La madre que denunció el envenenamiento por agua con plomo en Flint

Los altos niveles de plomo en el agua de este pueblo de Michigan han dañado seriamente la salud de sus habitantes, especialmente de los niños
La madre que denunció el envenenamiento por agua con plomo en Flint
Algunas vecinas llevaron sus protestas a los centros de poder de Washington.
Foto: BBC/Getty

Se ha convertido en un escándalo en Estados Unidos, con el envío de soldados de la Guardia Nacional, la declaración del estado de emergencia y la visita, el miércoles, del presidente Barack Obama. Pero durante meses, la grave contaminación con plomo del agua de Flint, una ciudad de 100,000 habitantes en el noreste de Estados Unidos, parecía no importarle a nadie. O casi.

LeeAnne Walters, con 38 años y cuatro hijos, fue galardonada en marzo con el premio al coraje de la libertad de expresión del club literario PEN America por su “perseverancia frente al desdén oficial, la inercia política y la ignorancia deliberada”.

“Mi casa fue la zona cero”, le dice Walters a BBC Mundo, la primera de la ciudad donde las autoridades midieron los niveles de plomo en el agua corriente. La exposición al plomo tiene graves efectos sobre la salud que pueden ser irreversibles, sobre todo en los niños pequeños.

Los estudios indican un descenso del cociente intelectual, un empeoramiento de las capacidades cognitivas y del comportamiento.

Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), es especialmente peligroso para el cerebro y el sistema nervioso de los fetos y los niños pequeños. En el caso de las mujeres, los efectos pueden transmitirse a los hijos y alcanzar incluso a los nietos.

Agua de color marrón

Los problemas en Flint comenzaron cuando en abril 2014, el entonces alcalde decidió desconectar la ciudad del sistema de agua de Detroit y utilizar el contaminado río Flint como fuente de suministro.

El presidente de EEUU, Barack Obama, declaró el estado de emergencia en enero.

Poco después, LeeAnn y su familia empezaron a notar las consecuencias. “¿Ves mi pierna? En junio de 2014 empecé a tener una erupción que no se va”, le dice LeeAnn a BBC Mundo. “Mis hijos empezaron a tener erupciones en la piel, empezamos a ver pérdida de pelo, dolores de cabeza”, explica.

Ella misma perdió las pestañas. Ese octubre, la fábrica de General Motors en la ciudad anunció que dejaría de usar el agua del río Flint porque estaba corroyendo los motores, explicó la página de noticias Mother Jones.

En enero, el agua de los grifos de casa de LeeAnn salía de color marrón. Para entonces, todos los miembros de la familia solo bebían ya agua embotellada y limitaban las duchas a lo mínimo imprescindible.

“Hice un video de mi hijo antes y después de bañarse, para mostrar cómo le estaba afectando y cómo le dolía”, explica LeeAnne. Cuando uno de sus gemelos, que tenía entonces 3 años, se daba un baño, la piel se le ponía roja y se desprendía.

LeeAnne es madre de cuatro hijos: Kaylie (19 años), J.D. (15), Gavin y Garrett (5).

LeeAnne y otros vecinos empezaron a ir a las reuniones del consejo municipal de Flint con botellas de agua marrón.  Mientras esto pasaba, el entonces alcalde de la ciudad, Dayne Walling, aseguraba que el agua de Flint era segura.

El agua de la ciudad se puede beber de forma segura. Mi familia y yo la bebemos y la usamos todos los días”, dijo en una conferencia de prensa en enero de 2015, según Mother Jones.

LeeAnne se pone a estudiar

“Teníamos todas estas pruebas físicas y nadie nos estaba escuchando”, dice LeeAnne.

Los niños son los más afectados por el plomo.

“¿Cómo probamos lo que está pasando? Decidimos recurrir a la ciencia porque nadie puede debatir con la ciencia”. Entonces empezó a estudiar los informes municipales del agua, a aprender sobre los efectos del plomo, a “intentar entender qué estaba pasando”.

Y a fuerza de insistir, logró que examinar los niveles de plomo del agua de su casa. El resultado arrojó que el agua de la casa de LeeAnn tenía un nivel de plomo de 104 partes por billón.

El “nivel de acción” establecido por la Organización Mundial de la Salud, que indica que hay que intervenir, es de 10 partes por billón, y el del CDC es de 14.

Entonces, dice LeeAnne: “Recibí una llamada frenética del departamento de aguas en la que me decían que no bebiera esa agua, que me asegurara de que mis hijos no la bebieran y que teníamos que hablar”. La respuesta de la ciudad fue cambiar su línea de suministro.

Una pediatra al rescate

LeeAnne llevó a sus hijos al médico y los análisis de sangre de su hijo pequeño, el gemelo de tres años, Gavin, mostraron que sufría “envenenamiento por plomo”.

La madre, desesperada, se puso en contacto con un funcionario de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) del Medio Oeste, Miguel del Toral, y con un experto de la Universidad de Virginia, Mark Edwards.

“Miguel vino a hacer algunos exámenes independientes y se llevó una muestra de las tuberías. También hizo exámenes en las casa de dos vecinos. Una de ellas también estaba por encima de los niveles permitidos”, explica. “Me volvió a contactar en junio y me dijo que había hecho un informe. Cuando yo y mi marido lo leímos, nos dijimos: ‘¡Están envenenando toda la ciudad!'”

Pronto entró en escena otra mujer que también tuvo un importante papel en el descubrimiento de la crisis de Flint: la pediatra del Hospital pediátrico de Hurley y profesora del Colegio de Medicina de la Universidad estatal de Michigan, Mona-Hanna Atisha.

Flint ya ha dejado de utilizar el agua del río que pasa por la ciudad.

Atisha apareció este año en la lista de las 100 personas más influyentes de la revista Time por su papel en la crisis de Flint.

Empezó a examinar a los niños que llegaban a su consulta y vio que presentaban niveles de plomo en sangre que duplicaban, y en algunos casos triplicaban, los anteriores al cambio de fuente de suministro del agua de la ciudad.

En un artículo del 27 de marzo en The New York Times, Atisha pedía ayuda federal, mayor a los $220 millones que está considerando el Congreso para infraestructura y servicios sanitarios. “No es una cuestión de partidos, es una cuestión humanitaria”, dice en el artículo.

Atisha calcula que más de 8000 niños menores de seis años bebieron agua contaminada con plomo en Flint y recuerda los riesgos que comporta, aunque también ve espacio para la esperanza.

“No todos los niños expuestos sufrirán las consecuencias más graves. Algunos estarán bien, aunque el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades dice que no hay nivel seguro de plomo en un niño”.

En octubre de 2015, el gobernador Rick Snyder anunció que la ciudad pasaría de nuevo a comprar agua a Detroit y no seguiría usando la del río Flint.

En noviembre, los vecinos anunciaron una demanda colectiva contra autoridades de la ciudad y del estado. LeeAnne ha presentado una demanda individual.

LeeAnn todavía no está contenta con la situación.

En enero de este año, la fiscalía de Michigan lanzó una investigación sobre el manejo de la crisis por parte de las autoridades.

El presidente Barack Obama declaró el estado de emergencia y anunció que dará $80 millones de ayuda al estado de Michigan, la mayor parte de la cual irá destinada a Flint. Pero a pesar de todo, Lee-Anne no está satisfecha.

“Me preocupo por mis hijos todos los días”, dice. “Mi hijo gemelo de cinco años pesa 15 kilos y no ha crecido desde que empezó todo esto. Mis gemelos tienen problemas de habla, mi hija de 18 tiene que ver a un cardiólogo, yo llevo pestañas postizas”.

– Antía Castedo