La gigantesca masa de plástico que bloquea un río en Indonesia y contra la que lucha el ejército

El problema requerirá una solución de fondo, advierten los expertos.

La acumulación de desechos en el país asiático es tan grave que el gobierno ha llamado al ejército para ayudar a limpiar los cursos de agua.

La acumulación de desechos en el país asiático es tan grave que el gobierno ha llamado al ejército para ayudar a limpiar los cursos de agua. Crédito: David Shukman

La acumulación de desechos plásticos en Indonesia se ha vuelto tan aguda que las autoridades han convocado al ejército para ayudar a paliar la crisis.

Los ríos y los canales están obstruidos por densas masas de botellas, bolsas y otros envases de plástico.

Los funcionarios dicen que libran una “batalla” contra el desperdicio que se acumula tan rápido como lo limpian.

El comandante de una unidad militar en la ciudad de Bandung lo describió como “nuestro mayor enemigo”.

Al igual que en muchos países que se desarrollan de forma rápida, en Indonesia se han hecho notorias las dificultades que enfrenta para lidiar con montañas de basura.

El boom poblacional se combina con un aumento explosivo del uso de envases y envoltorios de plástico que reemplazaron a los envases biodegradables naturales como las hojas de plátano.

El resultado es que los recolectores locales de basura no pueden seguir el ritmo de la dramática expansión de los residuos generados.

Río tapado de basura en Indonesia

David Shukman
La concentración de basura es tan alta que bloquea las vías fluviales.

Y una cultura de larga data de arrojar basura en zanjas y arroyos significa que cualquier intento de limpieza requerirá un cambio masivo en la opinión pública.

‘Vista impactante’

En Bandung, la tercera ciudad más grande de Indonesia, presenciamos la sorprendente imagen de una concentración de desechos de plástico tan grande que parecía un iceberg y bloqueaba un afluente importante.

Los soldados desplegados en una barcaza usaban redes para tratar de extraer bolsas, envases de poliestireno y botellas en una tarea que parecía inútil porque todo el tiempo fluía más plástico desde aguas arriba.

El funcionario a cargo, el Dr. Anang Sudarna, que dirige la Agencia de Protección Ambiental de Java Occidental, me dijo que el problema era “imposible de resolver sin la máxima autoridad”.

Es por eso que dio el drástico paso de apelar al presidente de Indonesia para enviar al ejército, una medida que, según él, ha hecho alguna diferencia.

“El resultado ha mejorado un poco… pero estoy enojado, estoy triste, estoy tratando de pensar cuál es la mejor manera de resolver esto… lo más difícil es la actitud de la gente y la voluntad política”.

Vertedero

David Shukman
Según un sargento del ejército indonesio, la basura es hoy “el mayor enemigo” del país.

El valor del plástico

Para el sargento Sugito, al mando de una unidad del ejército, la tarea es nueva e inusual y “no tan fácil” como parece.

“Mi enemigo actual no es un enemigo de combate, contra lo que estoy luchando con mucha fuerza ahora es basura, es nuestro mayor enemigo”.

No obstante también señaló que se debería rescatar el valor del plástico: “Por ejemplo, los envases y las botellas de plástico se pueden separar del resto de la basura y vender”, dijo.

Alentar a las personas a ver el plástico como un recurso es un paso clave para encontrar una solución a la crisis.

Para fomentar el reciclaje, las autoridades en el área de Bandung están apoyando iniciativas en “ecoaldeas” donde los residentes pueden llevar artículos de plástico y recibir pequeñas cantidades de dinero a cambio.

Los plásticos se dividen por tipo. En un proyecto que visitamos, dos mujeres cortaban pacientemente botellas y vasos de agua pequeños porque la separación de los diferentes tipos de polímeros genera precios más altos.

Los funcionarios son optimistas de que se correrá la voz de que el plástico tiene valor y que esto aumentará la conciencia sobre el problema del desperdicio de plástico.

Pero también admiten en privado que muchos habitantes no están interesados o no reconocen el problema.

Mientras tanto, en el único vertedero de Bandung —que recibe solo una fracción de los desechos que produce la ciudad— se lleva a cabo una forma no oficial de reciclaje.

Próxima generación

En una ladera enterrada en basura, en medio de un hedor abrumador y un calor tropical, unas 500 personas —a las que se conoce como “carroñeros”— revisan cada nueva carga de basura en busca de productos de plástico.

El trabajo es duro, pero genera ingresos que sostienen a familias enteras que viven en el basurero, y también demuestra que hay un mercado para el plástico reciclado y que se podría hacer más para desarrollarlo.

Para el activista Mohamad Bijaksana Junerosano, de la ONG Greeneration, que trabaja para modificar actitudes, la solución debe incluir cambios en la aplicación de la ley, la educación y la conciencia social.

Según Junerosano se necesita inversión para enseñar a los niños sobre el desperdicio y el reciclaje, pero eso debe hacerse con mejoras en la actitud del público.

“Si educamos al estudiante y cuando sale de la escuela ve que el ecosistema todavía está roto y la gente está ensuciando por todas partes, estará confundido. Por eso hay que actuar de ambos lados: educar pero también aplicar la ley”.

Escala monumental

El científico ambiental holandés Ad Ragas de la Universidad de Radboud, que tiene una larga experiencia trabajando con el problema del plástico en Indonesia, me dijo que ha detectado un cambio importante en las autoridades.

Hace dos años, cuando organizó un taller sobre contaminación plástica en Bandung, “a los funcionarios del gobierno no pareció importarles, no lo vieron como un gran problema”.

Pero en otro taller celebrado el mes pasado, “la cosa cambió drásticamente”.

Las redes sociales, que transmiten rápidamente imágenes de vías fluviales ahogadas, están marcando la diferencia, dijo.

“La gente inmediatamente ve que ‘así se ve mi río ahora y yo lo estoy provocando porque estoy tirando todo este plástico’, así que están mucho más abiertos a recibir consejos que antes”.

Pero el desafío no solo es monumental en escala, también es constante.

Los soldados que filmamos habían planeado cargar el plástico en camiones, pero debido a que los vehículos nunca llegaron decidieron un curso de acción diferente: usar una excavadora para empujar los desechos río abajo.

Le pregunté al sargento qué pasaría con esa basura. “Depende de otra unidad recolectarla”, me dijo. Es decir: se convirtió en el problema de otra persona.

Pesadilla

Cerca de la costa, en las afueras de la capital, Yakarta, encontramos un canal que estaba totalmente bloqueado con plástico.

Los residentes locales se quejaban de que cada vez que trataban de limpiarlo llegaba más de corriente arriba, como ocurría en Bandung.

La más apocalíptica de todas fue la escena en un pueblo de pescadores en la costa misma.

El lodo de la costa estaba completamente oculto por una gruesa capa de desechos plásticos que se extendía a lo largo de cientos de metros.

En una pasarela que atravesaba el mar de plástico, una niña pequeña jugaba con un globo. Para cuando se solucione la pesadilla plástica de Indonesia, es posible que esa niña ya sea adulta.

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