El primer Estado indígena

La mayoría de las naciones en Europa y muchas del Asia o África se estructuran en torno a sus respectivos idiomas oriundos. Sin embargo, todos los 35 países de la Organización de Estados Americanos tienen a una lengua europea como la única oficial o como la más hablada por la administración pública.

En el 2008 un gran país americano aprobó en referéndum que de ahora en adelante el único idioma estatal es el de sus nativos. Esta decisión y su posible futura aplicación para entrar a la OEA van a influir sobre el conjunto de las etnias amerindias.

Esta nación no es Bolivia, donde Evo Morales Ayma es el primer mandatario de origen y apellido materno aymaras, ni Perú, donde Ollanta Humala es su primer presidente con nombre y apellido quechuas, ni Ecuador, cuyo gobernante Rafael Correa usa siempre una camisa con bordados indígenas, ni la Venezuela del mestizo Chávez. Tampoco son los cinco países mesoamericanos donde antes florecieron las civilizaciones maya o azteca.

Los nacionalismos étnicos fueron impulsados tras la desintegración del bloque soviético en múltiples naciones. Ello y la consiguiente globalización incentivaron a muchas etnias a querer entrar en el mercado mundial con sus propios productos y perfil.

Este proceso, que coincidió con el V centenario del viaje de Colón de 1492, propició un renacimiento del indigenismo. A inicios de los 1990s las protestas violentas desde el Chapare boliviano al Chiapas maya le dieron más fuerza. Hoy los aymaras sienten que son la principal base electoral de los dos gobiernos que están a ambas márgenes del lago Titicaca y los mapuches piden más derechos en Chile.

Empero, hay ‘primeras naciones’ americanas que han conseguido más poder en la América no latina. En Estados Unidos algunas nacionalidades indias se han beneficiado de sus derechos y excepciones tributarias que tienen en sus tierras para crear paraísos recreativos o de casinos. Los lakotas plantean que se les reconozca su independencia en un amplio bolsón en el noroeste.

Canadá en 1999 reconoció a Nunavut (que significa ‘nuestra tierra’ en la lengua de sus inuits o esquimales) como una confederación autónoma gobernada por sus 33,000 nativos sobre más de 2 millones de kms cuadrados. Su gobierno, el que más cerca a un polo hay, puede vetar o decidir sobre la explotación de sus riquísimos recursos naturales.

Mas hay otro país donde el poder de los inuits ha ido más lejos. Se trata de Groenlandia, la mayor isla de las Américas y el mundo, la cual adoptó oficialmente el nombre de Kalaallit Nunaat (el país de los esquimales kalaallit). Desde el 2009 su primer ministro inuit Kuupik Kleist apunta a la plena independencia de la corona danesa e implementa que el inuit kalaallit sea la única lengua oficial en el primer territorio americano al que llegaron los europeos.

Los menos de 100,000 inuits de Nunavut y Groenlandia controlan una suma de más de 4 millones de km cuadrados. (Como el área de la Unión Europea). Sus ejemplos impactarán sobre Mesoamérica, la Amazonia y los Andes.