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Editorial: las disyuntivas caóticas del gobierno

Como es incapaz de reconocer errores o de abandonar a los que más tienen, son pocas las esperanzas de una mejora a corto plazo

Inflación de abril revienta a EE.UU.

La inflación reventó los bolsillos de los estadounidenses en abril, especialmente por los precios de los combustibles. Crédito: Shutterstock

Confirmando lo que cada uno de nosotros siente en los gastos cotidianos, en una actualización del Índice de Precios al Consumidor el Buró de Estadísticas Laborales anunció ayer que la tasa anual de inflación subió al 3.8%, la más alta en dos años

Antes de que Estados Unidos iniciara la guerra en Irán la cifra era de 2.4%, pero desde entonces saltó, principalmente por el encarecimiento de la gasolina, que estaba por debajo de los 3 dólares el galón y ahora llega a un promedio nacional de 4.48, 58% más. 

Paralelamente, la popularidad del Presidente Donald Trump bajó a 36% y subió a 57% el porcentaje de quienes rechazan su gestión. 

Esta es una confirmación más, por si se necesitase, del callejón sin salida al que nos está guiando esta administración.

El público estadounidense es sensible a la dirección en la que nos lleva el gobierno actual. Y reacciona repudiando su gestión económica. El tema más importante y preocupante para el ciudadano es el alto costo de la vida. En transporte, en vivienda, alimentos y atención médica:  

77% de los encuestados – entre ellos, por primera vez, la mayoría de los republicanos – saben que el resultado de las políticas erróneas de Trump lo pagan de su bolsillo. 

Las condiciones económicas del país han empeorado. Pero este gobierno sigue empecinado en continuar la política económica que nos está llevando a esta situación. 

Los economistas coinciden en los cambios requeridos. El déficit fiscal debe reducirse. En este año fiscal se acerca a los dos billones de dólares (trillions en inglés). Y la deuda nacional total está llegando a extremos insostenibles de 40 billones. 

Pero aunque se necesita un aumento de los ingresos, Trump bajó en 2017 la tasa impositiva corporativa del 35% al 21%, recortando los impuestos para individuos en el 1% más rico. Y su “Gran y Hermosa Ley” de julio pasado hizo permanentes los recortes que estaban a punto de expirar. Para implementar estas regalías, el gobierno implementó recortes profundos en los programas sociales, lo que aumentó la pobreza y redujo el consumo, generando una reacción en cadena negativa.  

Como si ello fuera poco, hasta el día de hoy la guerra en Irán ha costado 29,000 millones de dólares, además del aumento de lo que el consumidor debe pagar por gasolina y por productos agrícolas que necesitan fertilizantes, cuyo precio subió por el bloqueo marítimo. 

El gobierno enfrenta una disyuntiva caótica. Faltando poco para las elecciones, debe cambiar de rumbo económico, pero como es incapaz de reconocer errores o de abandonar a los que más tienen, son pocas las esperanzas de una mejora a corto plazo.  

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