El México de Sacal

El incidente violento ocurrido en la Ciudad de México entre un acaudalado empresario y el empleado de un edificio causó una indignación general en el país vecino por la arrogancia y el modo repulsivo de actuar del millonario. Sin embargo, las circunstancias que rodean este caso presentan un cuadro aún más preocupante de la realidad mexicana.

Todo empezó cuando el empresario textil Miguel Sacal Smeke le exigió con un insulto al único portero que estaba en ese momento en la guardia de su edificio que le ayudara a cambiar la rueda de su Porsche. El empleado le dijo cortésmente que no podía dejar su puesto vacío, lo que condujo a una agresión por parte de Sacal a puñetazos y patadas que le rompieron dos dientes al joven. La cámara del edificio muestra cómo una persona de seguridad intenta tibiamente por un momento separar al agresor del agredido, para luego ser un espectador más, al igual que otro compañero de trabajo del golpeado que ignoró todo el tiempo el incidente a centímetros suyos.

Demás está decir que Sacal no fue detenido ni fue a la cárcel por un instante tras este incidente, incluso cuando hay numerosos antecedentes del carácter irascible del empresario. Es difícil imaginar que si el portero hubiera sido el agresor, él recibiría el mismo trato por parte de la justicia.

Por otra parte, durante el hecho Sacal mostró un descarnado racismo al usar la palabra “indio” como un insulto y como si fuera un permiso para humillar y golpear a una persona. Es lamentable que el despectivo trato discriminatorio no se limitó al incidente.

Para un sector de la sociedad y de los medios, Sacal era descrito como “el empresario judío”, a pesar de que sus insultos en tono y color no podían ser más mexicanos. Es inusual que se describa a un individuo que hace algo mal como “el empresario católico” , pero sí “judío”. El antisemitismo llegó a tal punto que los representantes de la comunidad judía local debieron condenar la acción de Sacal como si alguien pensara que la prepotencia y el maltrato es aceptable para alguna religión.

En realidad, en México la prepotencia es una cuestión de clase y de sentirse impune ante todo. Sacal actúa como si fuera intocable y las personas a su alrededor no intervienen aceptando la condición privilegiada del empresario. Sea por temor o por desinterés, permitieron el abuso, aunque ellos pudieron haber sido el blanco de la ira del empresario. Se resignaron a creer que es intocable.

El desprecio elitista de un sector de la clase poderosa que se cree impune, el antisemitismo y la pasividad cómplice con el supuesto del que hoy es testigo y mañana víctima se asoman en este incidente, dejando un sabor amargo.

México tiene muchas dificultades a la vista que en ciertos casos son síntomas de problemas más serios.