De niño migrante a maestro tostador e importador de café por el mundo

Logra escapar de un destino que parecía empujarlo al narcotráfico y al entrar a la industria del café, alcanza sus sueños

Rafael Aguiar Batiz, maestro tostador de café. (Araceli Martínez/La Opinión)

Rafael Aguiar Batiz, maestro tostador de café. (Araceli Martínez/La Opinión) Crédito: Impremedia

Si Rafael Aguiar Bátiz no hubiera emigrado de Sinaloa a Estados Unidos a los 15 años, piensa que habría caído en el narcotráfico. Pero emigrar hizo toda la diferencia en su vida y hoy es un orgulloso maestro tostador y comprador de café por el mundo.

Si no hubiera venido a este país, habría terminado en el narcotráfico porque las familias de mis compañeros de escuela en realidad estaban en eso. Todo apuntaba a que yo iba ir hacia allá, y yo no quería acabar de esa forma. Así que me vine a Pasadena donde tenía un hermano. A la semana de haber llegado, ya tenía dos trabajos”.

Como todos los inmigrantes, venía decidido a trabajar para ayudar a su familia en México.

“Quería hacer un poco de dinero y regresar, pero pasa el tiempo y te vas relacionando más y se te hace imposible regresar”.

Muy pronto comenzó a buscar empleo en un restaurante para sacarle provecho a sus conocimientos culinarios que había aprendido de su mamá, quien – dice – tenía muy buen sazón.

“Encontré trabajo en el restaurante ejecutivo del LA Times y trabajé ahí por 7 años. Llegué a ser asistente de chef, pero como el trabajo aunque apasionante era muy estresante, empecé a buscar donde ofrecer mis servicios en control de calidad en comida y bebidas”.

Rafael Aguiar Bátiz, un inmigrante de Mazatlán, México, agradecido con las oportunidades que le ha dado EE UU. (Araceli Martínez/La Opinión)

Así fue como llegó a Jones Coffee en Pasadena para hacerse cargo del control de calidad. “En cuanto entré, el café me apasionó mucho”.

Explica que el trabajo de control de calidad implica encargarse de comprar precisamente un café de buena calidad. “Los encargados del control de calidad vamos a países productores en busca de un café único que sea menos comercial y tenga un poco más de atributos”.

Pero parte fundamental de su trabajo es identificar defectos. “Eso es muy importante en la industria del café porque muchas veces, algunas compañías cuando van a importar por ahorrarse dinero, lo transportan con otros productos como pescado y hasta gasolina. Y el café absorbe lo que lo rodea y todo esos olores y sabores llegan hasta la taza”.

Cuando uno es un catador de café, lo pruebas y sientes los defectos. “A veces lo que muchos hacen para matar los olores y sabes, es tostar el café muy oscuro”.

¿Cuál ha sido la clave para destacar en el café?

“Los valores familiares. El tratar de no defraudar a los padres y el amor a la madre te llevan por un buen camino. Yo dejé Sinaloa porque no quería causarles algún dolor al meterme al narco. Desafortunadamente mi mamá murió de Covid en mayo de 2020 a los 59 años. A mi papá lo perdí hace 10 años por un cáncer. Fue un hombre muy trabajador que se preocupó siempre por ser un buen proveedor de su familia antes que pensar en él”. 

Y dice que la clave para que a cualquier inmigrante le vaya bien, es no tener miedo a arriesgarse a buscar otros caminos y alternativas. “Yo estaba muy cómodo en el trabajo del restaurante a pesar de que era muy matado, pero no me veía haciendo eso toda la vida”.

Rafael Aguiar Bátiz muestra la máquina para tostar el café. (Araceli Martínez/La Opinión)

En la actualidad, es maestro tostador y comprador de café. “Ya llevo 22 años en esta compañía. Yo creo que me gané esta posición con años de trabajo duro y por la pasión y el empeño, pero además día a día le pongo el extra”.

Él es de las personas que si la compañía para la que trabaja le dice que necesitan un payaso, empieza a buscar cómo prepararse para ser el mejor. “No importa el trabajo que desempeñes, si te dan la oportunidad de avanzar, no hay que tener miedo”.

Así ocurrió cuando años atrás le dijeron que necesitaban un barista. “Me comencé a preparar al punto que participé en una competencia nacional de baristas de la Asociación Mundial de Café. No me importó que se pudieran burlar de mi acento porque en ese momento no hablaba bien inglés, pero con toda la convicción y sin miedo, me lancé a competir”.

Y su sueño de ser el importador a cargo de comprar el café verde, se le hizo. “Siempre he tenido la inquietud de ayudar a la gente que se queda atrás. Por eso mandaba dinero a mis padres. De alguna forma tenemos que tratar de no olvidarnos de dónde venimos y ayudar a quienes se quedan en nuestros países”.

Como comprador del café verde, ha viajado a México, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Colombia y espera ir a Brasil y en un futuro cercano a África.

“Cuando vas a las plantaciones, miras qué tan saludable está la planta, el trato a los empleados y a los cortadores porque el café absorbe todo lo que lo rodea. Si hay opresión y un trato injusto llega hasta la taza”.

Explica que escoge las fincas donde comprar el café basado en el respeto que tenga por el ecosistema y por su compromiso social. “Escogemos gente que tenga un compromiso con la calidad del café en términos del medio ambiente y con sus trabajadores. El café que no es de calidad es de gente que no tiene esa conciencia de no abusar del medio ambiente y los empleados”.

Rafael Aguiar Bátiz muestra los granos de café verde antes de tostar. (Araceli Martínez/La Opinión)

Aguiar Bátiz dice que ser maestro tostador y comprador de café verde es el trabajo de sus sueños.

“Tengo la posibilidad de crear. Yo decido las mezclas. Diseño el menú”. 

Pero además da capacitación a los baristas. “Tengo una certificación equivalente a sommelier de café que me avala a nivel mundial. Soy el sello de la compañía en términos de sabor y calidad”. 

Uno de sus deseos es conocer muchos más países para encontrar los cafés únicos que se producen en el mundo.

Estoy muy agradecido con la vida porque de ser un niño que pudo caer en las garras del narcotráfico, logré revertir ese destino y gracias al café, he podido trabajar en muchos países”.

Y a través de sus viajes, se ha dado cuenta de la calidad del hispano. “Somos gente buena, trabajadora, agradecida y ponemos a la familia por delante. Cuando viajo por el mundo a comprar café, represento a México de la mejor forma porque quiero dejar una buena imagen de la gente mexicana. Al final, todos somos hermanos latinoamericanos y debemos ayudarnos”.

Rafael Aguiar Bátiz dice que el mundo del café está lleno de oportunidades. (Araceli Martínez/La Opinión)

¿Cómo hacernos un buen café en casa?

“Para disfrutar de las cosas buenas, tienes que esforzarte. Si haces un café soluble, como todo lo procesado, tarde o temprano te va a pasar la factura. Para un buen café, asegúrate de comprarlo a una empresa que lo tueste localmente. Y trata de comprarlo lo más fresco posible y en cantidad pequeña. El café es como un pan fresco que tienes que tratarlo con mucho cuidado. No lo vas a meter al refrigerador porque cambia su estructura en términos de sabor”.

Para alargar el sabor, recomienda si compras una cantidad grande, dividirlo en porciones pequeñas y meterlo al congelador. “O si no, mantenlo en una bolsa sellada a temperatura ambiente que no le entre el oxígeno. Compra granos enteros y si puedes comprate un molino para molerlos”.

Aguiar Bátiz invitó a los jóvenes a interesarse por la industria del café ya que dice hay demasiadas oportunidades. “Cuando entras a la industria del café, no hay nada que te detenga, solo tú mismo. Puedes viajar por el mundo buscando café, dar capacitaciones en EE UU a los baristas, trabajar en el diseño gráfico en la industria del café, hay directores de arte para las cafeterías y hay trabajo para todo el que tenga ganas”.

Él se siente dichoso de trabajar en el negocio del café. “Me ha dado muchas satisfacciones. Es muy bien pagado. Estoy muy agradecido con la vida. El café es muy agradecido con quien lo trabaja desde el productor hasta el barista”.

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