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Veinte años sin Carlos Monzón

El deporte y la vida en contravía para uno de los grandes boxeadores de la historia que sigue siendo un mito en la memoria de todos

Carlos Monzón (der.) noqueó a 'Mantequilla' Nápoles en febrero de 1974, uno de sus mejores triunfos.

Carlos Monzón (der.) noqueó a 'Mantequilla' Nápoles en febrero de 1974, uno de sus mejores triunfos. Crédito: Getty Images

Sobre el ring parecía imbatible. Abajo del ring apenas si pudo defenderse de esa guerra sin cuartel en la que vivió su vida. La suya fue una existencia de contrastes y el hombre humilde que conoció el hambre y la pobreza en su natal Santa Fé, Argentina, fue luego conocedor de la opulencia en plan de millonario ya como campeón mundial.

Sí, el muchachito que dejaba la escuela para ir a trabajar como lustrabotas en las tardes, luego fue invitado de honor a un almuerzo por el príncipe Rainiero de Mónaco. Así, a contrapelo, a los bandazos, vivió Carlos Monzón quien el 8 de enero cumple veinte años de muerto.

Todo comenzó en noviembre de 1970, cuando un larguirucho y desconocido argentino, viajó hasta Italia, como retador al título en la categoría de los medianos y noqueó al entonces campeón Nino Benvenuti, en el duodécimo asalto, para hacerse con el cetro e iniciar el prólogo de una historia que le llevaría a convertirse en uno de los más grandes boxeadores en la historia de su categoría.

Era Carlos Monzón. El mismo hombre, que desde entonces dejó sembrada la semilla de imbatibilidad, cada vez que calzó los guantes y en todo tinglado del mundo que pisó.

Carlos Monzón, nacido el 7 de agosto de 1942, conoció, como la mayoría de boxeadores, la pobreza en cada rincón del rancho de sus padres; pero dotado de un carácter irreductible, decidió abrirse paso en la vida a las trompadas y en 1963 debutó en el boxeo profesional.

Desde ahí, en su ruta al título, Monzón perdió 3 peleas y nunca más conocería el sabor amargo de la derrota, porque, dimensionando su grandeza, se dio el gusto de defender su título en 14 oportunidades y retirarse en posesión del cetro mediano en agosto de 1977.

En siete años de reinado, Monzón, hizo parte de un momento estelar del boxeo argentino, que por entonces manejaba Tito Lectoure y que llenó de luces el Luna Park de Buenos Aires, en la misma epoca brillante de Víctor Galíndez, “Ringo” Bonavena y Nicolino Locche.

Y fueron muchos los cambates memorables, frente a otros gigantes que, amargamente coincidieron con él en la categoría mediana.

El legendario norteamericano Emile Griffith; Jean Claude Bouttier, el gran ídolo francés y Bennie Briscoe, Tony Mundine, Tony Licata (su única pelea en el Madison Square Garden) y el colombiano Rodrigo Rocky Valdez, en dos ocasiones en Montecarlo, conocieron la dinamita de sus puños y debieron inclinarse ante Monzón, que por cierto, ya en 1974, había derrotado por nocaut técnico en 8 asaltos a otro grande todas las épocas: José “Mantequilla” Napoles.

Su retrospecto dice que estuvo en 100 peleas, con 89 victorias, siete empates, tres derrotas y una sin decisión. Ganó 61 combates por la “via del cloroformo”.

Dotado de un biotipo privilegiado para la categoría, Monzón según expertos, parecía mucho más “un semicompleto enflaquecido”, que un auténtico hombre de las 160 libras.

Su estatura y su alcance, le permitían un control total de sus adversarios, a quienes empezaba a castigar, en una tarea de demolición, merced a su inclemente jab de izquierda, que era casi un recto y finalmente concluía su labor de destrucción con su poderosa derecha, para poner en la lona a sus rivales y dejar en el suelo sus ilusiones de grandeza. Para muchos, fue un superdotado físico y en todo caso un campeón excepcional.

Pero la página dos de su historia, después de los años de gloria, estaba todavía por contarse.

Sí, de la mano del dinero y la gloria, llegó también la amistad de muchas celebridades -de las buenas y de las otras- y Monzón, un clásico “macho latino”, no era persona de equidades morales para comportarse. Primero abandonó a Mercedes Beatriz García, -“Pelusa” le llamaba- su esposa desde 1963 hasta 1974, madre de sus dos hijos, (y uno más adoptado), cuando apareció Susana Jiménez, la vedette del momento en los años setenta.

Así, inició su consolidación en el Jet Set internacional. Hizo películas, fue modelo y hasta le calificaron como uno de los hombres mejor vestidos del mundo. Alain Delon, Jean Paul Belmondo, Pierre Cardin, eran algunos de sus amigos.

Luego de una relación tormentosa, no exenta de violencia y noches de turbulencia con malandrines de todas las pelambres, la Jiménez le abandonó en 1977, por no poder soportar más su temperamento violento.

Padecía Monzón, a sus 36 años, la depresión propia del ‘día siguiente’. Cuando ya eres sólo un ‘ex’ y ya no hay entrevistas. Ni portadas. Ni fama. Luego tampoco habría dinero a manos llenas.

Desde allí fue sólo un paso más hacia el abismo, porque tras una relación conyugal con la modelo uruguaya Alicia Muñiz, en uno de sus habituales desajustes emocionales, ya crónicos a causa del alcohol y en alguna proporción las drogas, el 14 de febrero, (el día de San Valentín) de 1988, Monzón la arrojó desde el balcón de su residencia en Mar del Plata, ocasionándole la muerte.

Allí no hubo fallo arbitral que discutir. Monzón, aquel titán que ganó tantas veces sobre el ring sin necesidad de que mediaran los jueces, se debió inclinar sumiso delante de una mujer: la jueza Alicia Ramos Fondeville, el 3 de julio de 1989, leyó el veredicto: culpable.

Fue condenado a 11 años de prisión. Monzón -por una vez- fue literalmente acorralado contra las cuerdas. Ya no más Rolex. Mercedes Benz. Lapidus, Dior o Aramis, sus marcas favoritas. Ya nunca más habría champaña rigurosamente francés.

El capítulo tres, terminaría de contarse, cuando el domingo 8 de enero de 1995 los cables internacionales, informaron al mundo que Carlos Monzón, había fallecido en un accidente de carretera, cuando hacía uso de las 48 horas de libertad de fin de semana. Le acompañaban, un hombre que también falleció y una mujer que pudo salvar su vida. Un mes más y habría cumplido las tres cuartas partes de la condena para alcanzar la libertad condicional. Pero no pudo ser.

Así se murió Monzón hace veinte años: a toda velocidad, libre y en paz consigo mismo. Murió como vivió: mirando de soslayo las normas, tomando atajos y bebiéndose todo de un sorbo.

El Renault 19 gris que conducía fue encontrado por un campesino del paraje Los Cerritos, cerca de Santa Rosa de Calchines a 30 millas de Santa Fé. El cuerpo inerte de un gigante de los tinglados del mundo estaba a unos 40 metros del auto.

Sin muchos detalles, así fue fechada su partida de defunción, sólo para cumplir el trámite de sepultar a la leyenda, porque el hombre, hacía ya largos años que estaba muerto.

Fecha / Lugar / Rival / Resultado

11-07 1970 Roma Nino Benvenuti (1) GKO 12

05-08-1971 Montecarlo Nino Benvenuti GKO 3

09-25-1971 Buenos Aires Emile Griffith GKOT 14

03-04-1972 Roma Dennis Moyer GKOT 5

06-17-1972 París Jean Claude Bouttier GKO 13

08-19-1972 Copenhague Tom Bogs GKO 5

11-11-1972 Buenos Aires Bennie Briscoe GPP 15

06-02-1973 Montecarlo Emile Griffith GPP 15

09-29-1973 París Jean Claude Bouttier GPP 15

02-09-1974 París José ‘Mantequilla’ Nápoles GKOT 7

10-05-1974 Buenos Aires Tony Mundine GKO 7

06-30-1975 Nueva York Tony Licata GKOT 10

12-13-1975 París Gratien Tonna GKO 5

06-26-1976 Montecarlo Rocky Valdez (3) GPP 15

07-30-1977 Montecarlo Rocky Valdez GPP 15

08-29-1977 Buenos Aires Anuncia oficialmente su retiro del boxeo

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