Reforma para Anaheim
El sistema electoral impide una representación justa de sus habitantes
Los problemas en la ciudad de Anaheim son el resultado de una historia que ha relegado a un segundo plano a la mayoría de sus habitantes, causando una frustración cada vez mayor. La misma que explotó con el hecho policial que costó la vida de Manuel Díaz.
La imagen de prepotencia de la policía local que dejó el incidente es similar al sentimiento dentro de la comunidad latina que, a pesar de integrar el 53% de sus habitantes, no goza de ninguna representación entre los cinco integrantes del Concejo Municipal.
En Anaheim todavía persiste el sistema de un distrito general, en lugar de varios representativos de distintas regiones de la ciudad, que ha servido por mucho tiempo para diluir el voto de las minorías.
Esto ha permitido que cuatro, de los cinco concejales, vivan en el área más pudiente de Anaheim Hill, donde moran 55 mil (con 73% de blancos) de los 336 mil habitantes de la ciudad; con un ingreso medio de 123 mil dólares en comparación a 57 mil dólares de toda la ciudad.
Esta falta de representación se agudiza a medida que crece la población latina y ve que el Concejo Municipal responde a los intereses de las atracciones turísticas locales en detrimento del resto.
El contraste entre el alto y el llano de Anaheim es tan grande como el abismo que separa el florecimiento de las inversiones turísticas con decaimiento social de la comunidad latina local.
La demanda de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) contra Anaheim para que cambie sus división política a favor de distritos toca el meollo de la cuestión. Sin una representación política adecuada es difícil que haya instituciones locales sensibles a la necesidad de las diversas comunidades que conviven en esa ciudad.
Se ha reportado que el alcalde de Anaheim se reunió recientemente con gente de Disney para pedir programas de ayuda para la comunidad latina. La idea es buena, pero el problema no es de caridad, sino de justicia.
Tanto el Concejo Municipal, como los numerosos intereses comerciales de Anaheim deben reconocer la necesidad de una reforma política representativa para calmar las aguas.