Lecciones de Wisconsin

El castigo de la elección de Wisconsin no fue para Obama, sino para el sector de trabajadores públicos

La victoria del gobernador Scott Walker en la elección revocatoria de Wisconsin se convirtió en un festín político para los republicanos.

El plebiscito, que ahora mantendrá a Walker en su gobierno, no es tanto una reprimenda a los demócratas o al presidente Barack Obama, sino es un llamado de atención a los sindicatos del sector público del país.

Mitt Romney, quién acaba de concretarse como candidato oficial del Partido Republicano, se unió al “reventón”. De acuerdos a cálculos suyos, Wisconsin es la punta del iceberg del presidente Obama.

“Lo que ocurrió ayer es un signo que hará eco alrededor del país”, dijo a través de los medios.

Los demócratas no pueden negar el dolor que implica tener otros dos años a Walker en la jefatura del gobierno de Wisconsin. Sin embargo, no fueron simplemente los republicanos quienes permitieron abrogar la revocatoria del gobernador, sino también hubo votantes independientes y una gran cantidad de demócratas, quienes están cansados con las concesiones sociales que el estado otorga a los miembros de los sindicatos del sector público.

En este sentido, no están fastidiados con la forma cómo el presidente Barack Obama está conduciendo el país. Más que un castigo a su gobierno, el plebiscito de Wisconsin es una daga filosa que se introduce al corazón del sector laboral público y organizado de la nación.

Después de haber ganado las elecciones intermedias en Wisconsin, Walker se convirtió en la figura radicalizadora de su partido. Como ningún jefe de gobierno estatal, Walker introdujo medidas que pusieron en tela de juicio a los sindicatos públicos. Aparte de reducir el presupuesto estatal, su gobierno cuestionó el derecho de representación colectiva de los sindicatos. Es decir, su medida radical consistía en separar a los sindicatos, despolitizarlos, quitarles su poder de negociación y disminuirles sus regalías sociales.

Desde todo punto de vista, esta medida es inconstitucional y antidemocrática. Todos tenemos derechos a la organización y a la representación política.

Tanto el presidente Obama como el exgobernador Romney se mantuvieron fuera del escenario político de Wisconsin. Ninguno de los dos quiso arriesgar su pellejo en un estado volátil e incontrolable.

Por una parte, el equipo de Obama tenía en cuenta muy bien que muchos demócratas y votantes independientes que trabajan en el sector privado con bajos sueldos están en descuerdo con las regalías sociales de los trabajadores públicos.

Romney por su parte, sabía que si Walker perdía y él se metía de cabeza en el proceso político, sus pretensiones hacia la Casa Blanca se reducirían notoriamente.

Al final, Wisconsin enciende otra luz de Romney en sus intenciones de llegar a la jefatura principal de Washington. Sin embargo, las encuestas de este estado siguen poniendo a Obama en la cima de la tarima política.

El castigo de Wisconsin no fue para Obama, fue para el sector de trabajadores públicos.