El éxodo de Venezuela podría alcanzar 8,2 millones y sobrepasar la crisis de refugiados sirios, dice Brookings

Si la comunidad internacional no atiende la crisis con medidas contundentes, el éxodo de migrantes y refugiados de Venezuela podría sobrepasar en el próximo año la crisis de refugiados sirios, advirtieron los expertos.
El éxodo de Venezuela podría alcanzar 8,2 millones y sobrepasar la crisis de refugiados sirios, dice Brookings
Escasez y crisis alimentaria en Venezuela
Foto: EFE

WASHINGTON— La crisis migratoria de Venezuela ya constituye el mayor desplazamiento de personas en América Latina pero, según ha advertido la Institución Brookings, ésta podría generar la salida de 8,2 millones de personas en el próximo año, sobrepasando la crisis de refugiados sirios, si EEUU y la comunidad internacional no toman medidas contundentes.

La crisis política, sumada a una crisis económica y la grave escasez de alimentos que obliga a muchos a hurgar en basureros, ha generado ya el éxodo de más de tres millones de personas, de los cuales un millón se han alojado en Colombia.

Sin acciones urgentes de la comunidad internacional, ese éxodo podría alcanzar los 8,2 millones en los próximos doce meses, sobrepasando la crisis de los cinco millones de refugiados sirios que huyeron de su país debido a la guerra civil,  según un nuevo análisis de la Institución Brookings.  

Naciones Unidas ha llamado la crisis de migrantes y refugiados venezolanos el mayor desplazamiento de personas en América Latina.

El nuevo estimado de Brookings incluye a los tres millones que han salido de Venezuela, muchos de ellos hacia otros países de Sudamérica y Estados Unidos.

“Las condiciones actuales son tan malas que aún si el gobierno destinara todo su ingreso neto del petróleo… para alimentar a los más pobres de entre los pobres, habría aún una porción sustancial de la población cuyas necesidades calóricas no se saciarían”, indicó el análisis, preparado por Dany Bahar y Douglas Barrios.

Esa hambruna, sin duda, solo agravará el éxodo de migrantes hacia otros países en la región.  Pero aún los venezolanos que se quedan y pueden ingeniárselas para saciar sus niveles de subsistencia también enfrentarían inseguridad alimentaria, un acceso restringido a medicinas y tratamientos médicos,  además de represión política y una “rampante actividad criminal”, advirtió Brookings.

“Leves cambios en las condiciones que definen la situación económica en el país pueden afectar significativamente el número total de migrantes y refugiados”,  agregó el documento, que incorporó una herramienta interactiva con distintos datos económicos y escenarios de medidas paliativas.

El documento tomó como base las condiciones económicas actuales en Venezuela: una capacidad de producción petrolera colapsada; una caída en los precios del crudo, y un nivel de remesas de apenas $2,400 millones al año. El mes pasado, Venezuela produjo 1,17 millones de barriles de petróleo al día, y el precio medio fluctuó entre $53 y $55 por barril.

El informe fue divulgado en unos momentos en que, en comparación con 2014,  Venezuela ha afronta una contracción económica de más del 30%, el gobierno no puede pagar su deuda externa, y los controles de cambio y de precio han diezmado el sector productivo. Además, la hiperinflación ha reducido drásticamente el poder de compra de los venezolanos.

Aunque Naciones Unidas destinó recientemente $9,2 millones en fondos de emergencia para Venezuela, “nuestro modelo muestra que la catástrofe humanitaria que obliga a la gente a emigrar requiere ayuda a gran escala, probablemente por miles de millones de dólares”, dijeron los expertos.

Eso supone, sin embargo, que la ayuda exterior destinada a Venezuela se utilice para ayudar a la población y “no se pierda en una de las muchas tramas de corrupción desplegadas por el gobierno”, sentenció Brookings.

En declaraciones hoy a este diario, Bahar explicó la solución a la crisis es, sobre todo, una cuestión de fondos.

“Aunque pienso que el flujo de migrantes puede ser un estímulo a las economías de los países receptores a mediano y largo plazos, existe un problema ´inter-temporal´, especialmente en los pueblos fronterizos: la infraestructura está muy saturada”, observó Bahar.

Citó como ejemplo el caso de Cúcuta, ciudad colombiana en la frontera  oriental con Venezuela, donde ya no hay espacio para más niños en el sistema escolar.

“Por eso es importante proveer fondos, mediante subvenciones, para los gobiernos en la región, dependiendo del número de refugiados que están recibiendo, para que esas comunidades receptoras puedan expandir su infraestructura”, enfatizó el experto.

El pasado 4 de diciembre, Naciones Unidas dijo que ha solicitado $738 millones para 2019 para ayudar a Colombia y otros países vecinos a atender el continuo flujo de migrantes venezolanos por sus fronteras.