Las flotas marítimas
Cuando del comercio global se trata, es imperativo volver a considerar las vías fluviales y marítimas de esta nación. Es probable que nada parecido haya ocurrido desde los 1850.
En aquel entonces, Abraham Lincoln representó una empresa ferroviaria en una disputa con una empresa de buques a vapor fluviales. Lincoln aseveraba que las ferroviarias eran necesarias al crecimiento económico y la expansión territorial hacia el oeste.
Tony Muñoz, de la revista, Maritime Executive, ha explorado este tema. Lo que él reporta es que la flota mercante estadounidense, que contaba con más de 2,000 buques inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, se redujo de 1,065 a 576 en dos décadas, entre 1959 y 1979.
El comercio extranjero cargado en buques estadounidenses se redujo del 10.2% al 4.4% durante aquellos años.
Hoy, la administración marítima del Departamento de Transporte de los EEUU (MARAD) indica que la flota mercante está compuesta de 94 buques, (50 buques portacontenedores, 23 de transbordo rodado, nueve de carga seca a granel, ocho buques polivalentes -incluyendo cinco buques de carga pesada- y cuatro buques tanque). Todos los buques son de construcción extranjera y tienen un promedio de 15 años. La flota emplea a unos 3,800 marineros.
Incluso hasta hace una década, el comercio de esta nación lo llevaba menos de un 3% de buques con bandera estadounidense, a pesar que los Estados Unidos era el responsable de un 18.5% del total de las importaciones a nivel mundial. Estábamos exportando un 12.4% del total global, según William R. Hawkins de la página web American Economic Alert, cuando nos golpeó la recesión económica actual.
Lo que significa esto en realidad es que si los Estados Unidos espera recuperarse de la presente decaída, deberían hacerse más aptas nuestras políticas en cuanto a nuestras exportaciones al extranjero y el consumo doméstico. Parte de esto significa pagar el flete para los bienes que salen y recuperarlo en parte con los productos que ingresan.
Esto no implica entrar en un nuevo proteccionismo, sino hacer una revisión de cabo a rabo, una reforma e inversión en nuestra política marina, que se acople a la manera más moderna y eficiente de mover productos, pasando por mejores puertos, con más y mejores buques de bandera estadounidense en instalaciones renovadas.
Varios importantes puertos estadounidenses hoy están dragando y abriendo camino para los nuevos buques contenedores inmensos que se anticipa pasarán por el Canal de Panamá desde Asia, cargando entre 14 mil y 15 mil contenedores a la vez.
Algunos puertos del Golfo de México y de la costa este estadounidense están dragando y profundizando sus puertos para poder acomodar a estos mastodontes. Pero, una vez descargados los contenedores, ¿cómo se transportan del muelle a su destino en otra parte?
No se ha considerado con suficiente seriedad la idea de una distribución y enlace (al estilo de la manera en que las aerolíneas mueven los pasajeros y la carga) o de supercarreteras marítimas. Tampoco se ha considerado el apoyo a las nuevas logísticas, en las que el ahorro de tiempo se ha convertido de por sí en un producto.
Existe una empresa que ataca de frente estos temas. Pero el tema de envergadura ya no es técnico sino conceptual y tiene que ver con la actitud. Es como si gran parte de los Estados Unidos hubiera concedido ya la industria marítima a operadores que no son estadounidenses, salvo en el tema de la gerencia de puertos. No obstante, esto no tiene sentido en términos económicos. Si los Estados Unidos pretende mantener operantes sus costas del Atlántico, el Pacífico y el Golfo de México se pensaría que tendríamos una conciencia nacional sobre nuestros mares como una necesidad recreativa, ecológica y comercial.
Abraham Lincoln defendió a las empresas ferroviarias contra un monopolio de carga que se transportaba por buque. Hoy, queda claro que defendería el otro lado. La razón es porque el tema mayor, más importante, es el desarrollo nacional para todos.
Tony Muñoz dice que en vez de intentar desarrollar una nueva infraestructura, como la eólica o la solar, con $87 mil millones, una inversión marina en la infraestructura ya existente podría poner a millones de personas a trabajar de nuevo inmediatamente, reducir la congestión de carreteras y también nuestra dependencia del petróleo extranjero.
¿Cómo así? Muñoz declara literalmente que la inversión marítima puede poner fin ya a la recesión.