Cabilderos inundan Sacramento
Intereses especiales gastaron $63 millones en el primer trimestre
Los intereses particulares en los pasillos del Capitolio. Crédito: La Opinión
SACRAMENTO. Si usted es un ciudadano común que visita el Capitolio Estatal y se le dificulta caminar por los pasillos de antesala a la Asamblea y el Senado, quizá no se le ocurriría pensar que los personajes que atiborran el lugar son quienes deciden en gran parte el destino de este estado.
Se trata de los cabilderos pagados por una gran variedad de intereses, desde los sindicales hasta las grandes corporaciones, que vierten cantidades récord de dinero cada año para ganar acceso a los legisladores y tener la posibilidad de influir en sus votos.
“En lo que va del primer trimestre de este año los cabilderos han gastado casi 63 millones de dólares”, dice Phillip Ung, de California Common Cause, una organización no lucrativa que trabaja para pedirles cuentas a los los funcionarios públicos.
En 2012, los cabilderos gastaron 275.7 millones de dólares en cortejar a legisladores y agencias estatales. Esta cifra no incluye las contribuciones a las campañas, aclara Ung, quien es también cabildero para Common Cause.
Es fácil adivinar cuándo los votos importantes van a darse en el Capitolio porque es entonces que los cabilderos inundan los pasillos vecinos a las cámaras legislativos. Es común observarlos, en momentos en que los comités comienzan a considerar las medidas, más aún, en los cierres de las sesiones legislativas, o a la hora de las votaciones del presupuesto.
Nerviosos, envían sus mensajes y tarjetas de presentación a los legisladores a través de sargentos que cuidan el orden en las cámaras estatales, quizás con la esperanza de influir a último minuto en el proyecto de ley de su interés.
Y es en esas preciosas semanas del tercer y cuarto trimestre de las negociaciones presupuestales y votos de políticas mayores cuando los cabilderos invierten más en los hacedores de leyes.
“En lo que más gastan los cabilderos son en costosas comidas, recepciones, y almuerzos para los legisladores. Estamos hablando de cenas que superan un consumo de más de 100 dólares”, indica Ung. También les obsequian viajes, estancias en lujosos resorts y boletos preferenciales para espectáculos y eventos deportivos.
Varios esfuerzos legislativos hechos en los últimos años para prohibir que los legisladores reciban de los cabilderos e intereses especiales boletos gratis para eventos deportivos, golf, tratamientos en los spas, conciertos, y otros beneficios, no han podido avanzar y mueren en los comités de las cámaras legislativas.
California casi siempre ha obtenido malas calificaciones en transparencia de gobierno. Sin embargo, una revisión nacional realizada el año pasado por el Center for Public Integrity, Global Integrity and Public Radio International dio el año pasado una B en riesgo de corrupción y una A en revelar quienes son los cabilderos y las auditorías internas, pero una D, en acceso de la información para el público.
En 2012, según el reporte anual financiero que los legisladores tienen que hacer de los regalos que reciben, se mostró que el presidente de la Asamblea, John Perez, de Los Ángeles recibió regalos por 17,800 dólares que incluyeron un viaje educativo a Corea del Sur, boletos para eventos de deportivos, cajas de puros y hasta un pato de cristal con valor de 100 dólares.
La líder de los republicanos, Connie Conway, de Tulare, fue acreedora a obsequios por un monto de 10,500 dólares que incluyeron comidas, pases para Disneyland y para carreras de caballos.
La industria del cabildeo no parece ser impactada en lo más mínimo por la recesión, pues cada vez hay más cabilderos. En 1974, un reporte mensual de septiembre del Centro para la Educación e Investigación en el Gobierno, daba cuenta que había 675 cabilderos registrados, entre cuatro a seis por legislador.
En la actualidad, dice Ung, la capital estatal tiene casi 2,000 cabilderos, un promedio de entre 15 y 16 por cada uno de los 120 legisladores.
Y de todos es sabido que muchos de los cabilderos hasta les llevan ya redactadas las propuestas legislativa a los legisladores.
“Más de la mitad de los proyectos de ley son presentados por intereses especiales, eso incluye redactarlos”, dice Héctor de la Torre, exasambleísta demócrata de South Gate, y actual miembro de la Junta Estatal de Recursos del Aire y de la Junta Directiva de Occidental College.
De la Torre aclara que eso no quiere decir que los cabilderos tengan la última palabra, porque en el proceso legislativo las medidas cambian y se enmiendan.
“Yo nunca me sentí presionado porque mi política siempre fue de puertas abiertas para todos, incluyendo a los cabilderos, y es importante escucharlos para conocer cómo una política que queremos implementar va a afectar a un negocio, y educarnos sobre el tema”, observa De la Torre.
Y acepta que los cabilderos escriben cheques para las campañas. “Son parte del sistema norteamericano, están todos los días en los pasillos, en los eventos de recaudación de fondos, cada uno representa hasta diez diferentes grupos y compañías”, asegura.
Bob Stern, presidente del Centro de Estudios Gubernamentales (CGS), dice que no ve mal la creciente presencia de los cabilderos en Sacramento porque son personajes que ayudan a que los legisladores se formen una opinión.
“Sólo hay dos cosas que me molestan: que influyan para cambiar de último minuto los proyectos de ley, y que mientras las compañías ricas pueden tener cabilderos, el ciudadano común no puede pagar por uno”, dice.