorge, con edades comprendidas entre 24 y 56 años.

Si quieres apoyarlos visita la página en GoFundMe: Urgent aid for LA families of 14 detained by ICE.

“Nadie nos imaginamos que iba a caernos una redada. Estábamos trabajando cuando miramos que llegaron los oficiales. Fue un impacto muy fuerte. La familia es lo primero que se te viene a la mente; piensas en tus hijos. Yo tengo cuatro, dos menores. Uno no sabe qué va a pasar en ese momento”, dice uno de los trabajadores detenidos, que estuvo tres meses bajo arresto en el Centro de Detención de Adelanto.

Pide no dar su nombre y solo ser identificado como “familiar de Jenny”. Jenny es Jennifer Alejo, organizadora de la Lucha Zapoteca.

El trabajador oaxaqueño de 43 años, llevaba cuatro años trabajando en Ambiance Apparel, y se encargaba de preparar los envíos de ropa para entregar a las paqueterías.

Los meses de encierro en Adelanto han sido los más duros de su vida.

“La comida es muy mala, sin sabor, ni sal; te dan ensaladas echadas a perder; el aire acondicionado lo ponen demasiado frío; la luz siempre está prendida; cuando estás dormido, los guardias te echan la luz de lámpara en la cara”.

Su celda con un sanitario la compartía con cuatro personas en una unidad donde había 90 inmigrantes de todas las razas.

Aún con todo en contra, nunca le pasó por la mente darse por vencido y firmar la deportación voluntaria.

“Lo que me daba fuerza de voluntad para soportar, era el deseo de volver a estar con mis hijos; ellos eran mi motor para resistir”.

Recuerda que al principio de su detención, un oficial lo quiso forzar e intimidar para que firmara sus documentos de deportación.

“Me estuvo gritando hasta que le respondí que necesitaba ver a mi abogado. Cuando perdió la paciencia, le dio un golpe a la mesa, aventó los papeles y se salió”.

Este trabajador logró su libertad gracias a la Lucha Zapoteca que le proporcionó abogados para defenderlo, y pagar la fianza.

“Yo no salí de Adelanto sino del hospital al que me habían llevado cuando me puse muy mal por tanto estrés y preocupaciones”, dice.

El familiar de Jenny relató que por la falta de higiene, le salieron cuatro llagas en las piernas que se le infectaron y le causaron fiebre.

“Tuve que solicitar el servicio médico por escrito. Hice cuatro peticiones durante varios días, y nada. Hasta que un jueves, amanecí con demasiada temperatura, dolor, hinchazón y enrojecimiento en una pierna y sintiéndome muy mal. De nuevo me pidieron mandar otro papel solicitando ver a un doctor; me dijeron que en 15 minutos me atendería”, dice.

Cuenta que llamó por teléfono a su familia para ponerlos al tanto de su estado de salud.

Después de pedir un doctor por enésima vez, fue y se recostó, y de tantas pastillas Ibuprofeno que se tomó, se intoxicó.

“Era lo único que tenía a la mano para el malestar”, comenta.

Al llegar la hora de la comida, no tenía apetito, pero aún así como pudo arrastrando la pierna, se aproximó al comedor.

“Me sentía tan mal, que ya no pude más y perdí el control. Me caí, y entonces sí llegaron corriendo con una camilla y un tanque de oxígeno. Me llevaron al hospital donde estuve como seis días”.

Cuando se recuperó, para él fue una sorpresa que los del ICE lo dejaran libre.

“Fue una felicidad encontrarme con mis hijos después de tanto miedo de no volver a verlos. Nunca habíamos estado separados. En esos tres meses, me perdí muchas fechas importantes de la familia”.

A casi cuatro meses de haber recuperado su libertad, este trabajador dice que vive en la incertidumbre de no saber qué le depara el destino.

“Nunca me imaginé que la Migración me iba a detener. Fue algo muy fuerte. Lastima mucho emocionalmente a los familiares y a los hijos. Dos de ellos se pusieron muy mal, se enfermaron. A uno de ellos le sangraba la nariz. Los más pequeños todavía reciben terapia”. 

Y no pierde la fe y esperanza de arreglar su estatus migratorio.

“Es duro. Soy la cabeza de la familia, y por ahora no tengo permiso para trabajar. Gracias a Dios, ya trabaja uno de mis hijos, y nos apoya económicamente en lo que puede”.

Dice que no le desea a ningún migrante que lo detengan y encierren por meses como a él.

“Les quiero dar un consejo, sepan que tenemos derechos y uno de ellos, es a no contestar las preguntas que nos hagan y a guardar silencio”.

Aconseja siempre traer algo de dinero en la bolsa.

“Si te detienen, ese dinero te lo ponen en una cuenta que te sirve para comunicarte por teléfono y comprar comida cuando te llevan a un centro de detención. Cuando recién te arrestan, te dan gratis una llamada de cinco minutos, pero es mejor siempre llevar algo de dinero en la cartera, por si acaso lo detienen a uno”.

Dice que en lo que la familia averigua dónde estás o cómo depositarte el dinero, es importante tener algo de efectivo para hacer llamadas y comprar alimentos en la comisaría.

“Lo que venden en la comisaría es básicamente pura comida procesada, galletas, sopas Maruchan, café instantáneo, atún y pollo”.

El trabajador dice que lo vivido tras la redada en su fuente de trabajo es algo muy difícil de asimilar, y aún de vez en cuando sufre pesadillas.

La Lucha Zapoteca

Cuando Jennifer Alejo, una organizadora de inmigrantes en la Bahía de San Francisco, se enteró del arresto de los 14 indígenas zapotecas en Ambiance Apparel, se movilizó de inmediato en busca de ayuda, y al día siguiente llegó a Los Ángeles.

Los detenidos, eran parte de su familia.

“Todos son familiares, tíos y primos”, dice.

Fue su madre quien le llamó por teléfono para ponerla al tanto de lo que pasaba, luego sus primas y tías empezaron a llamar para ver si era cierto.

“No estábamos muy claros de lo que estaba pasando. Cuando confirmamos que era la primera redada de esa magnitud en Los Ángeles bajo el segundo periodo de Trump, empecé a comunicarme con mis contactos para ver qué podíamos hacer para ayudarlos”

El sábado 7 de junio, un día después de la redada, Jennifer se reunió con las familias en un salón de fiestas que les prestaron en Los Ángeles para armar un plan de acción y compromiso.

Así nació el movimiento que llamaron Lucha Zapoteca para rescatar a los trabajadores zapotecas que se había llevado el ICE en la redada del Distrito de la Moda. 

Para Jennifer organizar a la gente para luchar por una causa, no era una tarea nueva.

“He estado organizando por más de diez años a los trabajadores que son víctimas de robo de salario; muchos de mis contactos con los que he tenido el privilegio de trabajar, se integraron a la Lucha Zapoteca para liberarlos”.

“Sacamos a 11 de los 14. El primer trabajador fue puesto en libertad como a las dos o tres semanas después de su arresto. El último fue liberado en diciembre”.

Dice que todos tuvieron que pagar fianza para salir libres, y la más alta que se pagó fue por $15,000.

“Las fianzas fueron pagadas por una organización que los ayudó; y para todos conseguimos, abogados probono que no cobraron por sacarlos libres”.

La mayoría fueron dejados libres con una pulsera de monitoreo electrónico en el tobillo, pero a todos ya se las han quitado.

“Uno de los tres que deportaron, pidió su salida voluntaria porque no aguantaba las condiciones en Adelanto; a uno más lo hicieron creer que firmaba unos documentos que indicaban que tenía covid-19 cuando en realidad era su salida voluntaria”.

Alejo dice que una de las cosas que les ayudó mucho para lograr la liberación de los trabajadores fue la organización de las familias y crear una campaña para tener el apoyo de la comunidad y el público.

“Conseguimos los recursos y abogados que tomaron el liderazgo de las familias impactadas y pudieron sacarlos de la detención”.

Aunque la lucha continúa para convencer a las cortes de dejar a los trabajadores en el país al lado de sus familias, formadas por miembros con diferentes estatus migratorios.

Si bien, asegura que están felices, les preocupa que la actual administración federal cambie cada día de políticas y no se sienta muy claro el rumbo que va a tomar.

“Hay mucha violencia y prácticas que nos indican que estamos entrando al fascismo”.

Pese a todo, dice que no pueden dejar que esta administración haga lo que quiera, y van a seguir luchando para que las familias no sean separadas.

“Nos sentimos muy contentos de la confianza que depositaron nuestras familias en nosotros y porque a pesar de nuestros propios miedos, organizaron con éxito una campaña para liberar a los trabajadores zapotecos”. 

Una lucha con esperanza

La abogada Lisa Knox, directora legal de la California Collaborative For Immigrant Justice, dijo que fueron muchos abogados los que se involucraron para sacar de la detención a los trabajadores.

“Representé a algunos de ellos, y ayudé a coordinar la ayuda legal”, dice.

Agrega que algunos tuvieron audiencias para fianzas muy rápido, y fueron liberados, pero luego hubo un cambio en las políticas de las cortes, y ya no eran elegibles para salir libres bajo fianza.

“Fuimos a la corte federal y un juez federal, nos dijo que debíamos ir a una corte de inmigración y pedir una audiencia de fianza. Así que para algunos, fue un proceso largo”.

Pero además remaron contra corriente porque comenta que muchos de los jueces son ahora bastante antiinmigrantes por lo que los trabajadores pasaron por un momento muy complicado para obtener su libertad.

Otra de las barreras con que se encontraron fue el para muchos su primer idioma es el zapoteca.

“Así que no podían hablar con nadie en su mejor idioma. Puede ser difícil conseguir un intérprete de zapoteco en el tribunal y para los abogados”. 

Considera no obstante que los mayores desafíos para sacarlos de Adelanto, se debieron en gran parte al ICE, los tribunales y jueces terribles que no juzgaron sus casos de manera justa.

Eso sin contar con que las condiciones en Adelanto eran realmente horribles. 

¿Qué sigue para los trabajadores que fueron liberados?

“Salir de detención automáticamente aumenta mucho sus posibilidades de quedarse en el país. Es mucho más difícil para las personas luchar cuando están encerradas en jaulas. Probablemente les espera un proceso judicial largo. 

“Sabemos que la administración Trump está haciendo todo lo posible para dificultar que las personas accedan a ese proceso y ganen, pero los trabajadores zapotecas están listos para la lucha. Así que tenemos esperanza”.

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ICE Redadas en Los Ángeles
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