Las pupusas solidarias de una inmigrante en Tijuana
Yesenia Ardón, originaria de El Salvador, llegó a la frontera para quedarse y ayudar a los inmigrantes que esperan pacientes un día poder llegar a Estados Unidos
Yesenia Ardón, inmigrante salvadoreña viviendo en Tijuana. Crédito: Manuel Ocaño | Impremedia
La inmigrante salvadoreña Yesenia Ardón recuerda el día en que decidió instalar un puesto de pupusas en Tijuana para ayudar al albergue donde se refugiaba, porque escaseaban los recursos.
“Era un sábado y yo quería contribuir en algo, porque en el albergue a mí también me estaban ayudando”, platicó a La Opinión.
Llevó a la siguiente calle, más transitada, una mesa con un mantel y una hornilla de gas portátil con un comal de casi tres pies de diámetro y comenzó amasar y vender sus pupusas.

Dicen al principio sus clientes, casi todos mexicanos, le decían que se llamaban gorditas, y le pedían que en lugar de salsa de tomate, les diera salsa verde, o jalapeños.
A los pocos días, el administrador del albergue Juventud 2000, José María García Lara, mandó pintar en el lugar un rótulo que decía “Pupusería la Bendición de Dios”, un nombre que había elegido Yesenia.
La clientela comenzaba a aumentar, pero al poco tiempo a la región llegó la pandemia, y Yesenia, o “Yes”, como la conocen en el albergue, tuvo que replegarse pero sin cerrar las ventas.
Abrió un espacio, contiguo al refugio, donde prepara las pupusas a metros de distancia del paso de la gente y vende solo para llevar. Las pupusas han tenido tal alcance de boca en boca que ahora desde ese mismo lugar, atiende a clientes de ambos lados de la frontera.
“De aquí, en Tijuana vienen centroamericanos, no solo salvadoreños, vienen también clientes mexicanos; y del otro lado (de la frontera), llegan desde Los Ángeles y San Diego, a veces compran y se llevan para la familia”, platicó Yes.
Diaro vende por lo menos 50 pupusas en un turno de 6 de la tarde a las 10 de la noche diario, excepto los jueves.

La señora Natalia Figueroa, de Tijuana, llegó a pedir diez pupusas variadas para llevar. “Me gustan mucho todas, más las de camarón con queso, pero como no siempre puedo venir, me llevo de una vez algunas para que rindan unos días”, comentó.
Yes ha modificado con el tiempo su menú, se adecuó al gusto de los clientes. A muchos mexicanos les gustan las pupusas de jalapeños con queso, o de camarones con queso; a muchos centroamericanos las revueltas y las de chicarrón.
En medio quedan las de ayote (flor de calabaza) y las pupusas “lokas”, que incluyen un poco de todos los ingredientes.

A sus clientes da a elegir si quieren salsa tradicional salvadoreña de tomate, o una salsa verde líquida poco picosa, pero igual sirve para bañar las pupusas.
García Lara platicó que desde que Yes inició su proyecto, el albergue la respaldó porque además de que proporciona algunos recursos para el refugio, “ayuda mucho a nuestros migrantes, inclusive como una forma de terapia ocupacional y de entrenamiento cuando se sienten mal”.
En La Pupusería de la zona norte de Tijuana han trabajado temporalmente migrantes de Nicaragua, Honduras, México, Venezuela, Haití, Guatemala y El Salvador.
“Por ayudarme, aquí les pago un poco y aprenden a hacer las pupusas, para que, luego, si quieren, puedan poner sus propios puestos”, comentó Yes. Una persona le dio referencias de que por lo menos una persona que aprendió a hacer pupusas con ella, abrió un negocio en California.
Durante décadas, el gobierno federal mexicano otorgó un presupuesto de cerca de 350 millones de pesos (unos 17 millones de dólares) anuales para los cientos de albergues en todo el país, pero la actual administración cortó toda la ayuda.
En Baja California, además, el gobierno estatal terminó un subsidio de agua potable a los albergues, prácticamente la única forma en que les ayudaba.
Encima, la pandemia casi anuló los esfuerzos de organizaciones civiles que necesitaban cruzar la frontera para donar alimentos y artículos.
“En ese contexto, Yes abrió la pupusería en un momento crítico del que todavía no nos hemos repuesto, pero, mira, tuvo razón, ha sido éxito en muchos sentidos”, dijo García Lara.
Yes, por su parte, piensa que “cuando ayudas a otros, de alguna forma la ayuda llega”.
Platicó a La Opinión que su intención nunca fue llegar a Estados Unidos, sino solo a Tijuana; ahora piensa quedarse a vivir aquí.
“De aquí puedo ayudar a la gente, tengo mi clientela, y ya comencé a tramitar mi residencia en México a través de la Comar”, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados de Acnur, de la ONU.
Estoy a gusto con lo que hago, dijo, mientras amasaba sobre el comal más pupusas.