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Aumento alarmante en la privación del sueño adolescente: y no es solo culpa de las pantallas

Alrededor del 75% de los adolescentes estadounidenses reportan dormir menos de ocho horas por noche

Aumento alarmante en la privación del sueño adolescente: y no es solo culpa de las pantallas

Chica somnolienta, a punto de quedarse dormida. Crédito: DimaBerlin | Shutterstock

Un reciente estudio del Journal of the American Medical Association indica que la falta de sueño entre adolescentes ha alcanzado niveles preocupantes. La investigación se basa en datos de cerca de 121,000 estudiantes de secundaria y revela que alrededor del 75% de los adolescentes estadounidenses reportaron dormir menos de ocho horas por noche en 2023, un aumento considerable desde 2007. Es tan alarmante que 3 de cada 4 adolescentes estadounidenses no duermen lo suficiente.

Los hallazgos sugieren que ciertos grupos, especialmente los estudiantes negros, muestran un aumento más notable en la privación del sueño en comparación con sus pares blancos. No obstante, este fenómeno no parece depender de factores como la salud mental o el uso de sustancias.

El estudio destaca un incremento generalizado en la falta de sueño entre adolescentes, independientemente de edad, sexo o raza/etnicidad. Si bien se pensaba que el uso de pantallas era un factor significativo, los datos revelan que los adolescentes con poco tiempo de pantalla presentan un aumento aún mayor en la falta de sueño.

Consecuencias para la salud

Los expertos advierten sobre las repercusiones negativas de la falta de sueño en la salud mental y el rendimiento académico de los adolescentes. Según Anita Shelgikar, neuróloga y presidenta de la American Academy of Sleep Medicine, esta situación se considera una epidemia en el país, recoge la National Public Radio (NPR).

El estudio subraya la urgencia de abordar el problema de la privación del sueño entre adolescentes. Se propone la implementación de educación sobre higiene del sueño en las escuelas y el ajuste de los horarios de inicio de clases para favorecer un mejor descanso y rendimiento académico.

La falta de sueño crónica en la adolescencia se asocia con problemas duraderos en el rendimiento escolar, la salud mental y el riesgo de enfermedades físicas en la adultez temprana.

  • Menor atención, concentración y velocidad de procesamiento, lo que se traduce en peor rendimiento académico y notas por debajo de sus capacidades.
  • Dificultades de memoria a corto plazo y de aprendizaje, que pueden afectar la adquisición de contenidos clave en secundaria y bachillerato.
  • Mayor somnolencia diurna, sensación de “neblina mental” y más errores o accidentes (por ejemplo, al conducir).
  • Aumento sostenido de irritabilidad, impulsividad, mal humor y problemas para autorregular emociones e impulsos.
  • Mayor riesgo de ansiedad, depresión, baja autoestima y trastornos emocionales; la interrupción crónica del sueño se ha vinculado específicamente con depresión en adolescentes.
  • Incremento de conductas de riesgo: consumo de alcohol y otras sustancias, imprudencias, agresividad y conflictos con familia y pares.
  • Tendencia al sobrepeso y la obesidad por alteraciones hormonales (más hambre, más antojo de comida calórica) y menos energía para hacer ejercicio.
  • Mayor riesgo futuro de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares cuando la falta de sueño se mantiene durante años.
  • Sistema inmunológico más débil, con más infecciones y recuperación más lenta de enfermedades.
  • Peor convivencia con padres, hermanos y amigos por mal humor, baja tolerancia a la frustración y reacciones desproporcionadas.
  • Menor motivación para actividades académicas, deportivas y hobbies, lo que reduce oportunidades de desarrollo social y personal.
  • Sensación general de baja calidad de vida, cansancio crónico y menos satisfacción con la propia vida.

Recomendaciones para mejorar la calidad del sueño

Para contrarrestar esta crisis, se sugieren varias estrategias:

  • Reducir la luz y minimizar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir.
  • Mantener un horario de sueño consistente.
  • Crear un entorno de descanso adecuado: fresco, oscuro y silencioso.
  • Exponerse a la luz brillante por la mañana para regular el ritmo circadiano.

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