El polémico Keystone XL
Se acerca el plazo para que el presidente Barack Obama confirme si aprueba o rechaza la construcción del oleoducto Keystone XL, que transportará petróleo desde los campos de arena alquitranada de Alberta, Canadá, hasta las refinerías ubicadas en la costa del Golfo de Texas
Este tema se ha convertido no sólo en la lucha más importante desde el punto de vista ambiental en muchos años, sino quizá también en el tema en el que el gobierno de Obama ha sido más directamente confrontado por el ciudadano común.
Fundamentalmente, las protestas se hicieron en las inmediaciones de la Casa Blanca a partir de agosto de este año; fueron masivas y continuas y produjeron cientos de detenidos. No culminaron sino hasta el 6 de noviembre con más de 10 mil personas rodeando la Casa Blanca
Keystone, de propiedad de TransCanada Corporation, es una fase de expansión del oleoducto ya existente, se trata de la fase 3 y 4, ó Keystone XL del proyecto inicial que comenzó el 2008. La expansión de la fase 4 es la causante de la gran polémica (explica Mario R. Fernández), y consiste en un tendido de tuberías de 36 pulgadas de diámetro por 1,897 kilómetros de largo, con 26 estaciones de bombeo que transportarán crudo sintético y bitumino diluido desde Hardisty en Alberta, Canada, hasta Steele City en Nebraska, y de ahí la conexión al sistema que llega a plantas en Port Arthur y Houston al sur de Texas.
El costo de esta fase junto a la fase 3 es de 7,000 millones de dólares. Keystone XL aumentará la capacidad de este sistema de transporte a 1.3 millones barriles de crudo por día de los 2.5 millones de barriles diarios, incluyendo los productos refinados que importa Estados Unidos desde Canadá.
La fase 4 pasa por los estados de Montana, South Dakota y Nebraska y en este último tiene planeado pasar por un área ecológicamente vulnerable que se llama Sandhill y por el acuífero de Ogallala que abastece de agua potable a seis estados de los EEUU. Fue justamente su paso por Sandhill y Ogallala el principal motivo de las protestas.
La escritora canadiense Naomi Klein explicó el impacto que el proyecto Keystone XL tendrá en el medio ambiente: “El petróleo de arenas alquitranadas emiten tres veces más gases de efecto invernadero que un barril de crudo canadiense normal, debido a que es un material sólido. De modo que primero hay que usar una gran cantidad de energía para extraerlo, luego licuarlo y después meterlo en el oleoducto.”
Los impactos ambientales podrían ser devastadores, señaló Bill McKibben, líder ecologista. En primer lugar existe la posibilidad de que se produzca un derrame catastrófico de arenas de alquitrán tóxicas, y en segundo lugar, pero no menos importante, la posibilidad de que haya impactos a largo plazo en el clima mundial. El estado de Nebraska promulgó una ley para desviar la ruta del oleoducto evitando que cruce áreas sensibles en lo ecológico.
Evidentemente, es un tema muy polémico. Ellos saben que es controversial porque hay un gran movimiento internacional contra las arenas alquitranadas, señaló Klein. Europa está haciendo muchos esfuerzos para prohibir el petróleo de arenas alquitranadas y es muy probable que el petróleo que se transporte a Texas -un puerto de exportación- en realidad no esté destinado al mercado estadounidense, sino que gran parte se exporte a Europa o a Latinoamérica.
Alrededor de Obama rondan las poderosas empresas que presionan a favor del oleoducto.
El New York Times reveló que el Departamento de Estado eligió como grupo externo para realizar el estudio de impacto ambiental de Keystone XL a una empresa denominada Cardno Entrix. Resulta que Cardno Entrix menciona como uno de sus principales clientes nada más y nada menos que a TransCanada.
Pero la polémica no termina ahí. Las pruebas de un escándalo de corrupción en relación con las arenas alquitranadas cada vez son más numerosas. Los mensajes de correo electrónico publicados por la organización Friends of the Earth revelan que los empleados del Departamento de Estado tenían una relación muy estrecha con Paul Elliott, uno de los líderes de la campaña presidencial de Hillary Clinton, que ahora encabeza el lobby de Keystone XL.
“Esto es clave (dice Naomi Klein), porque se trata de una empresa y de un proyecto canadiense. No tiene que pasar por el Congreso. La aprobación la tiene que dar el Departamento de Estado. El Departamento de Estado es quien tiene que emitir un certificado de interés nacional. Fueron muy vivos. Contratan a Paul Elliott como cabildero que es amigo de todos en el Departamento de Estado.”
Hasta hace poco el presidente simplemente se ocultaba detrás del argumento jurídico de que, como el oleoducto viene desde Canadá, el ámbito adecuado para tomar esta decisión era el Departamento de Estado, y que la decisión, en última instancia, recaería sobre la Secretaria de Estado, Hillary Clinton. Esto fue hasta que un ex colaborador clave del círculo de confianza de Clinton (Elliott) fuera denunciado como actual cabildero a de la empresa TransCanada, que justamente es la que pretende construir el oleoducto Keystone. Y que el presidente Obama ahora afirme que será él quien tome la decisión final.