Tinnitus: cuando el silencio nunca llega, y provoca mareos

El zumbido que solo tú escuchas puede convertirse en un enemigo constante. Millones de personas conviven con este síntoma

Tinnitus: cuando el silencio nunca llega, y provoca mareos

Zumbido en el oído evidencia incomodidad. Crédito: New Africa | Shutterstock

Un pitido agudo, un zumbido constante, un siseo parecido al de una radio mal sintonizada. Así describen muchas personas el tinnitus, un fenómeno auditivo que no proviene de ningún sonido externo, sino que se genera dentro del propio sistema nervioso. No es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que puede acompañar a distintas afecciones del oído, del sistema nervioso o incluso del sistema cardiovascular.

El tinnitus —también llamado acúfeno— es la percepción de un sonido en ausencia de una fuente sonora externa. Puede manifestarse como un pitido, zumbido, silbido, chasquido o rugido, y puede ser constante o intermitente, afectar a uno o ambos oídos y variar en intensidad según el momento del día o el nivel de estrés de la persona.

Se estima que una parte considerable de la población adulta experimenta tinnitus en algún momento de su vida, aunque en la mayoría de los casos es leve y pasajero. Sin embargo, para un grupo significativo de personas se convierte en un problema crónico que interfiere con el sueño, la concentración y el estado de ánimo.

¿Por qué ocurre?

Las causas del tinnitus son variadas y, en muchos casos, se combinan entre sí:

  • Pérdida auditiva relacionada con la edad o el ruido. Es la causa más común. La exposición prolongada a sonidos fuertes —conciertos, maquinaria industrial, auriculares a alto volumen— daña las células ciliadas del oído interno, encargadas de transformar las ondas sonoras en señales eléctricas. Cuando estas células se dañan, el cerebro puede “rellenar” la ausencia de información con un sonido fantasma.
  • Obstrucciones físicas. Un tapón de cera, una infección de oído o alteraciones en los huesecillos del oído medio pueden generar zumbidos temporales.
  • Trastornos de la articulación temporomandibular (ATM). Los problemas en la mandíbula, muchas veces vinculados al bruxismo o al estrés, pueden irradiar tensión hacia la zona auditiva.
  • Problemas circulatorios. La hipertensión arterial, la aterosclerosis o alteraciones en los vasos sanguíneos cercanos al oído pueden producir un tinnitus pulsátil, es decir, un zumbido que sigue el ritmo del propio latido cardíaco.
  • Enfermedad de Ménière. Este trastorno del oído interno combina tinnitus, pérdida auditiva fluctuante y episodios de vértigo intenso.
  • Ciertos medicamentos. Algunos antibióticos, antiinflamatorios en dosis altas y diuréticos figuran entre los fármacos con potencial efecto ototóxico.
  • Estrés y ansiedad. Aunque no provocan el tinnitus por sí solos, pueden intensificar su percepción y hacerlo más difícil de tolerar.

Conexión con los mareos

No es casualidad que muchas personas con tinnitus también refieran episodios de mareo o inestabilidad. El oído interno alberga no solo el sistema auditivo, sino también el sistema vestibular, responsable del equilibrio. Ambos comparten estructuras y terminaciones nerviosas, de modo que una alteración en esta zona —ya sea por inflamación, presión de líquidos o daño celular— puede afectar simultáneamente a la audición y al equilibrio.

La enfermedad de Ménière es el ejemplo más claro de esta relación: se caracteriza por una acumulación anómala de líquido en el oído interno que provoca, de forma combinada, tinnitus, sensación de oído “tapado”, pérdida auditiva y vértigo intenso, a veces acompañado de náuseas.

Otras condiciones, como el vértigo posicional paroxístico benigno o ciertas neuritis vestibulares, también pueden coexistir con zumbidos, aunque el mecanismo exacto no siempre está claro.

¿Cuándo consultar a un especialista?

Los expertos en otorrinolaringología coinciden en que un tinnitus persistente, que dura más de una semana, que se presenta solo en un oído, que se acompaña de pérdida auditiva o de mareos frecuentes, debe evaluarse médicamente.

Un diagnóstico oportuno permite descartar causas tratables —como un tapón de cerumen o una infección— y, en casos más complejos, iniciar un abordaje terapéutico adecuado.

¿Tiene cura?

En la mayoría de los casos no existe una “cura” definitiva, pero sí múltiples estrategias para reducir su impacto: terapias de sonido que ayudan a enmascarar el zumbido, terapia cognitivo-conductual para modificar la respuesta emocional al síntoma, el uso de audífonos cuando hay pérdida auditiva asociada y el control de factores como el estrés, la cafeína, el alcohol y la exposición a ruidos fuertes.

Los especialistas insisten en un mensaje clave: el tinnitus no debe normalizarse ni ignorarse cuando resulta persistente. Detrás de ese zumbido que parece inofensivo puede esconderse una señal de alerta sobre la salud auditiva o vascular que merece atención profesional.

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