Quieren un México mejor

Jóvenes, mujeres y marginados, serán el factor decisivo en la jornada electoral
Quieren un México mejor
La familia Chavelas, que vive en una zona semirural del Distrito Federal, reúne las aspiraciones de millones de personas que hoy irán a las urnas en ese país.
Foto: Gardenia Menoza / La Opinión

MÉXICO, D.F.- La llovizna golpea las láminas de la pequeña casa rentada donde viven los Chavelas, pero el metal provoca que dentro parezca una tormenta que apenas deja escuchar el debate de esta familia, cuyos miembros representan a los grupos vulnerables que por su número definirán hoy la elección en México: urbanos, jóvenes, mujeres y migrantes.

Las urbes concentran la población de los ocho estados con mayor número de votantes en el país; es decir, 42.3 millones del total de 79.1 millones de todos los electores con credencial de votar viven en el Estado de México, Puebla, Veracruz, Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Nuevo León y Distrito Federal.

Los Chavelas viven en la zona rural de la capital mexicana y desde la sala donde todavía titilan las velas del velorio de su hijo sepultado el 28 de junio, discuten sobre la utilidad de votar a favor de tal o cual candidato a la presidencia de la República, para la alcaldía del Distrito Federal y el congreso local.

“Al cabo sólo queremos una casa”, dice Teodulfo Chavelas, el padre que sostiene a la familia como plomero y electricista independiente, trabajando un día sí y otro no, según lo contraten: en promedio 15 días del mes que le da para comer y la renta de la vivienda en la que gasta alrededor de 65 dólares al mes.

Los Chavelas con cuatro hijos llevan más de 20 años de matrimonio esperanzados a que el cambio de un gobierno facilite los créditos hipotecarios o se instrumente algún esquema financiero para trabajadores inestables como ellos, pero nada.

Por eso siguen igual: en el cinturón de miseria de una de las urbes más grandes del mundo. Mitad campo, mitad ciudad, la colonia San Miguel Ajusco no tiene drenaje y el agua potable se acarrea en pipas y apilan en cubetas cerca la fosa séptica.

Con toda la precariedad de su casa, el optimismo de los Chavelas sigue en pie y van a votar. “Tal vez un buen gobernante pueda cambiar esto”, expresa Romualda Cruceño, la madre de 42 años que emigró de Chilapa, Guerrero (sur), cuando tenía 14 años para escapar de la miseria rural .

“Ni siquiera sabía por dónde nacían los hijos: la partera me decía que pujara y yo no sabía qué hacer”.

A paso lento, pero Romualda ha visto cambios. Dice que conoció “lo que vale la mujer” porque lo ha escuchado mucho: ya en el centro de salud, ya en la escuela de sus hijos. Últimamente desde algunos folletos que repartió el Instituto Federal Electoral (IFE).

De los 79 millones 458,802 mexicanos que forman parte de la Lista Nominal, 41 millones 194, 584 personas son mujeres, lo que se traduce en un 51.85% del electorado.

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Además de ser mayoría en el padrón electoral, son las mujeres las que más han acudido a las urnas en cada elección en los últimos comicios. En 2009 tenían derecho a votar 77.5 millones de mexicanos (100%), pero sólo votaron 44.1% (34.1 millones). De ese 44.1%, 24.5% fueron mujeres y 19.6% hombres.

“Sí somos fuerza, pero nos faltan oportunidades”, interrupe Laura, la hija de 23 años que recientemente dejó el hogar de los Chavelas para casarse con un muchacho ayudante de albañil con quien procreó una niña que hoy tiene cinco meses.

Laura ha estado sentada en un pequeño banquito de madera que improvisaron para los niños que acudan al “rosario” del hermano que murió en California cuando un tráiler arrolló la camioneta que compró con sus ahorros de recolector de fruta.

“Se fue para ayudarnos y mira cómo regreso”, cuenta con los ojos llorosos sobre el joven de 22 años del que sólo queda la fotografía de la pared. Luce jovial y fuerte: toda una promesa, pero sin empleo ni oportunidad estudios como al menos siete millones de muchachos en el país y otro tanto con expectativas de baja calidad como Laura.

Ella estudió una carrera técnica en reparación de cómputo, pero no pudo encontrar un espacio en el mundo laboral, sino como limpiadora. “Quería estudiar psicología, apliqué en la UNAM, no me quedé y luego me casé.

Este domingo pasará por primera vez la factura a través de las urnas, como podrán hacerlo 14 millones de muchachos que ejercerán el sufragio por primera vez en estas elecciones que tienen más de 18 años y menos de 24.

“Estoy bien tranquila, segura de votar, pero no muy emocionada”, confiesa antes de despedirse para atender sus deberes de madre de una futura generación de mexicanos.

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