Sienten la economía en carne propia

Con la experiencia personal evalúan situación del país
Sienten la economía en carne propia
Jody Baugh, en Wakarusa, Ind., perdió su trabajo en 2008.
Foto: AP

La pregunta de ¿estamos mejor ahora que hace cuatro años? ha sido obligada en la campaña electoral. Barack Obama y su campaña dicen que sí, en cambio su rival político, el republicano Mitt Romney, asegura lo contrarrio.

¿Quién tiene la razón?, depende a quién se le pregunte…

Hace cuatro años, Dan Manjack, un contratista de la construcción de Florida que luchaba por mantenerse a flote en un estado plagado por las ejecuciones inmobiliarias, tenía dificultades para sobrevivir en su trabajo.

“Fue probablemente la primera vez en mi vida que sentí miedo”, dice Manjack, un veterano del Ejército, de 44 años. “Tenía cuatro hijos que mantener, y a una ex esposa (se estaba divorciando en ese momento). Los ahorros ya se habían gastado. Mi cuenta corriente también se había terminado”.

Consiguió seguir adelante aceptando pequeños trabajos de construcción y o de marketing; incluso consideró mudarse a Dubai. “Hacía de todo tratando de sobrevivir”, dice.

Se encaminó hacia el norte. Su destino: Williston, N.D., el epicentro en el gran auge del petróleo. Un amigo lo puso en contacto con un inversionista que quería que construyera un campamento para trabajadores – viviendas provisorias para los trabajadores que llegaban y saturaban la zona.

El inversionista describió a Williston como el lugar donde hoy se encontraban las oportunidades, como en su momento fue California durante la fiebre del oro. Por lo tanto, Manjack emprendió el viaje de 1,500 millas.

El campamento se vendió incluso antes de terminarse y Manjack se dio cuenta de que estaba en un lugar de infinitas oportunidades. No hay dudas sobre cuál es su postura ante la pregunta de “estar mejor”.

“Uno puede hacerse rico aquí”, dice, “pero se logra con sacrificio”. Manjack canjeó su condominio de 1,800 pies cuadrados en Florida por una casa rodante de 40 pies cuadrados y 16 horas de trabajo. Pero no se arrepiente. Los amigos que le habían dicho que estaba loco, ahora lo llaman buscando trabajo.

Está construyendo una oficina y un condominio en el centro de la ciudad y abrió su empresa constructora.

“Hace cuatro años, no tenía rumbo en mi vida”, dice. “No sabía qué iba a pasar con la economía. “No sabía qué iba a pasar con la construcción. … Siento que encontré el lugar donde quiero estar. … No sé cómo llegué a Dakota del Norte. Pero me alegro mucho de estar aquí”.

Jody Baugh logró evitar el desempleo, pero nada en su vida parece seguro. Perdió su trabajo como soldador en el otoño de 2008, cuando cerró la fábrica de vehículos para fines recreativos en Wakarusa, Indiana, como resultado de la recesión. Estuvo sin empleo durante casi un año antes de encontrar trabajo fabricando barcos de fibra de vidrio, pero por una fracción de su antiguo salario de 19.50 dólares.

Aceptó un trabajo de 11 dó lares, pero esa empresa también cerró, con lo cual, fue pasando de un trabajo a otro, a causa de despido o cierre de la empresa. En todo este tiempo, dice, descubrió que se había convertido en un trabajador pobre.

“Las cosas eran mucho más fáciles. Uno sentía que tenía un futuro. Ahora no sé si llegaré a tenerlo.Voy a cumplir 47 años el mes que viene, y no sé si algún día podré jubilarme. Realmente da miedo. El tiempo pasa y uno no sabe qué hacer”.

Baugh siente que ha retrocedido. “Cuando tenía 19 años, solía ganar 320 dólares por semana”, dice. “Ahora que tengo 46 años, gano entre 390 y 420 dólares por semana. ¿Dónde está la mejora?”, se pregunta.

Baugh señala que ha observado una pequeña mejora económica pero desea que Obama hubiera hecho más para ayudar a personas como él.

Algunos de sus amigos creen que Romney es la solución, debido a su experiencia empresarial. Baugh no está seguro a quién votará. “Ya no creo en nadie”, dice. “Tuve mucha esperanza cuando (Obama) asumió la presidencia pensando que las cosas estarían bien”, dice. “Ahora lo único que veo es que los ricos se hacen más ricos, y los pobres más pobres. Nací en la clase media y ahora estoy del otro lado”.

Peppe Smith observa señales positivas en toda su comunidad suburbana de Youngstown. Los productores agrícolas están comprando tractores. Las mujeres están comprando máquinas de coser caras. Se está construyendo un lugar de donas. Los locales vacíos están llenándose con negocios. Se está ampliando la fábrica de tubos de acero. Y hay más clientes en las pistas de boliche.

“No puedo negar que estoy en una mejor situación que hace cuatro años”, dice, pero agrega rápidamente: “No se lo atribuyo al presidente”.

Smith atribuye las mejoras en la zona al auge de las perforaciones de gas natural que podrían generar de decenas de miles de puestos de trabajos y crear mil millones de dólares en inversiones. Es un cambio dramático para Youngstown, en una zona dedicada a la industria siderúrgica y automotriz, cuyas fábricas de acero hoy clausuradas fueron durante mucho tiempo un recordatorio del declive del poder de las fábricas en EE. UU.

Pero las cuadrillas que trabajan para las empresas de exploración de gas natural están mejorando mucho su propio negocio, junto con los trabajadores de la planta cercana de General Motors (GM) en Lordstown, una de las más beneficiadas en el rescate de la industria automotriz. Desde su reestructuración, GM agregó un tercer turno en la planta para fabricar el Chevy Cruze.

A pesar de los beneficios del rescate, Smith no es una seguidora del gobierno. Ford, dice, lidió solo con sus problemas financieros. “Eso hace que uno quiera comprar Ford”, agregó.

Smith cree que la propuesta del Partido Demócrata es “socialista” y busca crear un gobierno grande en el que las personas se vuelven muy dependiente de “la ayuda”.

“La responsabilidad recae sobre mí”, agrega. “No tenemos a nadie más a quien pedir ayuda. No puedo quedarme sentada y espera que alguien venga a rescatarme. No cuento con que Washington me dé nada. Lo hago yo misma”.