San Valentín: La lucha por los inmigrantes une a pareja del mismo sexo
Una es una inmigrante mexicana naturalizada estadounidense, y la otra, es DACA
Loyda y Laura, dos inmigrantes mexicanas se casaron en Malibú en el 2018. (Fotos cortesía Sergio Jiménez). Crédito: Sergio Jiménez | Sergio Jiménez
Loyda Alvarado y Laura Minero se conocieron y se enamoraron por Facebook. Su interés por la comunidad inmigrante las atrajo, pero el amor las unió. Se casaron en Malibú en 2018. Loyda, una exindocumentada convertida en ciudadana, ha solicitado la residencia de Laura, beneficiaria de DACA, la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia.
“Cuando amas a una persona que no tiene papeles, lo menos que puedes hacer es ayudarla a obtener la residencia”, dice Loyda.
Laura sabe que no será fácil obtener la residencia porque no tiene una entrada legal a Estados Unidos, y muy probablemente tenga que salir del país e ir a Ciudad Juárez a solicitar un perdón.
“Pude haber solicitado un permiso para viajar al exterior (Advance Parole), pero no quise tomar el riesgo porque había muchas personas que nos alertaban de que eso podía ser peligroso”, dice.
Aunque la posibilidad de tener que viajar a México le genera ansiedad, no tiene miedo. “Tengo muchas esperanzas y hay que seguir luchando”, confía.

Loyda vino de Michoacán, México cuando tenía 14 años en 1995. Laura emigró de Guadalajara, México a Estados Unidos cuando tenía 5 años, el mismo año que vino Loyda al país.
A Loyda le tomó 16 años conseguir la residencia estadounidense. El año pasado se hizo ciudadana. Trabaja como coordinadora de educación de la Administración de Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA) en Cal State Dominguez Hill.
Laura es candidata para un doctorado en psicología y consejería, y actualmente está haciendo una fellowship en Washington, D.C.
Un amor en las redes sociales
Se conocieron en septiembre de 2017 en la red social de Facebook.
“Hasta el día de hoy no hemos podido recordar quién agregó a quién como amigo”, dice Laura riendo.
Loyda trabajaba entonces en la Red Nacional de Jornaleros (NDLON) en Los Ángeles como organizadora. Laura vivía en el estado de Wisconsin y era muy activa en los asuntos de la comunidad inmigrante. Ambas veían con interés las publicaciones en Facebook que una y la otra hacía sobre su trabajo.
“Nos echábamos porras una a la otra”, dice Loyda.

Hasta que un día, Laura decidió mandarle un mensaje privado a Loyda para agradecerle sus comentarios de apoyo a su trabajo por los inmigrantes. “Empezamos a platicar y a conectarnos. Fue como si siempre nos hubiéramos conocido”, dice Laura.
Loyda dice que de inicio, el encuentro fue meramente amistoso, sin interés o expectativa amorosa alguna.
“Ambas pasábamos por un momento de transición en nuestras vidas. Yo había decidido dejar NDLON, y aunque necesitaba un descanso porque es un trabajo emocionalmente difícil, me costaba dejar a la comunidad”, cuenta Loyda.
Laura comenta que, en efecto, cuando comenzaron a platicar por mensajes privados de Facebook y luego se hablaron por FaceTime, la conexión entre ellas fue muy natural.
Así que la transición hacia lo sentimental también se dio de manera espontánea.
En las redes sociales, Laura no ocultaba su identidad sexual. “Yo soy muy pública, y me identifico como queer y una defensora”, precisa.

“No es que uno no quiera identificarse como gay, sino que queer es un término más amplio y más inclusivo que comprende a diferentes grupos de la comunidad LGBT“, puntualiza.
“Yo fui la que dije que estaba desarrollando sentimientos hacia ella”, dice Loyda. Laura le respondió que ella sentía lo mismo. “Yo pensaba que Laura era muy bonita”, dice Loyda.
Por su parte, Loyda confía que todo el día pensaba en Laura. “Me di cuenta que me estaba enamorando de ella”, expresa.
De la Internet a la realidad
Comenzaron una relación en línea, y se conocieron en persona en octubre de 2017 en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. Laura dice que ese día estaba convertida en un manojo de nervios, no sabía si las cosas iban a funcionar al verse las caras. “Cuando vi a Loyda me puse muy tímida. Los nervios me mataban. Quería mucho a Loyda, pero tenía miedo de que al verme en persona no existiera esa misma energía que sentíamos en una relación a distancia, y que ya no le fuera a interesar”, recuerda.
Pero al verse frente a frente, se abrazaron.

El 25 de marzo de 2018, en una ceremonia muy íntima sobre un acantilado en la playa de Malibú, se casaron. “Sabemos que hay personas homofóbicas que pueden tratarnos diferentes. Pero no tuvimos preocupación de ser aceptadas porque nuestras familias y amigos apoyaron nuestra unión”, dice Loyda.
Laura sostiene que ella nunca quiso casarse con nadie por obtener la residencia.
“La realidad es que Loyda y yo nos queremos muchos. Hemos vivido aquí por tantos años. Somos más de aquí que de allá. Yo llevo 23 años en Estados Unidos”, puntualiza Laura.
Agrega emocionada que no solo se aman, sino que tienen una comunidad que las apoya. “Me siento muy feliz porque tengo a Loyda, y esperamos que pueda obtener la residencia para no ser separadas”, dice,
Y también, precisa Laura, porque ella y Loyda quieren seguir luchando por los 11 millones de personas indocumentadas incluyendo muchos padres que no tienen esa oportunidad.
“Amar es un derecho humano, y los muros solo nos ponen barreras“, concluye.