Relacionan enfermedades con embargos de casas en condado de LA

Algunas personas sufren deterioro físico y mental al perder sus viviendas

Relacionan enfermedades con embargos de casas en condado de LA
Ha habido casos de personas que llegan a tomar medidas extremas y optan por el suicidio, dice una experta en salud mental.
Foto: AP

La vivienda no es sólo lo que pierden los dueños de casa que caen en la ejecución hipotecaria. A menudo la salud física y mental también es embargada. Y en algunos casos, en el “foreclosure” se les va la vida.

Así le pasó a doña Juana Briceño cuando la desalojaron de su casa de Boyle Heights, en la que había vivido por 23 años.

Cuando el 1 de enero de 2012 sus hijos le ayudaban a deshabitar su vivienda por mandato judicial, doña Juana se sentó en el patio, estaba abatida, y así como veía salir cada mueble se le desprendían las lágrimas y los recuerdos.

“La consumió ese último adiós, se despidió de su casa, que era su lugar de relajación”, contó su hijo Jorge Briceño. “Ahí se ponía a hablar con sus plantas, se la pasaba arreglándola, pero luego de que se la quitaron cayó en la depresión, estaba muy triste, se le quitaron las ganas de vivir y a las tres semanas, el 23 de enero, murió, de un ataque al corazón”.

Doña Juana, de 69 años de edad, perdió su vivienda porque los $800 dólares que recibía al mes del Seguro Social ya no le ajustaban pagar la hipoteca y el One West Bank le negó una modificación de préstamo.

“A mi mamá no sólo le embargaron la casa, también la vida”, dijo Juan Briceño, otro de sus hijos.

En esos mismos días, el 5 de enero de 2012, a la señora Amber Herrera también la despojaron de su patrimonio. Agentes del Sheriff llegaron su casa de Van Nuys para cumplir una orden de desalojo.

Había vivido ahí por 32 años y en todo ese tiempo sólo se retrasó un mes en el pago, pero al intentar hacer una modificación de préstamo fue víctima de un engaño.

A partir de entonces, a sus 65 años de edad, la señora Herrera ha sufrido una avalancha de trastornos físicos y emocionales.

“Empeoró la diabetes, la presión alta, me empecé a sentir muy mal, tuve un colapso nervioso, no podía ir al doctor porque no tengo aseguranza, fui a urgencias y me detectaron un nivel de azúcar muy alto, así como de colesterol, no podía permanecer de pie y estuve en cama durante un mes”, comentó.

Según expertos, la señora Herrera pudo haber peleado su caso para recuperar su vivienda, sin embargo el empeoramiento de la salud se lo impidió.

“Los bancos hacen un juego psicológico, probablemente a sabiendas de que van a deteriorar a la personas, física, emocional y espiritualmente”, agregó Herrera. “A parte sentía un coraje interno, depresión, no pensé en suicidarme porque soy cristiana y creo en Dios, pero conozco personas que se han querido quitar la vida por lo mismo”.

Raquel Zamora, terapeuta de salud mental egresada de la Universidad del Sur de California (USC), comentó que el suicidio es el recurso extremo al que han llegado muchas personas que han perdido sus viviendas al no atender su depresión.

“Existe una relación entre el perder su casa y la salud mental, muchos caen en depresión y en nuestra cultura las personas no suelen recurrir a un psicólogo, entonces empiezan a fumar o a drogarse por la depresión que padecen, y ha habido casos de gente que se ha suicidado por perder su casa”, comentó la psiquiatra.

La violencia doméstica y la afectación emocional en los niños son otros de los problemas vinculados a la ejecución hipotecaria, indicó.

En Estados Unidos de 2010 a 2012 más de 6.5 millones de viviendas fueron embargadas y para septiembre de 2013, según RealtyTrac, había 10.7 millones de propiedades residenciales en riesgo de caer en “foreclosure”, es decir, el 23% de todas las casas del país.

Carlos Marroquín, coordinador de Occupy Fight Foreclosure, ha estado en contacto con múltiples familias que han sido víctimas del embargo hipotecario y ha sido testigo del deterioro de la salud en quienes pierden sus casas.

“Frecuentemente la mayoría de las familias que vienen con nosotros se ven afectadas física, psicológica y emocionalmente”, mencionó. “Yo he visitado a familias en el hospital, además de que las relaciones familiares se ven deterioradas por divorcios, no se habla mucho esto, pero sucede en la mayoría de casos”.

Ayuda disponible

* Para buscar ayuda y tratar la depresión cuando son víctimas del embargo hipotecario, existen organizaciones comunitarias que ofrecen ese servicio:

– Alma Family Services: 323-881-3799

– Clínica Monseñor Óscar Romero: 213-201-2786

– Behavioral Health Services (BHS): 323-221-1746

– Transforming Life Center: 562-275-8966

* Para revisar casos de fraude hipotecario, Occupy Fight Foreclosures realiza reuniones comunitarias. Informes: 323-696-0596 y 323-592-4663.