Palabras vs hechos

El Presidente Barack Obama está en plena campaña electoral y esta semana hizo una fuerte condena de la Ley de Alabama frente a periodistas de medios en español, indicando que “no sólo es anti inmigrante, sino no armoniza con nuestros valores esenciales como país”.

Es bueno que el Presidente de la Nación hable enérgicamente de los principios que nos identifican como país y que condene aquellas medidas que son consecuentes con ellos. El mandatario tiene el mayor altavoz que hay en este país y nos complace que lo esté usando, pero de la misma manera nos gustaría que se dirigiera a los abogados, agentes y otros empleados del gobierno federal y les dijera en forma clara y definitiva que separar a niños de sus padres y mandarlos a hogares de crianza es inmoral. Que deportar a personas con décadas en el país porque fueron arrestados manejando sin licencia, es no sólo inútil sino incongruente con las órdenes expresas del ejecutivo. Que abusar de mujeres en los centros de detención de indocumentados es inaceptable. Y que expulsar a veteranos de guerra porque al regreso del servicio cometieron un delito menor es un insulto a su servicio.

Todas estas cosas están pasando bajo el gobierno de Barack Obama, el Presidente que más personas ha deportado en la historia de este país –ya van más de 1 millón- y a pesar de los repetidos anuncios de memorandums, y cambios en política, no es mucho lo que ha cambiado. Nos dice que están examinando las políticas de detención, que están investigando las violaciones de derechos civiles de un tal Arpaio en Arizona y que no quieren deportar a personas sin delitos. Pero lo mismo se nos dijo hace cuatro años, en el contexto electoral, y no ha habido resultados concretos.

La crítica a la Ley de Alabama es un paso importante, pero simbólico. Esperamos un cambio práctico en su política de deportaciones y detención para poder decir que sí cumplió con sus promesas electorales y que sí cumplirá las que vienen.