ZONA DE JUEGO: Las Vegas está llena de ratas
“La pelea es tuya, a menos de que estos pin… rateros te la vuelvan a robar”.
Estas fueron las palabras textuales del mánager del boxeador mexicano Juan Manuel Márquez, antes de salir a completar el round número 12 de su pelea del sábado pasado contra el filipino Manny Pacquiao.
Las palabras de don Nacho Beristaín, para desgracia del “Dinamita” Márquez y del boxeo en general, resultaron ser proféticas.
En un duelo en donde el púgil azteca dominó de principio a fin la contienda, los jueces se inclinaron por dar al asiático el triunfo en aras de proteger el gran negocio de las apuestas en Las Vegas.
Además, un triunfo de Márquez hubiera significado el fin del tinglado que se está armando para enfrentar a Pacquiao con Floyd Mayweather, en una cartelera que dejará ganancias megamillonarias.
El mexicano dominó toda la pelea, durante los 12 episodios ofreció cátedra de cómo pegar y defenderse ante un rival de excepcional calidad.
Pacquiao sangró de los labios, de la ceja derecha, y terminó el pleito con las rodillas dobladas y el alma quebrada.
Márquez, con el rostro limpio, sin ninguna cortada, sin ninguna señal de haber sido lastimado, terminó con el corazón lleno de orgullo al haber realizado la mejor pelea de su carrera profesional.
Cuando vino la decisión de los jueces, uno dio empate y otros dos le dieron la ventaja en la puntuación a Pacquiao, la incredulidad se apoderó de todos los que vimos la pelea.
Inclusive, el rostro del filipino reflejó un halo de sorpresa al ver que la pelea le fue regalada.
Lo ocurrido el 12 de noviembre de 2011 en el cuadrilátero del hotel MGM de Las Vegas pasará como uno de los robos más grandes en la historia del boxeo.
Es por estas situaciones que el deporte de los puños está desprestigiado, que nadie cree en él, que la integridad moral de los que dirigen el boxeo está por los suelos.
Los jueces son parte del grupo de bandoleros, léase promotores, que anteponen los interés monetarios a los deportivos.
Los promotores de boxeo son una verdadera mafia, unos gánsteres que controlan a su antojo quién gana y quién pierde.
Los jueces son parte de este esquema fraudulento que debería ser investigado por las autoridades federales.
Aquí hay corrupción y estiércol regados por todas partes.
Todos los que vimos la pela sabíamos que Márquez había ganado, que a sus 38 años fue mucho mejor que su oponente de 32.
El mexicano perdió la pelea pero con ello dejó totalmente al descubierto al crimen organizado que maneja el sucio y asqueroso negocio del boxeo.
La gente que gastan un promedio de 70 dólares para comprar las peleas en el sistema de Pago por Evento también son víctimas y cómplices de éste escandaloso robo.
Los fanáticos deberían de protestar y no volver a compra una pelea de Pago por Evento para evitar ser parte del grupo de ratas que maneja al box.
Las autoridades deberían de presentar cargos formales por fraude y posible lavado de dinero en el oscuro y tenebroso mundo de las apuestas en Las Vegas.
Los boxeadores con calidad humana y moral deberían exigir que Pacquiao renuncie a su título y se dé cómo vencedor a Juan Manuel Márquez para de esta manera limpiar en algo la honorabilidad del boxeo.
Ante los ojos de todos, Márquez ganó la pela, pero ante los ojos de los jueces Márquez perdió de la manera en que su manager lo había vaticinado: por la vía del robo.