El coronavirus no se va: Testimonios de jóvenes sobrevivientes de COVID-19 que sufren sus prolongadas secuelas

Para algunos enfermos, los síntomas van más allá de los peores días de enfermedad

El coronavirus no se va: Testimonios de jóvenes sobrevivientes de COVID-19 que sufren sus prolongadas secuelas
Todavía queda mucho por saber sobre el COVID-19.
Foto: AFP / Getty Images

Una enfermedad completamente nueva representa, por supuesto, muchos desafíos para la humanidad, desde comprender las vías de contagio y cómo protegerse, hasta desarrollar tratamientos farmacéuticos y vacunas. Pero quizá uno de los mayores retos sea conocer y enfrentar sus efectos secundarios, cuya duración sólo puede saberse conforme avancen los meses.

Algunos enfermos coinciden en que el coronavirus no se va del todo luego de varias semanas de haber cursado la enfermedad. Algunos jóvenes sobrevivientes de COVID-19 que sufren sus prolongadas secuelas rindieron sus testimonios para CNN, todos menores de 30 años de edad, y estos son algunos de ellos.

Dio positivo dos veces

Jordan Josey, un abogado de Georgia, le dijo a la publicación que el coronavirus colapsó parcialmente uno de sus pulmones a principios de abril, por lo que experimentó serias dificultades para respirar. El profesional de 29 años reportó fiebre de 103 grados Farenheit (39.4 grados centígrados) y dolores punzantes en el pecho.

Cuando se recuperó, donó su plasma para otros enfermos. Pero a finales de junio volvió a sentirse enfermo. Dio positivo de SARS-CoV-2 por segunda vez. Su médico le advirtió que podría pasarle una tercera vez.

“El coronavirus te quita la energía por completo. Siempre estás aturdido y cansado”, explicó el abogado a CNN. “Esto no es broma. Soy joven y saludable, y me hizo todo esto“, finalizó.

Tiene que usar un inhalador para hacer ejercicio

Morgan Swank es una escritora de televisión en Atlanta de 28 años. Antes de enfermarse en la Navidad pasada hacía ejercicio tres veces a la semana; ahora necesita un inhalador de albuterol (común en el tratamiento de asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica) cada dos minutos para revitalizar sus pulmones y terminar su entrenamiento. No es fumadora.

Tuvo fiebre durante tres semanas, perdió el olfato nueve días y se desmayó en un aeropuerto. “Me estoy muriendo”, le escribió a sus amigos. Desarrolló anticuerpos en abril pasado, pero la fuerte tos que sufrió durante un mes dañó sus pulmones, al punto que pierde el aliento durante una conversación.

“Si tengo otra infección respiratoria como la gripe y mis pulmones se dañan por eso, es posible que tenga que ser hospitalizada“, le compartió a la publicación.

Mi cuerpo estuvo en “guerra total”

Kevin García es un estudiante universitario de Queens. El 25 de marzo llamó a una ambulancia porque sintió “algo extraño” en su cuerpo. Durante dos semanas sufrió fatiga, problemas gastrointestinales y dolores corporales; sintió como si su cuerpo estuviera en una “guerra total”, le dijo a CNN. Tiene 24 años.

En el hospital vio cadáveres todos los días y escuchó ambulancias “probablemente 50 veces al día”. Ahora, tres meses después, subir las escaleras es todo un desafío para él, por lo que asegura que los síntomas posteriores a la enfermedad son reales y prolongados.

“Tenemos una enfermedad que no se conoce lo suficiente. Sobrevivimos y ahora tenemos síntomas que van y vienen. Espero que no sea crónico y que no me quede en cama. Tengo una larga vida por delante“, expresó a la publicación.