La otra cara de Trump sobre el empleo

Ahora el magnate arremete contra los sindicatos
La otra cara de Trump sobre el empleo
El presidente electo Donald Trump durante una visita a la empresa Carrier.

Donald Trump ganó la elección presidencial con la promesa de devolver a los trabajadores estadounidenses, especialmente a los de los Estados industrializados, sus empleos que desaparecieron bajo la tecnología y la globalización. Con el triunfo en la mano, el futuro de los trabajadores se percibe oscuro tanto por el mismo presidente electo como por su equipo.

Ya se vió que la simpatía laboral de Trump tuvo patas cortas cuando el jefe sindical de la empresa Carrier, Chuck Jones, rechazó ser parte del show de los empleos salvados del presidente electo y de la compañía.  Jones cuestionó la cifra exagerada dada de trabajos que, según el republicano, él había evitado que se fueran a México.
Ya está claro que no hay nada que le moleste más al próximo presidente que lo corrijan cuando miente. De ahí su reacción tuitera reflejó el peor estereotipo que puede tener un empresario de los trabajadores. Culpó a los sindicalistas de que los empleos que se fueron y que había que “trabajar más y hablar menos”. Es impensable que Trump se hubiera expresado de esta manera durante la campaña que le ayudó a conquistar el 40% de votos sindicales.
Si quedaba alguna duda sobre la visión del gobierno entrante sobre la clase, esta debe disiparse con la designación del próximo secretario de Trabajo, Andy Puzder. Hay una profunda ironía que la persona a cargo de regular los salarios, la seguridad y que no haya discriminación provenga de una industria como el de la comida rápida.
Puzder, el jefe ejecutivo de Carl’s Jr., es un motivo de preocupación por el ejemplo mostrado en su empresa. Esta tiene el plan -401(k)- menos generoso de la industria, sin contribución del empleador, con el costo más alto de administración y considerado el de beneficios más bajo.
El próximo secretario de Trabajo se opone a la decisión de elevar el ingreso para el pago de horas extras, al aumento del salario mínimo federal a 10 dólares por hora y a la política de días libres de enfermedad. Su rechazo al Obamacare se basa en la obligatoriedad y por las primas elevadas que, según dijo, perjudicaban los restaurantes porque la gente no tenía plata para comer  afuera.
Puzder favorece una legalización de los inmigrantes, pero su interés se basa en una mano de obra barata sin derechos ni protección.
Esta designación no tiene en mente el bienestar de los trabajadores. Es la reafirmación de una filosofía en que no es más que una pieza de un sistema que no lo valora para tenerlo amarrado con la amenaza de que si no acepta las migajas no tiene empleo.