El coronavirus golea y noquea a los deportes, que esta vez no pueden ser el escape ante una crisis

Desde la Segunda Guerra Mundial no había habido un alto similar a la actividad deportiva global
El coronavirus golea y noquea a los deportes, que esta vez no pueden ser el escape ante una crisis
Foto: Chung Sung-Jun / Getty Images

La cancha se ha quedado vacía y no sabemos por cuánto tiempo.

El impactante anuncio realizado la noche del miércoles por la NBA de que su temporada era suspendida de manera indefinida, significó el verdadero cambio de actitud del gran público respecto a la seriedad de la pandemia de coronavirus.

Obviamente ya se habían cancelado eventos importantes del mundo de los deportes y eventos masivos en general, pero cuando una liga global como la NBA da un paso así de fuerte, se produce una radiación que sirve para medir las dimensiones de la crisis.

El resto de los deportes de los Estados Unidos y el mundo tenían que seguir.

Este jueves amanecimos en uno de los días más tristes que se recuerden en el mundo de los deportes, porque literalmente éste ha enfermado y entrado en cuarentena.

Generaciones completas de aficionados no hemos vivido algo como esto, porque seguramente desde la Segunda Guerra Mundial (1939-45), con todos sus horrores, no había habido un alto a la actividad deportiva global como el que empezó a perfilarse en días recientes y que fue accionado de manera contundente el miércoles tras conocerse que Rudy Gobert, uno de los mejores basquetbolistas que hay, estaba contagiado de COVID-19.

La NBA ya preparaba algunas medidas preventivas drásticas, pero cuando surgió el positivo del estelar atleta francés del Utah Jazz, la decisión de suspender se hizo obligada. Como era de temerse, no tardó en aparecer otro jugador de su equipo contagiado con el coronavirus y es muy probable que algunos jugadores rivales del Jazz corran con la misma suerte.

Las otras grandes ligas profesionales estadounidenses han seguido el mismo sensato camino en busca de la prevención: primero la MLS, luego la NHL y poco más tarde las Ligas Mayores de Béisbol, cuyo inicio de la campaña 2020 se retrasará.

Menos mediática a nivel internacional pero sin duda más devastadora en el plano individual fue la decisión de la NCAA, que puso fin a todos sus torneos universitarios en progreso encabezados por el baloncesto, la famosa “Locura de Marzo”. Es una temporada que no tendrá campeones, una ilusión robada para miles de jóvenes atletas y estudiantes.

Todo esto combinado con la suspensión de los circuitos de tenis profesional y por supuesto algunas ligas europeas de fútbol, incluyendo la de España, con algunos partidos de la Champions League ya siendo cancelados en lo que es un preámbulo de una posible suspensión del torneo.

Las suspensiones anunciadas varían en duración, pero la realidad es que hoy no se puede saber cuánto durará la cuarentena y si concluirá a tiempo para que puedan realizarse en el verano los Juegos Olímpicos de Tokio o la Eurocopa de fútbol.

A través de las décadas, al menos desde la segunda mitad del siglo XX, siempre que hubo una crisis mundial los deportes estuvieron ahí para ayudar como escape, como distracción, incluso como terapia, como sanación, como un entrañable motor de emociones de las personas y los pueblos en tiempos de dolor.

Esta vez es distinto. El coronavirus está goleando, está apaleando, está noquendo.