Desesperan padres deportados

Padecen mucho coraje, dolor y frustración por no tener a sus hijos

Immigrantes arrestados son llevados en autobús, para ser deportados, tras cumplir  sentencia dictada por juez federal.
Immigrantes arrestados son llevados en autobús, para ser deportados, tras cumplir sentencia dictada por juez federal.
Foto: La Opinión - J. Emilio Flores

REYNOSA, Tamaulipas.— Celia Álvarez, de 32 años de edad, originaria del estado de Puebla, actualmente está alojada en la casa del migrante de esta localidad, con la idea de reunir el dinero necesario para pagar los servicios de un “pollero” que la cruce nuevamente hacia Estados Unidos.

Esta joven madre mexicana indocumentada fue separada de sus cuatro hijos luego de ser deportada a territorio nacional hace poco más de un año y ahora sólo refleja en su mirada y en su voz la desesperación que le invade por no estar cerca de sus cuatro hijos.

Anita, la menor de escasos 22 meses de nacida, fue separada de sus padres en Estados Unidos y quedó bajo la custodia de autoridades de protección al menor en ese país, aunque una semana después le fue entregada a su madre.

Sin embargo, Celia Álvarez continúa con su viacrucis, después de que sus otros tres hijos, de 10, 9 y 3 años de edad, permanecen en Chicago, bajo el cuidado de otra mujer indocumentada, que también podría ser deportada en cualquier momento.

Aunque sus hijos nacieron en territorio estadunidense y aún son menores de edad, las leyes migratorias del vecino país no le permiten estar a su lado, cuidarlos y criarlos, pues trabajó de manera ilegal en el estado de Illinois.

La historia de Celia se repite en cientos de familias que son separadas debido a los programas de repatriación que lleva a cabo Estados Unidos y que en algunos entidades las leyes son más severas que en otros en el tema de inmigración ilegal.

Las historias de padres que son deportados del vecino país del norte a sus lugares de origen son constantes, se repiten diariamente a lo largo de la frontera norte de México, en donde empieza la frustración, el coraje, el dolor y la desesperación por recuperar a sus hijos.