Corrpución en Sacramento

Sacramento se vio estremecido esta semana con el arresto del senador Leland Lee bajo una serie de cargos que van desde corrupción pública hasta el tráfico de armas. La acusación es una mezcla de acciones delictivas de un grupo de personas allegadas al legislador con la usualmente conflictiva relación de recibir fondos de campaña a cambio de favores.

Ante todo, es dificil no soprenderse que uno de los legisladores estales más activos en promover la transparencia en el Gobierno —incluso regulando las contribuciones de campaña— se vea relacionado en un escándalo de este tipo. Mucho peor es que uno de los principales activistas en favor del control de las armas de fuego sea acusado de recomendar a un agente encubierto del FBI un traficante internacional para la compra ilegal de armamento.

La acusacion es lo suficientemente seria para justificar su inclusión, junto sus colegas Ron Calderón y Rod Wright, en la lista de senadores suspendidos. Lo inaceptable, como lo dijimos con anteriodad, es que los tres demócratas —dos acusados de corrupción y uno ya convicto de engañar a los votantes— sigan percibiendo su salario sin trabajar como si no pasara nada.

La acusación sobre los legisladores ratifica la desconfianza ya existente entre los votantes sobre sus representantes, la decisión de seguir pagándoles eleva la molestia al nivel de una indignación razonable al ver cómo se apañan unos a los otros en Sacramento con el dinero de los contribuyentes.

Este caso también merece una reflexión sobre el sistema de financiamiento de campaña que obliga a los políticos a dedicar demasiado tiempo para recaudar dinero. Un escaño en la Asamblea implica un costo cercano al medio millón de dólares y una campaña para un cargo estatal, como el de secretario de Estado al cual aspiraba Yee, representa millones de dólares en gastos.

La culpa en los casos de corrupción no la tiene el dinero que pasa de manos, sino los individuos que actúan impropamiente. Pero quizás la tentación no sería tan grande si se controlara mejor los millones de dólares de cabilderos e intereses que con sus donaciones contribuyen al espiral del dinero en las campañas políticas.