Mitos sobre los terremotos, al descubierto

Algunas creencias sobre la naturaleza de los terremotos o la manera de actuar ante uno no solo son erróneas, si no que pueden llegar a ser peligrosas

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Mitos sobre los terremotos, al descubierto
Mitos que relacionan el riesgo de terremoto con el clima o el momento del día, por ejemplo, son echados abajo por las autoridades en sismología (Foto: EFE)
Foto: EFE

El Instituto de Tecnología de California, más conocido como Caltech, compartió recientemente un vídeo en el que desmentía 5 de los mitos más comunes sobre los terremotos.

Esta universidad no es la única que se preocupa por diferenciar entre mitos y verdades en lo que respecta a los terremotos o la forma de proceder para ponernos a salvo en caso de que ocurra uno: otros organismos como el Department of Conservation de California, la US Geological Survey o la Earthquake Country Alliance también recogen mentiras preocupantemente extendidas y se encargan de aclararlas.

A continuación te traemos una selección de algunos de los mitos más frecuentes que han sido desacreditados por expertos y científicos. ¿Habías escuchado antes alguno de ellos? ¿Tú también tenías alguna de estas falsedades por cierta?

  • Si se produce un sismo, refúgiate bajo el marco de una puerta o sal al exterior

Este es probablemente el mejor ejemplo de mito extendido que puede llegar a poner en peligro a alguien. Las puertas no solo no son más seguras que cualquier otro punto de una habitación en las construcciones modernas de Estados Unidos, sino que pueden llegar a ser más peligrosas porque estamos bloqueando el paso y expuestos a la caída de objetos en dos cuartos al mismo tiempo.

De la misma manera, en el exterior de una vivienda somos vulnerables al impacto de cristales, tejas, árboles… Todos estos elementos que se desprenden con las sacudidas y pueden herir o aplastarnos al caer, por eso lo que siempre se recomienda es ponerse a cubierto bajo una mesa o algo similar.

Más concretamente, el lema de la prevención de riesgos en caso de sismo es “Drop, Cover, Hold On”: échate al suelo, cúbrete bajo alguna superficie resistente, y agárrate (a las patas de la mesa, por ejemplo).

  • Durante un terremoto, una falla puede abrirse y tragarse edificios y personas

Los sismos se producen precisamente porque no hay espacio entre las placas tectónicas que se encuentran en una falla, y por eso friccionan una contra otra al moverse. Las placas no se alejan una de la otra, y aunque pueden llegar a producirse deslizamientos de tierra u otros fenómenos similares puntuales, el suelo no va abrirse repentinamente bajo nuestros pies.

  • Un sismo muy fuerte puede hacer que California se separe de Estados Unidos y se hunda en el mar

La falla de San Andrés es de tipo lateral, es decir, que las placas se desplazan horizontalmente la una con respecto a la otra. Concretamente, la placa Pacífica se está moviendo hacia el noroeste a una velocidad lentísima, y por tanto la parte de California que queda sobre ella se mueve hacia arriba y converge, de hecho, hacia la placa Norteamericana. Esto significa que dentro de mucho (mucho) tiempo Los Ángeles y San Francisco llegarán a ser adyacentes.

Además, la idea “hundirse” en el oceáno es un tanto errónea, pues California no está flotando, sino que emerge por encima de la superficie del agua. Un gran terremoto podría provocar deslizamientos de tierra cerca de la costa, pero no que todo el estado pase a estar por debajo del nivel del mar.

  • Los animales pueden predecir los terremotos

Este mito está muy extendido, pero carece de demostración científica. Si bien en ocasiones anecdóticas se han observado comportamientos extraños en algunos animales poco antes de un terremoto, no se ha podido establecer ningún patrón ni nexo efectivo entre esas anomalías y la actividad sísmica. No ocurren de forma regular, sistemática ni consistente, y no son, al menos de momento, una evidencia probada y fiable de la capacidad de predecir un sismo.

  • Los humanos podemos predecir un sismo

Por desgracia, también se trata de un mito. Lo máximo que podemos hacer es detectar de manera temprana el comienzo de uno para dar señales de alerta, y predecir en base a actividad sísmica anterior dónde hay posibilidades de que se produzca un sismo.

Los científicos estudian el pasado sismológico de una región para calcular la probabilidad de un temblor e identifican fallas donde pueda acumularse energía, pero no pueden predecir cuándo dentro de esos grandes intervalos de tiempo o dónde exactamente a lo largo de toda la zona de riesgo se producirá un terremoto, o qué fuerza tendrá.

Por ejemplo, el famoso Gran Sismo que acecha al sur de California es considerado casi una certeza e inminente, pero no hay manera de determinar en qué punto exacto de toda la falla de San Andrés se producirá un temblor, ni cuándo exactamente. Solo sabemos que el área de Los Ángeles no ha visto ningún terremoto de gran magnitud en los últimos 300 años, y por eso se ha anticipado que una descarga de la energía acumulada en este tiempo en la falla de San Andrés podría ocurrir dentro de poco en esta zona y provocar un sismo muy fuerte.

  • Los sismos solo ocurren temprano por la mañana

Los terremotos pueden ocurrir en cualquier momento del día. Que una serie de sismos conocidos hayan ocurrido por la mañana no debería llevarnos a ver patrones donde solo hay coincidencias: como indican los expertos, las personas que se creen estas teorías tienen a recordar los eventos que las refuerzan pero a olvidar los que las refutan.

  • Un tiempo seco y caluroso significa que se producirá un sismo

Un clima determinado no está relacionado con la incidencia de terremotos. Tenemos que recordar que los sismos comienzan a mucha profundidad, lejos de las regiones afectadas por unas u otras condiciones metereológicas, y que por tanto la escasez de precipitaciones o la temperatura en la superficie, por ejemplo, poco pueden afectar a las fallas.

  • Cada vez se producen más terremotos

No es que se produzcan sismos de manera más frecuente, si no que cada vez tenemos tecnologías mejores para detectarlos y por tanto registramos más. Pequeños terremotos que antes pasaban desapercibidos ahora son captados y se suman a la cifra total, provocando la errónea impresión de que el número de temblores aumenta.

  • Una serie de pequeños terremotos evitan que se produzca uno mayor

La idea de que la energía acumulada en una falla puede liberarse poco a poco en forma de pequeños sismos en lugar de repentinamente a través de uno de gran magnitud no es, por desgracia, cierta: pequeños terremotos pueden ayudar a descargar temporalmente la tensión, pero no son suficientes para hacerla desaparecer.

De hecho, un gran número de pequeños terremotos en un tiempo reducido pueden servir de indicación de que se aproxima uno mayor: recordemos que hace poco California estuvo en alerta por alto riesgo de sismo tras producirse hasta 200 pequeños temblores cerca del mar Salton.

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